Curiosidades

La muerte llegó…

Ahogado con una mosca, golpeado por una tortuga o asfixiado por una bufanda, son solo algunas de las muertes más curiosas de la Historia

De la muerte nadie escapa
De la muerte nadie escapa |

Redacción Central |

Reyes, emperadores, generales, papas, escritores, filósofos e inventores, de la muerte ninguno escapa. Sin embargo, varios personajes ilustres de la historia han dicho adiós a este mundo de manera curiosa, por no decir absurda.

Esquilo (525 a.c-456 a.c)

Esquilo (525 a.c-456 a.c)

Uno de ellos fue Esquilo (525 a.c-456 a.c), considerado uno de los grandes dramaturgos de la tragedia griega.

Resulta que la muerte le llegó del cielo –literalmente- cuando un águila que traía entre sus garras a una tortuga la dejó caer mientras volaba, golpeando con el duro caparazón la cabeza del ilustre, quien cayó fulminado.

Papa Adrian IV

Papa Adriano IV

El papa Adriano IV (1100–1159) no corrió con mejor suerte. Intentaba calmar la sed en una fuente, cuando una mosca se coló en su boca y viajó hasta su garganta, donde quedó trabada.

La guardia suiza no pudo hacer nada. El primer y único pontífice de origen inglés en la historia de la iglesia murió asfixiado a causa del insecto.

Tennessee Williams (1911-1983)

Tennessee Williams (1911-1983)

Similar final tuvo el dramaturgo norteamericano Tennessee Williams (1911-1983). El autor de Un tranvía llamado Deseo y ganador del Pulitzer se ahogó con una tapa. Unos dicen que de un frasco de medicinas, pero otros aseguran que pertenecía a la misma botella de la cual había estado bebiendo.

Adolfo Federico de Suecia

Adolfo Federico de Suecia (1710-1771)

Amante de la comida, el rey Adolfo Federico de Suecia (1710-1771) decidió un día zamparse una aberrante cena, que incluía desde mariscos y caviar hasta ciervo ahumado. Paradójicamente, el “plato fuerte” de la jornada fue el postre. Los historiadores aseguran que engulló más de catorce platos.

Por supuesto, semejante banquete no solo le proporcionó el goce de satisfacer su glotonería, sino que vino acompañado de un problema digestivo que lo llevó al sarcófago en un abrir y cerrar de ojos.

Allan_Pinkerton-retouch

Allan Pinkerton (1819-1884)

A Allan Pinkerton (1819-1884), creador de la archiconocida agencia de detectives homónima, de nada le valió la pericia policial cuando se mordió la lengua por un resbalón en la calle. La herida se infestó de manera expedita, y puso fin al paso por esta tierra del también espía e investigador.

 Jack Daniel (1850–1911)

Jack Daniel (1850–1911)

El mismo mal se llevó a Jack Daniel (1850–1911), el célebre fundador de la destilería de whisky que lleva su nombre.

Una mañana, el aludido olvidó la combinación de su caja fuerte y en un exabrupto comenzó a patearla, lo que le causó heridas en el dedo gordo del pie. Estas se infestaron y causaron su deceso.

Más popular es el caso de Isadora Duncan (1877-1927). La reconocida bailarina y coreógrafa era amante de las bufandas, prenda que siempre le acompañó, hasta la muerte.

El New York Times lo resumió en su obituario: El automóvil iba a toda velocidad cuando la bufanda de seda se enganchó en la rueda y arrastró con terrible fuerza a la señorita Duncan, precipitándola con violencia contra la calle. Fue arrastrada durante varios metros hasta que el chofer se detuvo a causa de los gritos que venían de la calle. Se reclamó ayuda médica, pero quedó probado que se estranguló y murió instantáneamente.

Hoy otros casos, como el del filósofo y político inglés Francis Bacon (1561-1626), quien atrapó una fatal neumonía cuando intentaba comprobar si el frío era bueno para conservar los alimentos. O el gran Arquímedes (287 a.c-212a.c) muerto a manos de un soldado que al parecer no reconoció al sabio.

Lo cierto es que , como bien describiera el poeta Horacio -quien si falleció de manera normal (si es que el término aplica en los predios de La Parca)-, “la pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes”.

 

también te puede interesar