Curiosidades

¿Crisis de fin de año?

La combinación de las festividades decembrinas producen un efecto psicológico en la población

Odio la Navidad
Odio la Navidad |

B. García |

Las fiestas de fin de año están al comenzar. La agenda empieza a llenarse de compromisos como la fiesta de la empresa, las reuniones con amigos, los viajes y las visitas de los parientes. A eso se añade el bombardeo de la publicidad que invade nuestra cabeza con mensajes “navideños”

Hay quien vive las fiestas con alegría y satisfacción, pero también hay quien siente aburrimiento, fastidio, temor, angustia, enojo, nostalgia y conflicto.  A esto hay que añadir que el fin de año aparece como un momento de autoevaluación: qué hicimos, qué olvidamos hacer, a quién dejamos de ver, cómo fueron nuestras relaciones, quiénes ya no están, cuáles fueron nuestros logros, qué propósitos haremos para el próximo ciclo, etc.

Sin duda, es una época de movimientos emocionales intensos, donde aumentan los casos de ansiedad y depresión. Existen muchos encuentros no deseados como ausencias entrañables y sentimientos de insatisfacción capaces de generar tristeza, angustia y ansiedad.

La combinación de Navidad y fin de año produce un efecto psicológico en la población. Durante estos días, en tres de cada cinco personas aumenta el insomnio, la fatiga, las conductas compulsivas como la comida y las compras o las adicciones, que por las fechas quedan justificadas.

Lo más importante es lograr llegar a ocuparnos del inevitable inventario interior con todas las decisiones y acciones que elegimos durante el año. Necesitamos transformar nuestra desidia en acción para comenzar a liberar las cuentas pendientes.

Para trascender la crisis es vital que nos ocupemos de lo que sí está en nuestras manos solucionar. Tal vez las pérdidas, las personas queridas ausentes y otras cosas no depende de nosotros, pero darle seguimiento a los proyectos, aspiraciones y expectativas truncadas es una poderosa herramienta que desarrolla nuestras habilidades de solución y el podernos dedicar a lo que realmente queremos alcanzar.

Limpiar nuestra mugre acumulada, desempolvar nuestras verdades, quitar telarañas nos deja claro para reconocer lo que sí hicimos, aprendimos, evolucionamos y maduramos el año pasado y así, podernos enfocar en lo que perseguiremos en este 2016.

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