Curiosidades

Perro condenado a cadena perpetua

¿Qué pudo haber hecho un labrador para ser sentenciado como humano?

B. García |

Pep, el perro asesino

La Eastern State Penitentiary fue una de las primeras prisiones creadas con el objetivo de estimular el real arrepentimiento de los presos. Entre sus prisioneros más famosos se encontraron el mafioso Al Capone, el ladrón de bancos Willie Sutton y Pep, el perro asesino

¿Qué pudo haber hecho un labrador negro para ser condenado como un humano?

La historia es que Pep tuvo muy mala suerte, pues mató al gato de una persona importante para la época, el de la esposa de Gifford Pinchot, el gobernador de Pensilvania.

Como castigo por el hecho, en el año 1924 Pinchot condenó al labrador Pep, quien además era su propio perro, a cadena perpetua en la prisión de Eastern State Penitentiary.

Los trabajadores de la prisión le asignaron al labrador un número de preso y le tomaron la característica foto carcelaria. Luego, Pep se incorporó con los otros prisioneros.

El hecho causó mucha polémica, todos los medios se hicieron eco del suceso.

Unos años más tarde, la esposa de Gifford y dueña del gato fallecido, Cornelia Pinchot, declaró que Pep había sido falsamente acusado por un periodista de ese momento. La prensa era crítica sobre las acciones del gobernador, así que cuando se enteró la ciudad de que el gobernador había mandado a su perro a prisión, un periodista cambió la historia.

La historia de la periodista Annie Anderson cuenta que Cornelia Pinchot comentó al diario New York Times que el perro siempre había sido inocente.

“(Ella) dijo que el perro no había matado a su gato, que la familia criaba labradores y que Pep era un regalo para animar a los prisioneros”.

Al parecer, el gobernador conocía que los perros se usaban como una especie de terapia para ayudar a rehabilitar a los presos, así que decidió donar a Pep a la prisión. Según algunas fuentes, Pinchot también estaba buscando un hogar alternativo para el can porque había desarrollado la mala costumbre de mordisquear los cojines de uno de los sofás de su casa.

Lo cierto es que Pep logró el objetivo del gobernador: fue una presencia agradable en la prisión. Paseaba por los pasillos con libertad y fue el preferido de todos en aquel lugar. Contrariamente, “no cumplió su cadena perpetua”, fue trasladado a otra prisión donde permaneció hasta su muerte.

Mel/Bga

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