Deportes

Estadio nuevo, Cheslor y la fanaticada: Nicaragua no podía fallar

Un oro al esfuerzo de todos, resumió Nemesio Porras el logro de la corona en el beisbol centroamericano

Beisbol
Beisbol |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Cuando cayó el out 27 de la victoria frente a Panamá y se desató la fiesta, la selección nacional de béisbol debió semejar una caldera que deja escapar toda la presión contenida a lo largo de meses, la presea de oro del béisbol en la oncena edición de los Juegos Centroamericanos era quizá la única que no podía estar ausente del medallero del país anfitrión.

En la meta de conquistar el séptimo título de estas lides el equipo pinolero contaba entre sus bazas con la presencia de un jugador que con el tiempo puede convertirse en mito del deporte preferido de los nicas, el costeño Cheslor Cuthbert; el estímulo de 15 mil gargantas gritando en los momentos cumbres del juego, y una instalación del mayor nivel mundial acabadita de estrenar: el nuevo Estadio Nacional Dennis Martínez.

El triunfo 3-1 sobre la novena canalera ya es historia, valga apuntar la solidez del trabajo que desde la colina realizó el dúo del consagrado Wilton López y un diamante en fase de pulimento, Roniel Ráudez.

Del segundo al noveno episodio ellos levantaron una barrera infranqueable que no pudo vulnerar la ofensiva de los istmeños, mientras otro héroe de la séptima, Elmer Reyes, se encargaba de poner las cosas en su lugar con un trancazo de dos carreras en el cuarto.

Wilton, luego del error que puso a ventaja al rival en el mismo capítulo de apertura, retiró a 11 de 13 bateadores enfrentados hasta entregar el juego en ventaja mínima, pero luego ventaja definitiva.

Ráudez se empinó sobre la frescura de su juventud como si fuera el más experimentado del staff y recetó seis ponches entre la sexta y la octava entrada.

Cheslor, quién si no, le puso la guinda al pastel con su cañonazo dorado al bosque central que trasportó a Ismael Mungía hacia la registradora con la última anotación de los Juegos.

El laurel tuvo además una pequeña cuota de desquite, pues muchos recordaban aún que el abridor panameño, el zurdo Davis Romero de efímero paso por las Grandes Ligas en 2006, fue el verdugo de Nicaragua en la final centroamericana de 2010, que terminó en clamoroso nocaut de 12-2 para los entonces anfitriones canaleros.

Nicaragua ganó en calidad de invicta, pero debió voltear el score en cuatro de sus seis partidos. Un toque de dramatismo es ingrediente infaltable de una buena fiesta beisbolera.

“Estamos obligados a ganar la medalla de oro”, dijo categóricamente el manager Julio Sánchez justo el día en que le entregaron el timón de la selección. Y cumplió con su palabra, más con el aval de haber saboreado antes, como jugador y entrenador, el más ansiado de los premios.

“Esta medalla es de todo el pueblo, Nicaragua se merecía un triunfo como este”, concluyó Sánchez cuando ya la fiesta se apoderaba de la noche dominical en Managua.

Y en este breve compendio de frases resúmenes no podía faltar la de Nemesio Porras, presidente de la Federación Nicaragüense de Beisbol Asociada (Feniba), al asegurar que “sin lugar a dudas este es un oro al esfuerzo de todos”.
mem/piz

también te puede interesar