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Lo que no pudo destruir el fuego en Notre Dame

Parte de la historia de Francia pudo ser recuperada

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Lo que no pudo destruir el fuego en Notre Dame |

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Notre Dame no es solo una catedral emblemática, parte de la historia de Francia, es uno de los museos más importantes de Occidente, por las reliquias que guarda entre sus paredes y que ahora están en peligro tras el incendio de ayer, que destruyó por completo gran parte del edificio.

Aún las autoridades no pueden confirmar con certeza cuáles fueron las obras afectadas por las llamas y cuáles consiguieron salvarse.

Los colaboradores de Notre Dame, los arquitectos del patrimonio edilicio de Francia y el personal del ministerio de Cultura se movilizaron para orientar a los bomberos y mostrarles aquello que a todo precio había que salvar, explicó el secretario de Estado de Interior, Laurent Nuñez.

La réplica más valiosa que se conserva allí es la Santa Corona que según portaba Jesús poco antes de su crucifixión. Está compuesta de un círculo de juncos aglutinados y unidos por hilos de oro de un diámetro de 21 centímetros, en el que se encontraban las espinas.

Según las primeras versiones, esta pieza pudo ser rescatada, al igual que la túnica de San Luis, uno de los reyes más famosos de Francia.

Notre Dame conserva además otras dos reliquias de la Pasión de Cristo: un pedazo de la cruz y un clavo.

De los tres órganos que hay en la Catedral el más sobresaliente cuenta con cincos teclados, 109 juegos (conjunto de tubos) y casi 8000 tubos. Construido a partir del siglo XV, se fue reforzando progresivamente hasta alcanzar su tamaño actual el siglo XVIII.

Sobrevivió a la Revolución Francesa sin daños y parece que también consiguió sobrevivir al fuego de ayer. Sin embargo, la preocupación reside en que sus tuberías están hechas de una aleación de estaño y plomo que resiste muy poco las variaciones de calor y humedad.

Otras de las piezas que no sufrieron graves daños fueron los tres rosetones, unas vidrieras que representan las flores del paraíso, que se construyeron en el siglo XIII y que se renovaron en numerosas ocasiones.

Los rosetones norte y sur, los más grandes, tienen un diámetro de 13 metros. En ellos se representan profetas, santos, ángeles, reyes, escenas de la vida de los santos… En el centro de los tres se representa respectivamente a la Virgen, al Niño Jesús y al Cristo en Majestad.

Asimismo, las dieciséis estatuas de cobre que adornan el chapitel de Notre Dame, que representan a los doce apóstoles y los cuatro evangelistas, también escaparon de las llamas. Habían sido retiradas de su base hacía solo unos días para ser restauradas.

Y otros tantos elementos del altar corrieron la misma suerte según fotos del interior del edificio, una cruz permanece en pie, del mismo modo que las estatuas del altar mayor, que representan «El Descenso de la Cruz» y «El Entierro», y las esculturas de Luis XIII y Luis XIV.

Las pérdidas

Uno de los primeros símbolos de este emblema parisino y mundial en desaparecer fue la aguja de la catedral, con sus 93 metros de altura, que se hundió al tiempo que lo hizo gran parte del techo. De acuerdo con las primeras informaciones, junto con esta pieza tampoco consiguió salvarse el gallo que coronaba la aguja y que alojaba un ápice de la Corona de Espinas, una reliquia de San Dionisio y otra de Santa Genoveva.

Las llamas devoraron la armadura de madera de más de 100 metros de largo conocido como «el bosque» debido al gran número de vigas que hubo que utilizar para instalarlo, cada una procedente de un árbol. Según el portavoz de los bomberos de París, el balance material es «dramático»: «Todo el tejado está siniestrado, toda la armadura quedó destruida, una parte de la bóveda se derrumbó, la aguja ya no existe».

Asimismo, otras varias obras de arte podrían haber desaparecido, como las «grandes pinturas» de los siglos XVII y XVIII. Los expertos en patrimonio también están preocupados por las vidrieras.

Los grandes cuadros de la catedral no se pudieron desenganchar, entre ellas las pinturas de varios metros expuestos a la catedral desde 1630 hasta 1707 (excepto en 1683 y 1694) por la corporación de orfebres de París. Eran 76 en total.

Además se desconoce el destino de obras como «La visita» de Jean Jouvenet (1716) y «Santo Tomás de Aquino» de Antoine Nicolás (1648). La flecha emblemática de Viollet-le-Duc (1860), la que mira uno de los apóstoles de cobre, se destruyó.

Hay incertidumbre sobre las ventanas de la catedral. Bajo el calor del fuego y la caída de la estructura, partes de estas reliquias podrían estar destruidas. De hecho, Philippe Marsset, el vicario general de la archidiócesis de París, quien fue uno de los primeros en entrar a la catedral en la noche, describió la escena como de «bombardeos» y habló de «vitrales explotados».

mel/ybb

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