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Turrón, una golosina saludable

El origen del turrón es muy antiguo y aunque existen varias versiones, siempre fue un alimento especial para recién casados, soldados y deportistas

turrón de almendras
Turrón de almendras |

Redacción Central |

El turrón es un alimento envuelto en gran simbolismo social porque su ingrediente principal, la almendra, se solía entregar azucarada y envuelta en tul como regalo a las parejas antes de la boda, para indicar que se les deseaba felicidad, fertilidad, buena salud y fortuna.

Ese es parte de los relatos ligados a la aparición del turrón en la sociedad, porque su origen también se vincula a otras actividades humanas de mucha importancia para el hombre, desde las más antiguas civilizaciones.

La aparición del turrón es muy antigua y aunque existen varias versiones sobre su origen, siempre fue evidente su valor nutritivo que lo convirtió en un alimento especial para contribuir a que los soldados que iban a las contiendas bélicas y los deportistas que asistían a los juegos olímpicos tuvieran energía para el desarrollo de sus actividades.

Algunos sitúan su surgimiento en el reinado de Felipe IV durante el asedio de Barcelona, cuando las autoridades catalanas convocaron a un concurso con el objetivo de hallar un alimento nutritivo que pudiera guardarse largo tiempo sin echarse a perder.

El concurso lo ganó un confitero de apellido Turrons, quien presentó unas obleas hechas con almendras molidas y mezcladas con miel que tenían muy buen sabor y en las que se podían emplear otros frutos secos como las avellanas.

Algunos estudiosos plantean que el origen de este alimento se halla en la Grecia antigua, donde se preparaba una pasta de frutos secos y miel, como fuente de energía, para el consumo de los atletas en las olimpiadas.

Otras culturas han empleado un producto similar, pues existen datos sobre su consumo en el Levante español durante la dominación musulmana. Mientras en la repostería de Andalucía se elaboraba un dulce parecido a base de almendra y miel, en la gastronomía del sur de la península los había parecidos heredados de la tradición árabe.

Para varios historiadores, este dulce surgió por la necesidad de dar a los soldados un alimento que pudieran llevar consigo y que les aportara energía durante las campañas bélicas, con un alto valor nutritivo y que no fuera perecedero.

Sin embargo, su origen está en la península arábiga, según refiere el  texto de un tratado del siglo XI escrito por un médico árabe, donde se hablaba de la composición de esa mezcla, sus valores nutritivos y su uso, no solo para atletas olímpicos y soldados, sino como alimento importante para el consumo humano.

Tradición turronera

Los países con cierta tradición turronera como la que conocemos hoy son España, Francia e Italia, aunque es evidente que los españoles superan en la producción y el consumo a los demás.

Las primeras noticias acerca de la existencia  del turrón  en España se remontan al siglo  XV, época  en  la que, en la corte del  Rey  Carlos V se  consumía un dulce muy apreciado hecho de una mezcla de frutos secos azucarados con miel.

Pero no era exclusivo para monarcas y nobles, porque Fernando Galiana Carbonell, en su libro Anales y documentos históricos sobre el turrón de jijona, explica que antes del siglo XVI los habitantes de Villa Sexona, actual Jijona, elaboraban turrón.

Como apunta el Consejo Regulador de las IGPs Jijona y Turrón de Alicante, “la tradición de comer turrón como típico dulce navideño es inmemorial”, de acuerdo a un documento fechado en 1582 en el municipio de Alicante.

Ese  texto hace referencia a que cada año la ciudad de Alicante acostumbraba a pagar para las fiestas de Navidad a los cocineros y reposteros sus salarios, parte en dinero y otra parte en un presente de una arroba de turrones, cuyo consumo estaba extendido entre los distintos sectores de la sociedad.

De España, la tradición del turrón se extendió a los países de habla hispana, entre los que destacan Argentina, Cuba y Puerto Rico, por eso es difícil atribuir la paternidad del producto a un solo país, pues podía haber sido creado en cualquier parte donde se hallaran a un tiempo la combinación miel-almendra o cualquier fruto seco y la melaza.

Por otro lado, se sabe que  el amasado de frutos secos  con una base endulzada no es exclusivo de los reposteros hispanos porque a través de los siglos existió el intercambio cultural entre los pueblos de la costa mediterránea, lo que promovía el préstamo o intercambio no sólo de productos, sino además de sus técnicas culinarias.

Tal vez por esa razón la industria turronera española desarrolló distintas variedades, que crecían en la medida en que se elevaba la demanda en los mercados, para satisfacer el gusto de los consumidores.

Aportes del turrón

Con este producto se abría una nueva oportunidad económica para agricultores, productores y vendedores que ven elevar sus ganancias sobre todo en Navidad, cuando para complacer el gusto por esa golosina se ofertan más turrones y de distintas clases.

Entre las variedades que se pueden seleccionar están las de yema y frutas escarchadas, a los que se suman el clásico turrón duro y blando en su concepto elemental, mientras que los de chocolate, nata nueces o coco llevan ingredientes diferentes a los tradicionales.

El turrón es un alimento altamente energético y aunque a veces a muchas personas les preocupa los efectos negativos sobre la estética de su cuerpo, algunos nutricionistas afirman que esas calorías son altamente beneficiosas para la salud.

Indican que en la composición del turrón, siempre que sea de calidad, se hallan dos productos naturales de considerable valor nutritivo que son la miel y la almendra.

La almendra es un fruto de hueso nativo del sudoeste de Asia que constituye una fuente de proteínas vegetales, contiene calcio, fibras y pequeñas cantidades de hierro, fósforo y las vitaminas B y E.

Los minerales contenidos en la almendra ejercen una función terapéutica que favorece el desarrollo y mantenimiento de la masa ósea, el funcionamiento del sistema nervioso y el control de la presión arterial.

Por su parte, la miel tiene propiedades antisépticas, dietéticas, edulcorantes, tonificantes, calmantes, laxantes y diuréticas, entre otras, además que reduce el colesterol en las arterias y previene ataques al corazón.

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