Cultura

El francés moderno

Pertenece al grupo de las llamadas lenguas “romance”

Francés moderno
Francés moderno |

B. García |

El francés es el idioma oficial de 22 países. Además, continúa siendo hablado como segundo idioma por muchas personas en naciones ubicadas en las costas sur y este del Mediterráneo que fueron una vez territorios o colonias francesas (primordialmente en Argelia, Marruecos y Líbano).

Historia del idioma francés

El francés moderno pertenece al grupo de las llamadas lenguas “romance”. Descendientes del latín, podría decirse que estas lenguas representan las sombras vivientes del antiguo imperio romano, reflejando las historias divergentes de regiones unificadas anteriormente bajo el gobierno romano.

El origen del francés moderno y de las demás lenguas romance, era una versión popular hablada del latín que se había extendido gracias a las legiones conquistadoras romanas; en el caso del francés, en la “Galia de los Alpes” por los ejércitos de Julio César durante el siglo precedente al nacimiento de Cristo.

La invasión de la Galia en los años 400 d.C. por tribus germánicas, incluyendo los llamados “francos” que huyeron de los ataques de nómadas del Asia central, dio como resultado la pérdida del control militar por Roma y guió al establecimiento de una nueva clase gobernante de francos cuya lengua materna, por supuesto, no era el latín.

La adaptación del habla del latín popular por la población nativa tendió a imponer, por ejemplo autoritativo, una pronunciación que retenía un marcado sabor germánico fundamentalmente en los sonidos de las vocales que aún pueden escucharse en el francés de hoy en día la “u” y “eu” del francés moderno, por ejemplo, permanece muy cercana a la “u” y “o” del alemán moderno, sonidos desconocidos en cualquier otro idioma moderno descendiente del latín.

La gramática del latín popular hablado del cual desciende el francés era más sencilla de lo que fue el latín de la literatura clásica. La aparición con el tiempo, sin embargo, de un idioma “francés” que derivaba específicamente del latín hablado, llevó la simplificación más lejos. Los cambios en la gramática paulatinamente hicieron más y más difícil para los hablantes del idioma actual entender el latín que todavía se usa en servicios religiosos cristianos y en documentos legales.

Como resultado, fue necesaria una codificación escrita del idioma hablado que se desarrollaba para su uso actual en derecho y política. Los primeros documentos escritos en un idioma claramente “francés” (“Francien,” de “Frankish”) fueron los llamados “Juramentos de Estrasburgo,” pronunciados por dos nietos de Carlomagno en 842 d.C.

Este idioma “francés” fue de hecho uno de varios idiomas distintos que descendieron del latín y que se hablaban en varias partes de la Galia post romana. Otros principalmente incluidos son el llamado “provenzal” (o “lengua de oc”), hablado en gran parte de la mitad meridional de lo que es hoy la Francia metropolitana.

Sin embargo, el llamado idioma “francés” ganó una situación especial como resultado de su asociación con el poder militar feudal dominante —la corte de Carlomagno y sus sucesores — cuyo alcance territorial y eficaz control de la vida de Francia creció con el tiempo. El regreso de la corte francesa a París – después de su cambio a Aachen (Aix la Chapelle) bajo Carlomagno — y el mayor éxito de sus ejércitos contra los ocupantes Anglonormandos de las principales zonas del norte y suroeste de Francia, llevó a una consolidación territorial que garantizaba la posición en el futuro del “francés” como el idioma oficial de una monarquía centralizada (más tarde nación-estado). Así fue establecido el francés por el Edicto de Villers-Cotterê, en el año de 1539.

La gramática del idioma francés hablado y escrito hoy día, sigue en su esencia sin cambios desde fines del siglo XVII, cuando los esfuerzos oficiales para uniformar, estabilizar y aclarar el uso de la gramática francesa se institucionalizaron en la Academia Francesa.

El propósito de esta uniformidad era política: para facilitar la extensión de la influencia de la corte y para suavizar los procesos de derecho, administración y comercio a lo largo de e incluso más allá del territorio de Francia, como las empresas coloniales (tan lejos como India y Louisiana) que abrieron nuevos escenarios de crecimiento imperial.

Incluso hoy, tras la decadencia de la influencia del imperio de Francia, después de la Segunda Guerra Mundial, el francés permanece como el segundo idioma de una vasta población “francófona” que se extiende más allá de los territorios y dependencias de ultramar de Francia (Guyana francesa, Martinica, Guadeloupe, St. Pierre y Miquelon, Nueva Caledonia, Vanuatu, Tahití, Seychelles, Mauricio e Isla Reunión).

El francés que se habla en Canadá hoy en día, principalmente en la provincia de Quebec, difiere del francés moderno estándar como consecuencia del aislamiento político de ese territorio de Francia después de la derrota de los ejércitos coloniales franceses por las fuerzas británicas, en la Batalla de Montreal durante la llamada Guerra de Francia y la India (también conocida como guerra de los Siete Años) (1756-1763).

Para escribir la lengua se usa el alfabeto romano con tres acentos. No obstante, desde un principio este alfabeto resultaba inadecuado en ciertos casos, pues la lengua había desarrollado sonidos inexistentes en latín. Además, si bien la pronunciación ha cambiado considerablemente desde el período del francés antiguo, la ortografía ha evolucionado relativamente poco y, en muchos aspectos, se asemeja aún a la utilizada hace siete u ocho siglos.

Esta situación se ha visto agravada por la introducción de miles de préstamos tomados del latín y de otras lenguas que se incorporaron a la lengua con una mínima o ninguna adaptación ortográfica. De ahí que la falta de correspondencia entre ortografía y pronunciación sea aún mayor en francés de lo que lo es en lengua inglesa.

Mel/Bga

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