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Zidane, vestido de frac

Regresó el mariscal de campo, uno de los hijos pródigos, adoptado de Francia y del club Juventus italiano

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Zinedine Zidane, el exfutbolista francés |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Zinedine Zidane, el exfutbolista francés campeón del mundo en 1998, puede o no volver a hacer historia con el Real Madrid. Hace 14 años lo hizo como jugador, cuando enterró las aspiraciones del Bayern Leverkusen en la Liga de Campeones. El Bayern de Lucio, el brasileño, y de Ballack, el alemán.

Fue un duelo cerrado, de cuerpo a cuerpo. Esos donde meter el pie tibiamente no es negocio, es pérdida. Terminó dos goles por uno, a favor del club merengue, y levantó su novena orejana. Era el 2002, y los dirigentes de la principal franquicia de la capital española no sabían que demorarían más de una década después para levantar un trofeo similar, idéntico.

Pero ese éxito, el de “Los Galácticos”, en el prólogo del milenio, tuvo a Zidane, al mágico mediocampista galo, como el mariscal de campo. Toque, pase. Toque, pase. Toque, pase. Ese era su fútbol: práctico, lúcido, exacto, rápido, lento, milimétrico… ese era el fútbol de “Zizou”. No otro.

Nunca brilló tanto como ese día, el “de las noche mágicas de la champions”. El día o, para ser exactos, los 90 minutos que todos quieren brillar. Pregúntele a Messi, a Ronaldo,  a Neymar, a Suárez, a Bale, a Rooney, a Zlatan,  a Guardiola, al Dios del fútbol. Todos quieren brillar en la Champions League.

Zidane lució, varias veces, pero nunca como ese día. El Bayern pagó los platos rotos. Esa finalísima se recordará siempre por su golazo cuando el descanso llamaba a la puerta. Enganchó un balón que bajaba con nieve en el 44′ y su duro misil disipó la neblina y supuso el 1-2 final. Gracias Bayern.

Tiempo después volvió al banquillo del Madrid. Regresó uno de los hijos pródigos. Un adoptado de Francia y del club Juventus italiano. Retornó como segundo del alto mando, y junto a Carlo Ancelotti honró a su destino y levantó la décima. Doce años después besó la décima. Réplica exacta del trofeo que había besado 12 años antes, cuando ganó la novena.

Ahora, hace unos días, apenas dos semanas y fracción, volvió nuevamente al banquillo del Madrid, porque la vida así lo quiso. Regresó como el hijo adoptado que no olvidó a la familia que no es familia. Antes estuvo en el Castilla (segundo equipo del Madrid), que es como la casa de campo, pero donde no se descansa. Practicaba pizarra en mano. Toque, pase. Toque, pase. Toque, pase. Ese es su fútbol, ahora el del Real Madrid, sin atadura ni recelo.

Vestido de frac, luce sus 180 y pico centímetros de estatura. Mira a su alrededor, se nota rodeado de virtuosos -no tanto como él- y decide. Sabe, como buen mariscal de campo, que la materia prima existe, que solo restan tres lindas palabras: unión, deseo, carácter. Tres toques y la bola del otro lado. Presión en toda la cancha. Pases filtrados. Busquen a Cristiano, que resuelva. El Barcelona no puede ganar. Florentino Pérez confía en ustedes y yo también. Poco más, poco menos. Esa es la fórmula. Esas son las palabras.

Zinedine Zidane puede o no volver a hacer historia con el Real Madrid. Aun así, nadie va a olvidar aquella vez, hace 14 años, cuando enganchó la redonda, una número cinco que bajaba con nieve a los 44 minutos y soltó la vida ante el asombro de la neblina. Esa vez supuso el 1-2 final. Gracias Zidane. Suerte Madrid.
mem/jos

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