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Grandes Latinos en las Grandes: Pedro Martínez

Este dominicano resultó ocho veces All Star, tres veces ganador del premio Cy Young y monarca de la Serie Mundial de 2004

Pedro Martínez, dominicano en la Grandes Ligas
Pedro Martínez, dominicano en la Grandes Ligas |

Redacción Central |

República Dominica es fuente de peloteros. Esa es una verdad inapelable. Decenas de beisbolistas de esa nación han pisado los estadios más importantes e históricos del planeta. Algunos llegan y regresan; otros alcanzan la cima y no aguantan el paso del tiempo; existen quienes resisten la prueba del azar, el recurrente azar, y se mantienen vivos, de estos últimos salen aquellos que tocan la gloria y se instalan en el templo de los inmortales.

Ello le sucedió al lanzador dominicano Pedro Martínez, historia viva entre los latinos o no; entre los ojos rasgados o grandes; entre los buenos y malos; entre los vivos y los muertos siempre estará este ocho veces All Star, tres veces ganador del premio Cy Young y monarca de la Serie Mundial de 2004.

Hace apenas unos días, el 26 de julio, resultó un nuevo integrante del Salón de la Fama de Cooperstown, convirtiéndose así en el segundo dominicano con una placa en el recinto de los Eternos, otro también citado acá en nuestra sección Grandes Latinos en las Grandes, Juan Marichal.

Su exaltación estuvo acompañada de gran parte de su familia. El centro del Campo Clark Sports fue abarrotado por una enorme cantidad de dominicanos que convirtieron el escenario en un ambiente de celebración. Él, con el escudo de su nación estampado en su traje y una corbata de rojo, azul y blanco, mostró la misma sonrisa que dibujaba en el box cuando hizo su entrada tras escuchar su nombre.

Luego de ingresar al Salón de la Fama de la MLB recibió un homenaje en el Fenway Park al ver su número retirado en el mítico estadio. Durante una ceremonia previa a un juego se retiró su trascendental «45», los Red Sox trajeron a varios de sus excompañeros.

Pedro tuvo una carrera limpia y brilló con luz propia, cosechando 219 victorias, con apenas 100 derrotas, presentó una efectividad imponente de 2.93. En dos mil 827 innings propinó tres mil 154 ponches, quedando en lugar número 13 de todos los tiempos en ese renglón.

No obstante, una de las razones principales que destacó su gran calidad fue que en la era del “esteroide” tuvo la mejor efectividad entre los otros lanzadores, 2.93. Nunca se olvidará que en 1999 registró un WHIP de 0.73, récord en la historia de la Gran Carpa.

Debutó con los Dodgers de los Ángeles el 24 de septiembre de 1992 contra los Rojos de Cincinnati, cuando trabajó dos innings sin permitir anotaciones como relevista. Su primera apertura aconteció una semana después.

Su bola rápida, la curva y su cambio hicieron época a finales del siglo XX e inicios del XXI, algo combinado con su excelente control y el poderoso y amplio repertorio de picheo. Así, su atípico estilo de lanzar está considerado como uno de los mejores de siempre.

El instante cumbre de su trayectoria fue cuando ganó la Serie Mundial con el Boston en 2004. En esa ocasión festejó junto a otros destacados como Derek Lowe y Tim Wakefield, también lanzadores, los jardineros Manny Ramírez, Johnny Damon y Trot Nixon, el torpedero Orlando cabrera y el receptor Jason Varitek. Aquella vez barrieron a los Cardenales para ganar su primer título desde 1918.

Hoy Pedro es fuente de inspiración para aquellos que buscan brillar en la disciplina de las bolas y los strikes. No en vano en su exaltación al Salón de la Fama el de quisqueya exhortó a la nueva generación de jugadores a ser perseverantes y a seguir adelante para poder saborear los momentos dulces de las Grandes Ligas.

Pedro Martínez, aquel nacido en un humilde hogar en Manoguayabo, fue en contra de los pronósticos, y dejó atrás las sombras, las tinieblas y el terror, al demostrarle al mundo que cuando existe el talento, la pasión y el interés todo en la vida se puede. A golpe de corazón sacó cada out, tiró cada entrada, trabajó fuerte y se afilió al sitio que todos quieren conocer, el corazón de los aficionados y se alojó en los metros cuadrados de los irrepetibles, allá en lejano Cooperstown.

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