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Boxeo, espectáculo y sensatez

Detrás de una pelea de buen boxeo hay toda una maquinaria “ganadora”

Gennady Golovkin
Gennady Golovkin |

Redacción Central |

La República de Kazajistán tiene varias características únicas. Es el país más extenso sin litoral marítimo, tiene parte de su territorio en Asia y en Europa, mientras el clima es extremo tanto en verano como en invierno.

Igualmente, posee las mayores y únicas instalaciones espaciales de la era soviética (el cosmódromo de Baikonur) y el mayor centro de pruebas nucleares de la extinta URSS.

A todo esto, sumarle una novedad: es la patria de Gennady Golovkin, un boxeador apenas sin rival conocido.

Este sábado disfruté de buen boxeo. El kazajo, y les paso un “tip” (la palabra “kazajo” viene del turco, que quiere decir “espíritu libre, independiente”) se vio muy bien en la pelea pactada a 12 rounds contra el británico Martin Murray, retador y excampeón mundial de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) en la bella ciudad de Mónaco.

Y les llamo la atención sobre estos detalles que aparecen siempre en la prensa: “Golovkin llegó acompañado por Tom Loeffler, promotor de estos encuentros”; “…el combate será trasmitido en vivo por HBO”.

El boxeo, y más este tipo de boxeo, se ha convertido en todo un espectáculo que deja buenos dividendos a todos.

Ganador y vencedor se llevan cada uno unos cuantos millones de dólares, pero, además, se embolsan su tajada los organizadores, publicistas, agencias promotoras, cadenas de trasmisión, dueños de estadios o de “arenas”, y hasta vendedores de perros calientes y bebidas.

Por ello, antes de pelear, mucho antes, se sientan los representantes de ambos contrincantes y pactan “la bolsa” y los rounds que debe durar el combate. Todos deben quedar contentos. Por eso aquí no se vale que el kazajo despache rápidamente a su rival.

El espectáculo tiene que funcionar. La trasmisión debe durar más de una hora para que los directivos de HBO ganen, para que los anuncios de los patrocinadores se puedan pasar; y para que los miles de asistentes puedan consumir refrigerios, alquilar palcos privados, hacer llamadas telefónicas, etcétera, que traigan beneficio a los dueños del local. Ni mencionar las apuestas.

Pero el dato más importante, los dos hombres moliéndose a golpes para disfrute de las multitudes, sirve para pasar el telón negro por delante de todos estos “tejes madejes” entre bambalinas y que hace que muchos sólo vean el lado lindo y emocionante del encuentro de dos deportistas profesionales.

Gennady Golovkin tiene rostro de niño bueno, se viste como tal, se peina como tal, y hasta habla con cierta timidez.

Algunos dicen que nació para pegar. El caso es que este sábado vimos a un Murray que le aguantó hasta el round 11, cuando el juez decidió detener la pelea, o mejor dicho, el castigo a que ya estaba siendo sometido. Al principio fue emocionante, movido, pero ya luego le faltaron fuerzas al británico.

No es fácil enfrentarse al joven de Karagandá, la ciudad donde la gente es dura porque hay que serlo para sobrevivir en un medio duro, y él mismo defiende su imagen e intenta humanizarla al expresar que no solo la cuestión es dar puñetazos a diestra y siniestra.

“También hay velocidad, posición, táctica”, insiste, para luego sostener “comprendo que mi trabajo es entretener al público (…) soy sensato, y las victorias no me obnubilan”.

Pronto habrá otro retador, el que gane de un encuentro a realizarse el venidero 2 de mayo entre otros dos “rankeados” boxeadores.

Veremos qué dice entonces Golovkin. Pero este sábado pasado sí que hubo buen boxeo.

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