Cultura

Recuerdan en León a Rubén Darío

Con gran admiración y respeto rememoran al Poeta Niño en la ciudad que vio sus primeras expresiones de brillantez. Con gran admiración y respeto, los pobladores de la ciudad universitaria, León, recuerdan a Rubén Darío, el ilustre nicaragüense nacido en Los Chocoyos, luego Metapa y hoy Ciudad Darío. Darío era de familia procedente de la […]

Rubén Darío
Rubén Darío | Internet

Redacción Central |

Con gran admiración y respeto rememoran al Poeta Niño en la ciudad que vio sus primeras expresiones de brillantez.

Con gran admiración y respeto, los pobladores de la ciudad universitaria, León, recuerdan a Rubén Darío, el ilustre nicaragüense nacido en Los Chocoyos, luego Metapa y hoy Ciudad Darío.

Darío era de familia procedente de la ciudad universitaria, León, pero fue esta última la que vio sus primeras expresiones de brillantez, reporta un trabajo de El 19 Digital.

Diversas personalidades en la metrópolis de occidente, han dedicado grandes esfuerzos por mantener vivo entre los leoneses el recuerdo y el amor por aquel, que desde niño, dio gran gloria al país pequeño y de gente humilde, pero de gran intelectualidad.

Desde la casa museo, conocida como Museo y Archivo Rubén Darío, los relatos, documentos y pertenencias de Darío, recuerdan al mundo la procedencia de quién llegara a revolucionar el idioma castellano.

Miguel Martínez Buitrago, nieto de Edgardo Buitrago, fundador del museo, recuerda que Rubén Darío, producto de un matrimonio malogrado, nació por accidente en Chocoyos, conocido posteriormente como Metapa y hoy como Ciudad Darío, fue Criado por su tío-abuelo a su regreso a León 40 días luego de nacer.

Rubén manejaba la filosofía, la mitología griega, la nórdica, la hindú, el arte, a los artistas y vivía al día, pues aprendió a leer desde los tres años y fue un gran lector desde entonces, lo que al mismo tiempo le valió alcanzar su grandeza, asegura.

El poeta niño, era conocido como tal, porque sin instrucción sobre la lírica, desde muy temprana edad escribía sin errar en el ritmo y la medida, expone Martínez Buitrago.

Un decreto de la municipalidad indica que para lograr rescatar más memorias sobre Darío, es necesario completar la adquisición del inmueble donde habitara y en el que hoy en día se sitúa la exposición museística, expresa Roger Gurdián, alcalde de León.

El también ex-rector de la Universidad Nacional Autónoma de León (UNAN-León), expresa relatos del conocido Príncipe de las Letras Castellanas, adquiridas en base a su experiencia profesional.

Remarca el hecho de que para Darío, León significaba una gran metrópolis, a tal grado de marcarla como París o Roma de Italia en Nicaragua. Asimismo, asegura que el poeta es producto de la cultura leonesa, y a partir de su pequeña infancia, tutelado por sus tíos, dedicaba versos a las festividades religiosas que eran celebradas con mucha pompa en el país.

Cuando Darío retornó a Nicaragua en 1907, luego de una larga estancia en diversos países en los que compartió su magnitud, fue considerado en su ciudad como un hecho «tan apoteósico y sublime», que el pueblo se volcó en la antigua estación del ferrocarril a recibirlo de una manera muy particular, rememora.

Como poeta niño, Rubén Darío fue considerado como el indicado para instalar la primera piedra en el Teatro Municipal de León, tal como lo recuerda su actual directora, la poetisa María Manuela Sacasa.

Rubén, a los catorce años, participó en un plano muy importante durante la inauguración de uno de los centros culturales más importantes del país, recitando en ese entonces, poemas de su propia cosecha.

Sacasa asegura que Darío valoró mucho ser tratado como profeta en su propia tierra, «algo muy raro», sostiene. El joven poeta, recitó versos célebres desde un teatro que en su entonces era más grande.

Del mismo modo, menciona anécdotas como en las que el joven tuvo que ser echado de los salones por tener demasiado conocimiento.

Sabía muchísimo más que cualquiera, tenía doce años y estaba en sexto grado y él se aburría porque de gramática sabía, ya había leído toda la biblioteca y lo encontraban vagando, lo iban a echar preso, y él decía: a mí me sacan porque sé, y lo pusieron a dar clases a los catorce años, reseña.

Darío es la gran gloria de los nicaragüenses, pues en el mundo no ha existido otro como él y se deberá esperar mucho tiempo para que vuelva a nacer una persona con sus características, afirma la directora del teatro.

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