Economía

Guerra de divisas a la vista

Diversos bancos centrales comienzan a mover sus hilos a fin de incrementar la competitividad del sector exportador

Guerra de divisas
Guerra de divisas |

Noah A. Martínez |

El deterioro de la economía global atiza las presiones para que muchos países opten por devaluar sus respectivas monedas, como una variante a corto y mediano plazo dirigida a frenar el estancamiento, priorizar el crecimiento y la creación de empleos.

De hecho, la fragilidad de la economía mundial acrecienta esa tentación, mientras diversos bancos centrales comienzan a mover sus hilos a fin de incrementar la competitividad del sector exportador.

Contrario al pasado, cuando tener una divisa fuerte era positivo y reflejaba la fortaleza de un Estado, en la actualidad muchas naciones prefieren tener una divisa débil y así poder aumentar sus exportaciones para activar el crecimiento, aunque ello provoca una política de empobrecimiento hacia los países vecinos.

De momento, las potencias exportadoras comienzan a dar muestras de agotamiento, lo cual hace temer una nueva y prolongada guerra de divisas -también conocida como devaluación competitiva-, donde las naciones rivalizan entre ellas para alcanzar un tipo de cambio relativamente bajo para su propia moneda.

De esa manera, cuando el precio para comprar determinada divisa disminuye, también retrocede la cotización de las exportaciones del país en cuestión, mientras las importaciones se vuelven más caras y como consecuencia la industria doméstica y el empleo reciben cierto impulso.

Sin embargo, ese aumento de las importaciones puede afectar el poder adquisitivo de los ciudadanos a lo interno y desencadenar represalias económicas por parte de otros países, lo que podría conducir a un declive general en el comercio internacional.

Si bien cuando la economía mundial se atasca y cada potencia opta por aumentar el gasto, recortar los impuestos y reducir las tasas de interés, la economía a dicha escala se beneficia relativamente del aumento de la demanda, al menos esa es la historia de 2009, según expertos.

El problema esta cuando cada país intenta depreciar su moneda, pues se tiende a desplazar la demanda de un lugar a otro en lugar de elevar el total.

Los riesgos son muchos, pero ya Japón logró depreciar su moneda y el yen se encuentra en un mínimo de seis años frente al dólar, situación hasta hace poco tolerada por Estados Unidos y Europa, que ha decidido entrar con fuerza al campo de batalla.

La fortaleza del euro ha supuesto un problema para la Eurozona, frente a lo cual el Banco Central Europeo (BCE) anunció recientemente la intención de ampliar su balance en un billón de euros a través de nuevos préstamos y compras de valores, al tiempo que reveló nuevas medidas para estimular la economía.

Con una devaluación que promedia en las últimas semanas un 10 por ciento frente al dólar, el bloque comunitario busca con un euro más débil elevar la inflación desde su mínimo de sólo el 0,3 por ciento, muy lejos del dos por ciento establecido como objetivo por el BCE.

En un informe sobre las Perspectivas de la Economía Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó que ese indicador en la zona euro se mantendrá por lo menos hasta 2019 por debajo de la meta deseada por el ente emisor europeo.

Para el FMI, pese a la política monetaria flexible del BCE, la presión inflacionaria en el bloque se mantendrá muy contenida.

No obstante, la ofensiva del BCE, que incluye reducción del tipo de interés y de la tasa de depósito, así como la compra de activos privados a los bancos, llega en un momento que puede resultar propicio para sus intereses.

Y es que la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) reduce sus propias compras de bonos y prepara a los mercados desde hace un tiempo ya para una posible subida de las tasas de interés a corto plazo a mediados de 2015.

El riesgo para el BCE radica en que, mientras la FED endurece su política monetaria, sea capaz de mostrar un balance lo suficientemente expansivo en términos de equilibrio económico a nivel de bloque.

Habría que ver si Francia e Italia, por ejemplo, llevarán a cabo reformas estructurales necesarias para favorecer el potencial de crecimiento, pues de seguir estancados la Eurozona lejos de atenuar sus problemas los incrementaría.

De ahí que el presidente del BCE, Mario Draghi, asumiera una postura cautelosa en medio de su ofensiva al insistir en que la política monetaria no bastará por sí sola para reactivar el crecimiento en Europa.

Draghi dejó claro que el BCE construye un puente monetario hacia un mayor crecimiento e inflación, pero es a los políticos de la Eurozona a los que les corresponde cruzarlo.

Así, Europa aborda sus impedimentos estructurales para el crecimiento económico, a la par que baja impuestos, aumenta el gasto público e impulsa una política monetaria más expansiva, a fin de inyectar más dinero en la economía, reavivar la inflación y empujar a los inversores al sector privado, a los préstamos, bonos y acciones.

Ante ese escenario, algunos ministros de Hacienda comienzan a hablar de una guerra global de divisas, en referencia a una serie de devaluaciones que buscan un crecimiento económico a corto plazo a expensas de las demás naciones.

En ese sentido, Draghi elogió la depreciación del euro, mientras el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, se expresó en términos similares en torno a la caída del yen. Corea del Sur y China mantienen la cotización de sus divisas por debajo de lo que muchos bancos centrales consideran un valor justo.

Los cierto es que la política monetaria a escala global ha desplegado sus herramientas y hay poco margen para evadir la confrontación en el terreno de las divisas, una batalla que nadie gana, pues consiste en empobrecer al vecino hasta el empobrecimiento propio.

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