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El Salvador venció

Nuevas batallas se avecinan, nuevas pruebas tendrá que sortear el pueblo y su gobierno, tiempos de cambio se vislumbran, la contradicción entre revolución y contrarrevolución se agudizará aun más, pero los hijos de Farabundo Martí y Arnulfo Romero son hijos también de Sandino, de Morazán, de Bolívar y el Che, por lo tanto los salvadoreños y salvadoreñas podrán contar con el apoyo de sus hermanos y hermanas latinoamericanos caribeños

Redacción Central |

Nuevas batallas se avecinan, nuevas pruebas tendrá que sortear el pueblo y su gobierno, tiempos de cambio se vislumbran, la contradicción entre revolución y contrarrevolución se agudizará aun más, pero los hijos de Farabundo Martí y Arnulfo Romero son hijos también de Sandino, de Morazán, de Bolívar y el Che, por lo tanto los salvadoreños y salvadoreñas podrán contar con el apoyo de sus hermanos y hermanas latinoamericanos caribeños

«El Salvador será un lindo / y sin (exagerar) serio país / cuando la clase obrera y el campesinado / lo fertilicen lo peinen lo talqueen / le curen la goma histórica / lo adecenten lo reconstituyan / y lo echen andar», decía Roque Dalton en su poema «El Salvador será…».

El Salvador es el país más pequeño de Centroamérica. Con sólo 21,040 km² contiene una población de 5.800.000 habitantes, calculándose en  3.300.000 los que viven en el exterior, de éstos un poco más del 70 por ciento en Estados Unidos. En su capital, San Salvador, incluyendo el área metropolitana, viven un poco más de un millón y medio de personas. Otras ciudades importantes son Santa Tecla, San Miguel y Santa Ana. El país se divide administrativamente en 14 departamentos y 262 municipios, de los cuales el FMLN controla 104.

Pese a ser el país más pequeño de la región es el que mayor Producto Bruto Interno tiene, en el 2006 se calculaba en 18.600 millones de dólares, de los cuales casi 3.700 se ubican en el rubro remesas.  

La Deuda Externa del país, ascendía en el año 2007 a 9.831 millones de dólares, más del 50% del Producto Bruto Interno y se calcula también en el 50% la población que vive en la pobreza, con un 20% en la indigencia. Estas dramáticas cifras se traducen, por ejemplo, en el déficit de vivienda, que para el año 2007 era de 545.000 unidades, afectando al 40% de la población. La concentración de la riqueza en cada vez menos manos es un dato a considerar.

Ese es el país que tendrá que gobernar Mauricio Funes y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional tras el triunfo electoral del domingo último.

La República de El Salvador surgió de la Independencia de España, el 15 de septiembre de 1821. Del 5 enero de 1822 a marzo de 1823, El Salvador y las otras cuatro repúblicas de Centroamérica (Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica) se anexaron al imperio de Agustín Iturbide, en México, hasta el derrumbe de éste el 19 de marzo de 1822, tras lo cual surgieron las Provincias Unidas de Centroamérica. En 1824 se aprobó la Constitución Política de la República Federal de Centroamérica, que dejó de existir en 1838, al romperse el pacto Federal. Desde ese año, El Salvador existe como República independiente, separada de las otras repúblicas centroamericanas.

Los primeros años de vida «independiente» de El Salvador se caracterizó por mantener una economía de condiciones precapitalistas, una producción doméstica para el consumo interno con un solo producto de exportación: el  añil. En 1856, en Europa, se inventó el primer colorante sintético que sustituyó al añil, por lo tanto ese producto dejó de tener importancia comercial. La economía salvadoreña pasó a depender de la producción de café, impulsada desde el gobierno, quien daba extraordinarias facilidades a los productores cafetaleros. Como señala el sociólogo César Sensión  Villalona: «Para desarrollar el café, se despojó a los pequeños propietarios del campo y se concentró la tierra en manos de un grupo reducido de empresarios que conformarían la oligarquía cafetalera, la cual empezó a ejercer el dominio sobre el país». Nacía así una poderosa oligarquía salvadoreña, ligada a la agro-exportación, que respondía a la división internacional del trabajo impuesta por las metrópolis capitalistas.

Este modelo agro-exportador se extenderá, con crisis periódicas, -que incluyen dictaduras y levantamientos populares-, hasta finales de la década del ’80. A partir de allí, y a través del llamado «Plan de Ajuste Estructural», los gobiernos de ARENA, bajo el discurso de crear un modelo económico basado en las exportaciones de productos no tradicionales, han implementado un sistema cada vez más dependiente, aumentando las importaciones, instalando una seudo industrialización de bienes de consumo sostenida en las maquilas, arruinando más aún al campo a partir de la firma del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos,  exportando mano de obra barata a ese mismo país, privatizando todo aquello que estaba en manos del Estado y concentrando el capital cada vez más en una reducida burguesía vinculada al capital bancario, comercial y de servicios.    

Desde sus orígenes, la economía salvadoreña ha estado controlada por un puñado de familias prominentes. Esas mismas familias, siempre asociadas al capital extranjero, siguen instaladas como clase dominante, si bien en el curso de la historia han cambiado sus principales actividades económicas de acuerdo a las situaciones concretas. Afirma César Sensión Villalona: «Hoy se agrupan en torno a ocho grupos económicos, que poseen todo tipo de empresas, sobre todo en el comercio y los servicios. Aunque siguen siendo familias cafetaleras, ese no es su principal negocio, sino el comercio, sobre todo el comercio importador. También mantienen el control de algunas industrias monopólicas (de harina de trigo, de calzados y otras)».

Las clases dominantes salvadoreñas son más fuerte hoy que durante la guerra y muchos de sus integrantes pertenecen a la dirección del partido ARENA. El caso más emblemático tal vez sea el del ex presidente Alfredo Cristiani, quien es propietario y uno de los mayores accionistas del Grupo Cuscatlán, formado por 44 grandes empresas. Otra familia que tiene una presencia importante en el Grupo Cuscatlán es la de apellido Llach (a esta familia pertenece Margarita Llach, esposa de Alfredo Cristiani). También están vinculadas las familias Baldochi Dueñas, Kriete, Murray Meza, Meza, De Sola, Salaverría y Hill.  

De las empresas que forman el Grupo Cuscatlán y están directamente vinculadas con la familia Cristiani, las más importantes son: Inversiones Financieras Cuscatlán; Grupo Financiero Cuscatlán;  Banco Cuscatlán; Valores Cuscatlán; Corfinge; Factoraje Cuscatlán; Sisa; Sisa Vida; AIG Unión y Desarrollo y AIG Seguros de Personas; Confía; Cristiani Burkard; Difersa, distribuidora de fertilizantes; Universa y Serte importadora de fertilizantes; Droguería Santa Lucía, productora e importadora de medicamentos; Montebro, dedicada a actividades agrícolas, caza y pesca; Cristiani Closa y Cía., empresa de Industria y Comercio propietaria del Hotel Tesoro Beach en la playa Costa del Sol; Sistemas C&C, importadora de equipos de computación; Hemisferios S.A. de C.V., que ofrece servicios de arquitectura; Radex S.A. de CV, dedicada al cultivo y comercialización de flores; Plásticos Salvadoreños, producción y comercialización de plásticos; Unión de Exportadores y Llach S.A. de CV, empresa exportadora de café; Parcelaciones Desarrollo S.A. empresa de parcelamientos de terrenos; Consejo S.A. de CV, negocio de compra y vende terrenos; Parque Jardín Las Rosas de El Salvador, cementerio ubicado en Santa Elena; Omnisport, venta de aparatos eléctricos y artículos deportivos; Textufil, industria de hilos y tejidos; Imacasa, fabricación de instrumentos agrícolas, como machetes, palas y más; Aguacorporación, empresa dedica a la actividad agropecuaria y a la exportación de pescado, etcétera.

Este partido, ARENA, al que pertenecen las familias del núcleo cerrado de las clases dominantes de El Salvador, fue creado por el genocida Roberto D Aubuisson, quien en la década de los 80 fue el artífice de los Escuadrones de la Muerte, organizados y financiados por esa misma oligarquía y responsable del asesinato de más de 70 mil salvadoreños (entre ellos Monseñor Oscar Arnulfo Romero). Hoy, ARENA, es el principal partido de oposición al gobierno de Mauricio Funes y el FMLN, una oposición que poco o nada tienen que ver con la democracia y que fácilmente pude ser calificada como de oposición fascista.

Con una burguesía concentrada en un minúsculo grupo de empresarios asociados al capital imperialista, un pueblo empobrecido tras décadas de explotación y represión, un campo en plena crisis a consecuencia del TLC firmado con Estados Unidos, una deuda externa colosal en relación al producto bruto interno y un Estado raquítico a causa del proceso de privatizaciones llevados a cabo por los gobiernos anteriores, el desafío actual es inmenso.

Pero El Salvador cuenta con un factor decisivo a la hora de asumir este compromiso, y es la capacidad de lucha y constancia de su pueblo. Desde la insurrección de 1932, en que cayó fusilado por la dictadura oligárquica e imperialista el gran revolucionario Agustín Farabundo Martí, pasando por la guerra popular conducida por el FMLN en la década del ‘80, los Acuerdos de Paz y la construcción de la fuerza política impulsada, entre otros, por el recordado dirigente Jorge Schafik Handal, los salvadoreños y salvadoreñas han mostrado el mundo entero su inmensa voluntad de sacrificio y conciencia revolucionaria. La paciencia, la constancia y el trabajo, como decía Simón Bolívar,  han premiado al heroico pueblo con el triunfo del domingo pasado.

Nuevas batallas se avecinan, nuevas pruebas tendrá que sortear el pueblo y su gobierno, tiempos de cambio se vislumbran, la contradicción entre revolución y contrarrevolución se agudizará aun más, pero los hijos de Farabundo Martí y Arnulfo Romero son hijos también de Sandino, de Morazán, de Bolívar y el Che, por lo tanto los salvadoreños y salvadoreñas podrán contar con el apoyo de sus hermanos y hermanas latinoamericanos caribeños. El triunfo de las fuerzas populares en El Salvador es un avance más de los pueblos de Nuestra América, que en la última década se han decidido a avanzar en el camino de la unidad latinoamericana y la liberación nacional.

Por primera vez en El Salvador, gobernará el pueblo, y en su sabiduría depositamos las más firmes esperanzas, porque como decía Arnulfo Romero: «Jóvenes y pobres van a reconstruir nuestra Patria, confiemos de verdad que así ha de ser si nos disponemos como pueblo pobre y como pueblo joven que lo es en su inmensa mayoría, a que la resurrección del Señor encuentre en esos dos grandes signos de El Salvador, pobres y jóvenes, los elementos capaces de reconstruir. No desesperemos, porque si ésta es la esperanza de América Latina, en El Salvador hay mucha esperanza porque hay muchos pobres y muchos jóvenes…».

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