Cultura

Morir de amor por Juan Ramón Jiménez, por qué no

De un pistoletazo en la sien terminó con su vida Marga por un amor no correspondido con el autor de Platero y yo

pintora
Marga Gil Roësset se suicidó a los 24 años de edad por un loco y no correspondido amor |

Redacción Central |

La escultora madrileña Marga Gil Roësset se suicidó a los 24 años de edad por un loco amor hacia su compatriota el poeta Juan Ramón Jiménez en una relación imposible que la llevó a colocarse la bala en la sien.

Una noche de infortunio, en un recital de ópera, Marga es presentada a la pareja de Juan Ramón, de 51 años de edad, y su esposa Zenobia Camprubí y queda prendada del poeta.

Traza el plan de comenzar a visitar a Zenobia, sin pretexto algo, para ver si de casualidad se topaba con el poeta mientras la su obsesión va creciendo de manera desenfrenada.

Marga, sensible y de mirada dulce como se le recuerda ya estaba tocada por el amor que con apenas 22 años de edad presenta su escultura Adán y Eva al Premio Nacional de Escultura y la prensa la mima.

Juan Ramón recibe de la chica dibujos y las notas como “Amor mío/ ¡Juan Ramón!/ siento que la muerte/ no te da sensación/ de vértigo».

La escultora no desiste, persigue a Juan Ramón para ofrecerle lo que se le ocurre en ese momento que va desde rosas hasta libros, frutas, papeles, cintas de colores…

«Sin duda se encontraba a gusto trabajando con nosotros, trabajadores como ella. Era un ejemplo de vitalidad exaltada, de voluntad constante, de capricho enérgico”, escribe Juan Ramón.

“Trabajaba hora tras hora sin descanso, de pie, con dolor físico, cabeza, hígado, muelas. Se deshacía las manos, se caía, se hería. Manchada de yeso, los ojos de piedra cobraban una belleza ácida, una expresión ingente”, prosigue.

“Se iba ya de noche, corriendo. Siempre corriendo, entrando, saliendo, cargada de cosas, subiendo, bajando. Dormía poco, abandonaba el comer. Café, té, vida abreviada. No le importaba seguramente vivir. Una estoica», comenta.

Ya del todo bajo los efectos del arrebato porque el poeta no le respondía, destruye casi toda su obra para no dejar huella el viernes 22 y el sábado 23 de julio de 1932.

Luego, prepara una carta de despedida a sus padres, otra a su hermana y una más a Zenobia y escribe en su diario lo que sería su epitafio: «El amor es infinito…/ la muerte es infinita…/ el mar es infinito…/ la soledad es infinita…/ yo con ellos…/ ¡contigo…!/ Mañana tú ya/ sabes…/ yo…con lo infinito…».

El domingo 23, a mediodía, se voló los sesos con el revólver de su abuelo y después, en Españoles de tres mundos, el poeta la recordó de esta manera: «Está enterrada en la Rozas. Un corralillo cuadrado con algunos cipreses. Fue llevada en hombros en su caja blanca llena de rosas. (…) Si pensaste al morir que ibas a ser bien recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme”.

Y agrega: “No te olvidaremos, no te olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y el sueño, el gusto que no encontraste sobre la tierra.

Descansa en paz, en la paz que no supimos darte, Marga bien querida».

(Redacción Central-Voz del Sandinismo-Agencias de Noticias)

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