Cultura

Bernardino Díaz Ochoa: recordando la memoria

Llegó a reunir hasta 200 campesinos en las asambleas sindicales, clandestinos por la tenaz persecución somocista

homenaje a Bernardino Diaz Ochoa (2)
Homenaje a Bernardino Díaz Ochoa |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

En la comunidad Yale 1, en el municipio El Tuma-La Dalia, se rindió homenaje a Bernardino Díaz Ochoa, el líder campesino antisomocista de ideas justas y sabias decisiones.

En donde se erige hoy un monumento en su honor, fueron llevadas ofrendas florales para recordar la memoria de quien luchó por Nicaragua junto al campesinado.

Conocido por su frase “Nosotros no somos peces para vivir del mar. No somos aves para vivir del aire. Somos hombres para vivir de la tierra”, Bernardino Díaz Ochoa, según sus compañeros de lucha, era un hombre serio, recto, disciplinado de contextura fuerte, vestía siempre de camisa blanca, pantalón de dril y sombrero de palma.

Durante la dictadura somocista, logró reunir hasta 200 campesinos en las asambleas sindicales de Yale, La Tronca, Las Brisas y El Bijao. En aquellas condiciones de tenaz persecución, represión y torturas, constituyó un verdadero desafío al enemigo.

En un artículo publicado en el periódico Barricada del 3 de septiembre de 1986, la dirigente sindical campesina Valentina Pérez Chévez reconstruía una de aquellas reuniones:

“Lo conocí en 1968 y, en ese tiempo, realizamos una asamblea en Las Brisas, él andaba organizando a los campesinos de la zona. Recuerdo que era de tarde y la idea fue pasar toda la noche en una vigilia campesina sin que la guardia se diera cuenta. Alistamos tamales y güirilas, porque era tiempo de cosecha. Era durante un mes de agosto. En ese tiempo Bernardino vivía en La Tronca. Él llegaba a Las Brisas y ahí reuníamos a toda la gente. Siempre acostumbraba llegar de noche y nos decía: Si yo muero, ustedes quedan en la lucha”.

(…) En 1974, la guardia nos echó presos a casi todos; nos llevaron a una capilla junto a nuestros niños, y a algunos de nuestros compañeros los montaron en helicópteros para luego dejarlos caer sobre las montañas. Después de esta cruel represión, nos reuníamos en los rastrojos de una molienda”.

Once años antes, Bernardino Díaz Ochoa logró fundar a los sindicatos rurales y las cooperativas junto con Benigna Mendiola, su compañera de vida. Algunas localidades en las que se reflejó la incidencia de estos sindicatos fueron y aún son: Yahoska, El Ocote y Quilalí.

A partir de este movimiento, el campesinado se ha definido en términos de su organización, solidaridad, cooperación y reciprocidad. Desde entonces el sector campesino ha emprendido una lucha conjunta por mejorar constantemente sus condiciones de vida, entre estas la lucha por la tenencia de la tierra, factor de producción muy importante en el marco de la cuestión del campesino.

Los colaboradores más cercanos de Bernardino le advirtieron de la presencia cercana de guardias y jueces de mesta. Tomó sus medidas, pero en un descuido, el 3 de septiembre de 1971, lo capturaron y durante varios días fue torturado por la Guardia Nacional en La Tronca, departamento de Matagalpa. Su cadáver se halló en una casa ubicada en Yale, la cual llamaban «casa pintada» cerca de Wasaka, Matagalpa.

En reconocimiento a su incesante lucha por los desprotegidos, muchas cooperativas y centros campesinos llevan su nombre y el 16 de diciembre de 1987, el Gobierno Sandinista creó la Orden Bernardino Díaz Ochoa.

homenaje a Bernardino Diaz Ochoa

Mel/

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