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Grandes del deporte: Ryan, la leyenda

Difícilmente alguien pueda llegar a los siete partidos sin hits ni carreras permitidos de ese lanzador

Nolan Ryan, pitcher de Texas Rangers
Nolan Ryan, pitcher de Texas Rangers | Neil Leifer

Ariel Flores |

Nolan Ryan fue de esos pitchers que se carcajeaban de su “vejez” en el deporte. Y es leyenda.

Con 44 años de edad tiró su séptimo partido sin permitir hits ni carreras, un record difícilmente igualable en cualquier béisbol.

Y tiene otro aún vigente en sus 27 temporadas en las Grandes Ligas estadounidenses: cinco mil 714 ponches propinados.

Ryan nació el 31 de enero de 1947 en Refugio, Texas. Cuando debutó el 11 de septiembre de 1966 con los Mets de Nueva York no le fue nada bien, pues con solo tres entradas de actuación archivó una derrota.

Hasta 1971 estuvo con los neoyorquinos, sin penas ni glorias, para después ser «vendido» a los Angelinos de California, equipo en el cual halló la consagración.

En su segunda campaña con los californianos tiró su primer no hit no run. Fue el 15 de mayo de 1973, cuando humilló a los Reales de Kansas City.

La hazaña la repitió exactamente dos meses después ante los Tigres de Detroit, por tercera vez en 1974 frente a los Mellizos de Minnesota y por cuarta, transcurrido menos de un año, al blanquear a los Orioles de Baltimore. Con los Angelinos militó hasta 1979.

Un receso de seis años lo interrumpió en septiembre de 1981 con los Astros de Houston, cuando derrotó a los Dodgers de Los Angeles.

Nuevamente vino una espera prolongada hasta que en junio de 1990 –ya con el uniforme de los Rancheros de Texas- superó al entonces “trabuco” de los Atléticos de Oakland. Y finalmente, el 1 de mayo de 1991 repitió ante los Azulejos de Toronto.

Es harto difícil que algún otro lanzador pueda ni siquiera igualar esa cifra durante su carrera deportiva. Quien más se le acerca es Sandy Koufax, quien quedó en cuatro.

Como también debe ser imposible para un tirador llegar a la enorme cantidad de “estrucaos” acumulados por Ryan. Detrás de él, a considerable distancia, los más cercanos al momento de sus retiros fueron Roger Clemens y Randy Johnson.

Una sola vez este cronista tuvo la oportunidad de ver trabajar al denominado Expreso Ryan, pero fue suficiente para admirar sus excepcionales cualidades. Fue en la temporada de 1989, en memorable juego –paradójicamente por él perdido por la mínima diferencia- cuando superó la barrera de los cinco mil ponches, un choque en el cual dio 13 y su víctima más prominente resultó el jardinero del Oakland Ricky Henderson, pues tomó el primero de su faena y el del número prodigioso.

El derecho de los Rancheros dio una verdadera disertación. Con su acostumbrada velocidad aterradora (unos 150 kilómetros por hora en la recta) no parecía que soltaba la bola a distancia, sino más bien se la daba en propia mano al receptor, donde él quería y más le dolía a los contrarios, siempre en la difícil zona baja.

A las marcas de marras Ryan suma otra impresionante, la de 12 partidos con apenas un incogible permitido.

En sus estadísticas aparece con 383 ponches recetados en 1973 -récord entonces para una temporada-, que su total lo repartió entre mil 176 diferentes bateadores y los propinó en cinco mil 387 innings de labor, es decir, más de uno como promedio.

Además, resulta interesante que es el único pitcher de la llamada Gran Carpa en dar escones de ponches con solo nueve lanzamientos en las dos ligas, la Nacional (1968) y la Americana (1972).

Ryan fue electo en 1999 para el Salón de la Fama del béisbol norteamericano sin apenas oposición, pues recibió el 98,2 por ciento de los votos.

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