Curiosidades

Los impuestos más insólitos del mundo

El mundo económico tiene elementos complejos que atrapan a la primera mirada

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Impuestos |

Oliverio Celaya |

Los sistemas financieros, el comercio y la economía en sentido general abarcan asuntos verdaderamente complejos, y otros muy interesantes como el de los impuestos.

Señalan que el pago de impuestos se remonta a cinco mil años atrás, datos que ya de por sí es atractivo y por lo general olvidado o desconocido.

Benjamín Franklin, uno de los padres fundadores de Estados Unidos había señalado que existen solo dos cosas que están garantizadas en la vida: la muerte y los impuestos.

La idea de que un estado o gobernante les cobre dinero a sus ciudadanos —supuestamente a cambio de la provisión de varios servicios públicos— nació en el Antiguo Egipto, hace unos cinco mil años. Desde entonces, el concepto fue adoptado por todo tipo de civilizaciones a lo largo del globo.

Ya sea que se cobren a través de tasas sobre bienes y servicios o en la forma de gravámenes directos —como el impuesto sobre la renta, que crearon los británicos en 1800 para financiar la lucha contra Napoleón— los impuestos son aportes obligatorios cuyo incumplimiento es penado por ley.

Algunos tuvieron tanto impacto que incluso provocaron guerras. Quizás el caso más notorio fue el arancel sobre el té y otros bienes que llevó a los colonos en Estados Unidos a rebelarse contra la corona británica, lo que dio pie a la guerra de independencia en ese país.

En tiempos más recientes, las tasas sobre algunos productos dañinos, por ejemplo las bolsas de plástico, uno de los principales contaminantes del planeta, ha logrado reducir su uso.

Pero la historia de los impuestos también está repleta de gravámenes que, por lo menos a primera vista, suenan hasta ridículos. Tomemos ejemplos.

Aceite marca «Faraón». Los faraones del Antiguo Egipto usaban recaudadores de impuestos, llamados escribas, para recolectar dinero de sus súbditos. Los impuestos no eran directos sino que tasaban ciertos productos. Pero ninguno estaba más arancelado que el aceite para cocinar.

Los egipcios no solo tenían que pagar una tasa para poder usar aceite.
Además estaban obligados a comprar el aceite del faraón, ya que este tenía el monopolio sobre el popular producto. Pero el abuso no terminaba ahí: reutilizar el aceite estaba prohibido y el gobernante enviaba a sus funcionarios a revisar que la gente usara aceite fresco.

Un pis costoso. Mucho tiempo después, durante el siglo I d.C., en la Antigua Roma se empezó a tasar un producto bastante más sorprendente que el aceite: la orina. Resulta que el amoniaco de la orina tenía varios usos industriales, sobre todo en la lavandería. También los curtidores de pieles usaban orina.

Entonces el emperador Vespasiano decidió arancelarlo. Más concretamente impuso una tasa sobre la venta de orina recogida en las letrinas públicas.

Hay mucho mas, Por las barbas de Enrique y Pedro, Con vista cuesta más (en 1696 los británicos hallaron otra manera de cobrar impuestos a los más ricos. Buscando evitar ser obvios, lo hicieron de una forma creativa: empezaron a arancelar las ventanas).

Y qué decir de El astuto de Oliver. Los impuestos no solo sirven para recaudar, algunos gobernantes también los han usado como armas políticas.
El mejor ejemplo de esto lo dio el puritano Oliver Cromwell, quien luchó contra las fuerzas monárquicas en la Gran Bretaña del siglo XVII.

Una vez que logró imponerse y fue nombrado el «Lord Protector» — jefe de Estado de aquel entonces— de Inglaterra, Cromwell decretó un impuesto sobre la renta del 10 por ciento para poder financiar a una milicia que reprimiera a quienes se mantenían leal a la corona.

Y por último, y el colmo, están las Vacas flatulentas. Los ejemplos de impuestos llamativos no solo se remontan al pasado. También en tiempos modernos existen algunos aranceles que sorprenden. Uno de ellos es el impuesto sobre las flatulencias de vacas.

¿Qué les parece?
mem/rfc

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