Economía

El empoderamiento de la mujer más allá de los números

Los países deben establecer un marco legislativo y políticas educativas y de concienciación que respalden la realización de los derechos de las mujeres y transformen las consecuencias de años de tradición patriarcal

Mujeres
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Ana Patricia García |

A 20 años de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing, el empoderamiento de las mujeres y las niñas continúa mostrando avances insuficientes en la mayoría de las naciones del mundo, alertó ONU Mujeres, organización de Naciones Unidas dedicada a promover la igualdad de género.

En este sentido, la entidad difundió en días recientes un informe en el que analiza el progreso de las féminas de cara a la etapa 2015-2016, en cual hace énfasis en la necesidad de transformar las economías para otorgar espacios de realización a sus derechos.

Lo cierto es que la situación actual, donde alcanzan niveles alarmantes los conflictos armados, las crisis económicas, la inseguridad alimentaria, los desastres naturales, los efectos del cambio climático, la privatización de los servicios públicos, así como el papel preponderante de los intereses empresariales frente a otros de mayor proyección social, profundiza las desigualdades y la vulnerabilidad de la población femenina.

Ante este panorama se hace imprescindible que los países establezcan un marco legislativo capaz de respaldar la realización de los derechos humanos de las mujeres, conjuntamente con el desarrollo de políticas educativas y de concienciación que contribuyan a revertir las consecuencias de años de tradición patriarcal, que desvalorizan a la mujer en casi todos los órdenes de la vida social, política y económica.

En este sentido se vuelve fundamental el acceso equitativo de las féminas a la atención médica, a la educación, a empleos decentes y seguros, a la igualdad salarial, la seguridad social, a espacios participativos y de liderazgo, entre otros factores que posibilitan el aprovechamiento de sus aptitudes y capacidades en beneficio del progreso de sus entornos más inmediatos, como la familia, y también de las sociedades en las que están insertas.

Sin embargo, en la práctica persisten las desigualdades de género en distintos ámbitos de la sociedad, especialmente en el sector económico, dado que a escala mundial, “tres de cada cuatro hombres en edad de trabajar forman parte de la población activa, frente al 50 por ciento en el caso de las mujeres en edad de trabajar”, según el informe presentado por ONU Mujeres.

También llama la atención que entre la población ocupada, las mujeres representan aproximadamente dos tercios del total de trabajadores que laboran en negocios familiares sin percibir remuneración directa por ello.

Estas jornadas de trabajo se añaden a las domésticas, dado el lugar que se le ha otorgado por años de construcciones sociales como cuidadora de la familia, sobre todo de los niños y los adultos mayores. Ello provoca que sus horas laborables se multipliquen con respecto a las de los hombres.

Otro punto que agudiza la brecha de equidad tiene que ver con que muchas de las que logran insertarse en el mercado laboral perciben un salario diferente por un trabajo de igual valor con respecto a la población masculina.

“Mundialmente, los salarios de las mujeres son 24 por ciento inferiores a los de los hombres, e incluso en países como Alemania -donde las políticas son cada vez más favorables al empleo femenino- las mujeres obtienen en promedio a lo largo de su vida un ingreso equivalente a la mitad del que perciben los hombres”, indica la organización de Naciones Unidas.

Ante esta realidad la instancia internacional recomienda la actuación pública desde esferas de influencia interrelacionadas, que influyan a distintos niveles en la corrección de la desventaja socioeconómica de las mujeres; la lucha contra los estereotipos, el estigma y la violencia; y el fortalecimiento del poder de acción, la voz y la participación de las mujeres.

Al mismo tiempo advierte tomar distancia de los promedios y las cifras que indiquen paridad numérica en cuanto al disfrute de los distintos derechos, pues ello no es reflejo de que el acceso a la educación, el empleo o la protección social, se haga a partir del respeto a la igualdad.

En tanto, aunque el escenario no es del todo halagüeño deben destacarse los progresos hechos desde la Conferencia de Beijing en relación con el aumento del número de niñas escolarizadas, de mujeres cuyo trabajo les es remunerado y de las que son elegidas para asumir responsabilidades públicas y funciones de liderazgo.

Además en el transcurso de estos años se logró también que la lucha contra la violencia hacia las mujeres y niñas alcance un lugar en la agenda pública de los países y no siguiera siendo componente del espacio privado en las distintas sociedades.

Teniendo en cuenta estos avances es evidente que se puede transformar de manera sustantiva la proyección de las instituciones políticas, económicas y sociales en favor de iniciativas más igualitarias con respecto al tema de género.

Esta influencia debe cubrir, a su vez, todo el espectro de creencias y normas que rigen el comportamiento de las sociedades, desde los espacios privados como el hogar hasta los espacios públicos como los centros laborales y las instituciones de cada país.

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