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Caos en entrega de ayuda a damnificados en Perú

"No tenemos carpas, ni iluminación. Estamos como en las cavernas, haciendo fogatas" manifesto un damnificado

Terremoto en Perú
Rescatistas caminan entre los escombros de un hotel destruido por un terremoto, en Pisco, Perú, 17 de agosto del 2007. Equipos de rescate buscaban el viernes más víctimas de un terremoto que sacudió hace dos días Perú y provocó la muerte de unas 500 personas, mientras que un sismo de magnitud preliminar 6,0 remeció nuevamente el país. La costa central de Perú fue afectada el miércoles por un poderoso terremoto de magnitud 8,0, que provocó el derrumbe de miles de viviendas, principalmente de pobladores pobres, que los obligó a dormir en las calles. | Reuters

Redacción Central |

«No tenemos carpas, ni iluminación. Estamos como en las cavernas, haciendo fogatas» manifesto un damnificado

Miles de desesperados peruanos pugnaban el viernes por alimentos, agua y hasta un lugar donde enterrar a sus muertos tras un terremoto que sacudió hace dos días al país, donde las brigadas de rescate continuaban buscando más víctimas entre los escombros.

El caos se apoderó de la localidad de Pisco, la más afectada por el sismo de magnitud 8,0, cuando decenas de personas impacientes por el desorden en la distribución de ayuda saquearon tiendas, una farmacia y una panadería, mientras un reducido grupo de policías trataba de mantener el control.

«No tenemos carpas, ni iluminación. Estamos como en las cavernas, haciendo fogatas,» dijo a Reuters Diego Molina, de 35 años, mientras esperaba recibir alimentos enlatados.

El presidente Alan García pidió calma a la población y reconoció que había problemas en el reparto de la ayuda que llegaba de todas partes del mundo.

«Nadie va a morir de sed y nadie va a morir de hambre, eso puedo garantizarlo,» dijo García durante su visita a Pisco.

«Todavía no quiero utilizar la fuerza con toda energía porque comprendo la situación,» afirmó el mandatario horas más tarde al referirse a los saqueos.

Según las autoridades, los muertos sumaban unas 453 personas y los heridos 1.042, mientras las viviendas destruídas alcanzaban a 16.800 en el país, tras el sismo que obligó a algunos pobladores a dormir en las calles.

Un helicóptero con ayuda humanitaria para los damnificados aterrizó de emergencia sobre un almacén en Ica, otra de las ciudades del sur peruano golpeada por el terremoto, pero no hubo heridos, aunque la nave quedó en mal estado.

PUGNA POR NICHOS

En tanto, en el cementerio de la ciudad decenas de personas peleaban por los escasos espacios libres que quedaban en el lugar y otros cavaban en los jardines para enterrar a sus muertos.

El viernes un nuevo sismo de magnitud 5,9 remeció nuevamente el país y causó pánico entre los pobladores de Pisco. Dos días después del terremoto, cientos de réplicas de menor intensidad han causado temor en las localidades más afectadas.

Pisco, un pueblo de 120.000 habitantes y que tenía gran parte de sus casas hechas de adobe, tiene en la pesca una de sus principales actividades. Además es famoso por el licor de uva que lleva su nombre.

El presidente García, de visita en las zonas afectadas por el terremoto, presentó sus condolencias a las familias de las víctimas y dijo que aún no podía hacer un cálculo de los daños económicos que el movimiento telúrico había dejado.

El sismo también afectó a uno de los mayores santuarios naturales del país, que alberga lobos marinos y aves. La reserva de Paracas sufrió serios daños y fue cerrada a los turistas temporalmente luego del derrumbe de parte de sus costas, lo que provocó la huída de varias especies de la zona.

El sismo del miércoles fue uno de los peores desastres naturales que han afectado al país sudamericano durante el último siglo.

En el centro de la capital, la bandera peruana flameaba a media asta debido a que García declaró hasta el sábado un duelo nacional.

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