Cultura

Exhiben museos submarinos tesoros artísticos y arqueológicos

Esas galerías acuáticas mediante el arte protegen a la naturaleza de la acción nociva del hombre

Museo Subacuático de Arte
Museo Subacuático de Arte |

Redacción Central |

México es el primer destino del Caribe que alberga bajo sus aguas un museo marino para exhibir en sus salones subacuáticos numerosos tesoros artísticos, aunque no patrimoniales como en Egipto, y promover la regeneración de los arrecifes de coral.

Su competencia con las hermosas playas existentes en el Caribe mexicano, en la que sale victorioso, eleva el valor del Museo Subacuático de Arte (MUSA), que constituye sin dudas, una de las propuestas turísticas y ecológicas más atractivas de esa zona.

El MUSA, ideado para proteger los arrecifes naturales, está en Quintana Roo, entre Isla Mujeres y Punta Nizuc, dentro del Parque Nacional Marino de la Península de Yucatán, México, y es uno de los museos submarinos más extensos del continente y el mundo.

La instalación la conforman más de 400 estatuas hechas con material ecológico, y realizadas a tamaño natural, semejantes a los pobladores locales, y fueron sumergidas en el Caribe, con el propósito de simular una civilización submarina.

La durabilidad del museo la aseguran las esculturas confeccionadas con hormigón de PH neutro, que permite que estas se conviertan en arrecifes, alberguen animales invertebrados, y propicien la creación de corales, en los que seguirán creciendo las colonias marinas.

En el MUSA, cada obra de arte se coloca sobre una base de cuatro metros cuadrados, en galerías temáticas, como Punta Nizuc y Manchones, que ocupan un kilómetro cuadrado cada una y están dedicadas a la conservación ecológica.

Ambas están habilitadas con esculturas elaboradas por el director artístico del museo, el británico Jason de Caires Taylor y de otros profesionales como Roberto Díaz Abraham y Karen Salinas, a las que se añaden creaciones de varios artistas con diferentes estilos.

Entre las obras más complejas están, La evolución silenciosa, integrada por 450 estructuras que forman la silueta de un ojo, El coleccionista de sueños perdidos, Hombre en llamas y La jardinera de la esperanza.

Otras esculturas acuáticas que llaman la atención son La musa del océano, conocida como La tía, Las minas y las bombas, La última cena, Seaescapes III y El fénix. Todas promueven la regeneración coralina al estar diseñadas como colonias artificiales.

Los visitantes a la galería Manchones, instalada a 8 metros de profundidad, son nadadores y practicantes de buceo y snórkel. Mientras en la galería Nizuc, de 4 metros, sólo se permite la actividad de snórkel y la visita de barcos con fondo de cristal.

Aunque  las obras del museo son de gran peso no hay peligro, ya que descansan sobre una base de concreto de 4 toneladas y se fijan al subsuelo rocoso con alcayatas, para evitar que las corrientes submarinas y los huracanes, las desplacen.

El Museo Subacuático de Arte de México inaugurado en el 2010,  con el propósito de demostrar la interacción entre el arte y la ciencia de la conservación del medio ambiente, obtiene al año una ganancia de 36 millones de dólares por turismo.

Su fin es proteger los arrecifes naturales, ofreciendo un lugar de interés bajo el agua, distante del área protegida, a los 750 mil practicantes anuales de snórkel y buceo que por desconocimiento, con su visita, afectan la fragilidad de los ecosistemas marinos.

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Mostrará Alejandría su patrimonio sumergido

En Egipto, el Consejo Supremo de Antigüedades conformó un Comité Científico en colaboración con la UNESCO y la Fundación del Aga Jan para la Cultura, para la creación de un museo arqueológico submarino, parecido al de México.

En ese destino turístico que abarca las zonas del puerto de Alejandría y de Abu Quir abundan antigüedades de las distintas dinastías del período faraónico y del grecorromano (341 a.C.-395 d.C.), además restos de barcos de Napoleón Bonaparte.

Las antigüedades rescatadas en las costas de Alejandría, cerca de las ruinas del Palacio de Cleopatra VII, última reina de Egipto, captaron la atención internacional, que fue motivada  por la exposición itinerante, Los tesoros hundidos de Egipto, presentada en Berlín, París, Bonn y Madrid.

La muestra contenía piezas halladas en excavaciones sucesivas, entre ellas, monedas, objetos personales y domésticos, así como restos de jeroglíficos, de columnas de granito rojo, de estatuas de faraones y sus dioses, y vestigios de ciudades sumergidas.

Ese patrimonio histórico lo completan la esfinge del rey Ptolomeo XII, padre de Cleopatra y restos del faro de Alejandría, tesoros sumergidos según los arqueólogos, por terremotos y maremotos ocurridos en esa zona, hace más de 1 600 años.

A diferencia del museo mexicano, el de Alejandría  tendrá dos partes, una sumergida que expondrá las obras a través de una red de túneles de cristal plexiglás, que resisten la presión del agua y los vientos del mar, y otra en la superficie, con espacios expositivos.

Las autoridades egipcias aspiran a que en la parte sumergida, los visitantes puedan ver las antigüedades en sus lugares originales y contemplar los vestigios arqueológicos en el mismo lecho del mar, junto a la naturaleza acuática.

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