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Los Juegos del Alba

No habrá en los Juegos Deportivos del Alba la batalla por un diamante. Habrá, eso si, la pureza del deporte que a la distancia de más de cien años lo había imaginado el Baron Pierre de Coubertin

Redacción Central |

No habrá en los Juegos Deportivos del Alba la batalla por un diamante. Habrá, eso si, la pureza del deporte que a la distancia de más de cien años lo había imaginado el Baron Pierre de Coubertin

Los Terceros Juegos Deportivos del Alba con sede en diferentes ciudades de la República de Cuba, concluyeron con todo éxito  Se cumplió con la idea de que lo importante  no era mostrar poderío, más bien  lograr enlazar a los países de la región en una competición donde prime, por encima de todo, la batalla fraternal  sobre el campo de juego.     

El proyecto de esta reunión deportiva cobró fuerza hace poco más de tres años cuando fue lanzada a la luz por el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro y el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez .

Como objetivo principal se persigue que los países de la región que abrazan la idea de la integración y la cooperación tengan también como fuente de referencia y de apoyo una cita regional en la esfera del deporte con un objetivo bien diferente a otras competencias múltiples donde aquellas naciones pobres  a muy poco pueden aspirar.

A más de 100 años del surgimiento de los Juegos Olímpicos Modernos, inaugurados en  Atenas en 1896, tras batallar con sus ideales nobles, el francés Baron Pierre de Cobertin logró coronar el éxito de agrupar a deportistas de todo el mundo  con el simple propósito de competir sin ánimos de lucro.   

Los Juegos Deportivo del Alba,  constituyen idéntico ideales por los cuales tanto lucho en su época Coubertin, que si hoy despertara  se espantaría horrorizado al ver  la demencial y desenfrenada carrera que solo conduce a llenar las arcas de los poderosos.     

La necesidad de elevar la conciencia y el conocimiento, fortalecer la salud mental del individuo, unir las naciones sin diferencias que las separen, así pensaba  el Baron Pierre de Coubertin, un hombre nacido el primero de enero en mil 863 en un hogar de la aristocracia Franco-Italiana.

Sus estudios primarios transcurrieron en un colegio Jesuita, lo que continuaría en la Facultad de Ciencias políticas. Marchó en su juventud a Inglaterra en busca de un modelo de reforma educativa y visitó la Rugby School, escuela pública que le brindó las bases para la reformas que él quería implantar.     

Este pedagogo y pensador francés,  insistía en que el deporte y el  ejercicio físico eran esenciales en la formación del carácter del joven educando.

En Inglaterra perfecciona sus estudios  y conoce  la doctrina del Cristianismo Muscular, actividad que consistía en la búsqueda de la perfección espiritual por medio del deporte y la higiene y cuyo seguidor más destacado  resultó ser el pastor anglicano Thomas Arnold, de quien Pierre se convierte después en su discípulo.     

Comienza así  a soñar con unir en una extraordinaria competición a los deportistas de todo el mundo, bajo el signo de la unión y la hermandad, sin ánimo de lucro y sólo por el deseo de conseguir la gloria, competir por competir y como él decía: Lo importante es participar.

La idea de Coubertin parecía insensata y chocó con mucha incomprensión. Viajó el mundo y habló de paz, unió todo con la palabra Deporte y al fin en el Congreso Internacional celebrado en la Soborna,el 26 de junio de mil 894 triunfa su idea de que se instauren los  Juegos Olímpicos Modernos.

Tras muchas opiniones contrarias, Atenas sería la sede en mil 896, pero Tricoupis, el jefe del gobierno no quería asumir el reto, pensaba que  los jugos saldrían muy caro al país

Coubertin  pidió ayuda al Duke de Esparta, se emiten sellos a favor de los Juegos, suscripciones públicas de excelentes resultados que al fin concluyó con el apoyo del Jorge Averof, hombre rico de Alejadría quien corrió con las gastos de la reconstrucción del estadio.

Fue el 24 de marzo de 1896, día de Pascua de Resurrección, el duque de Esparta, tras un discurso, descubre la estatua del mecenas Jorge Averof. El Rey Jorge de Grecia pronuncia las palabras rituales » Declaro abierto los Primeros Juegos Olímpicos Internacionales de Atenas».       

No pretendo, desde luego, con este comentario arreglar los grandes e inalcanzables  desniveles que existen hoy en el deporte, cuya  única esperanza para aquellas naciones humildes es soñar . Tan solo eso, soñar.

Siempre me he preguntado y lo he suscrito en diferentes comentarios. ¿ Podrá alguna nación tercermundista sea de África o de América organizar  competencias de alto nivel ?

¿O unos Juegos Olímpicos?       

Imposible, desde luego. Cada día el mundo se desangra más, no importa la crisis que tambalea  este planeta que habitamos;

no importa el llamado de respetadas personalidades de la política, la cultura, la ciencia en la que advierten el grave peligro que acecha a la humanidad.

Lo ha dicho Fidel, Chavez, Daniel, Lula, y otros tantos jefes de estados, incluidos importantes Premios Noveles que se suman al llamado de preservar a toda costa a la especie humana.

No habrá en los Juegos Deportivos del Alba la batalla por un diamante. Habrá, eso si, la pureza del deporte que a la distancia de más de cien años lo había imaginado el Baron Pierre de Coubertin .

«Lo importante es competir» habría comentado el padre de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna.

¡Que lejano pensamiento    ¡ Y con  que visión de futuro   Coubertin, se anticipó a concebir  el desarrollo del deporte como un vehículo de unión, no de fuerza, de salud, no de lucro, de educación, de cultura.

Y de paz.

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