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El Juego Perfecto de Dennis Martínez

Recordar aquel 28 de julio de 1991 es visitar el cielo, hablar con los ángeles y retornar a la tierra feliz, satisfecho de haber cumplido la misión

Denis Martínez
Denis Martínez |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Apenas 96 lanzamientos bastaron para forjar una verdadera obra maestra. Dennis Martínez se vistió de Picasso, de Da Vinci, de Van Gogh, de Monet… Martínez fue la prosa del genial Darío… Nicaragua un manojo de nervios, un puño cerrado de sueños.

Veinticinco años después de su debut en las Grandes Ligas, el gran Denis tocó la gloria. Sus labios sintieron el sabor de la grandeza eterna y un país asombrado hizo suya una de las más grandes proezas deportivas que ha conocido su pueblo. Recordar aquel 28 de julio de 1991 es visitar el cielo, hablar con los ángeles y retornar a la tierra feliz, satisfecho de haber cumplido la misión.

Noventa y seis envíos hacia el home plate fueron más que suficientes para pasar a la historia y convertirse en el pitcher número 13 y primer latinoamericano en lograr un juego perfecto en las Grandes Ligas de Béisbol, en Estados Unidos. Enfundado en la elástica de los Expos de Montreal, el nuestro dominó a los Dodgers de Los Ángeles.

El pinolero enfrentó a 27 bateadores. Uno por uno regresaron cabizbajos a la cueva. Un total de 66 strikes resultaron demasiados para maniatar a una ofensiva fuerte, de categoría, que en esa jornada no supo descifrar los enigmas del maestro que a 90 pies de distancia utilizaba su pincel para unos trazos admirables.

Cinco ponches y la adrenalina en su máxima potencia con tres hombres en cuenta de tres y dos. Medio planeta soñaba, idealizaba la idea de nueve entradas sin la sombra del indiscutible, sin un boleto otorgado, sin fisuras, sin miedo. Y cuando 26 oponentes habían desfilado, como si se tratasen de fichas de dominó que fueron colocadas con precisión de cirujano, ancló en el rectángulo el emergente Chris Gwynn. El público, compuesto por 45 mil espectadores sedientos de un hit, se puso de pie y las palmas se escucharon, a pesar de todo; mientras el nervio se cortaba con una navaja sin filo.

Gwynn, desde la banca, aturdido, impaciente y listo para convertirse en héroe, disparó una línea que atrapó el jardinero Marquis Grisson. La pizarra marcaba un 2-0 para los visitantes. La historia, entonces, dictó sentencia y la marca legendaria se hizo realidad. “El Chirizo”, “El Presidente”, colgó el cuadro en la pared.

Saltaba de alegría, además, Ron Hassey, el receptor que recibió los lanzamientos de Martínez ese 28 de julio de 1991, que de paso se convirtió en el único jugador en estar detrás del plato en dos partidos perfectos. Antes, Hassey le recibió a Len Barker, el 15 de mayo de 1981, en otra “joyita de pitcheo”.

El “Perfecto” de Dennis Martínez fue el segundo forjado en el Dodgers Stadium. El primero fue a la cuenta del fenomenal zurdo Sandy Koufax, el 9 de septiembre de 1965, ante los Cachorros de Chicago. Y no fue hasta el 2012, que apareció el venezolano Félix Hernández para convertirse en el segundo latino en lograr esta hazaña.

Así recordamos el Juego Perfecto del maestro Dennis Martínez.

ale/jos

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