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Cambio climático: ¿cómo hacer para frenarlo? (Parte III y final)

Si bien este es un fenómeno natural y cíclico, la humanidad es la principal responsable de su aceleramiento. En Nicaragua se toman medidas para evitarlo y adaptarnos

Cambio climático
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Redacción Central |

Hemos hablado de cómo la Revolución Industrial nos legó un cambio climático acelerado, algo que tomó un siglo para ser aceptado desde su planteamiento inicial. ¿Qué hacer para revertir este proceso? ¿Cómo trabaja Nicaragua en este sentido?

En nuestro país, el cambio climático impacta de forma negativa con daños en las cosechas por sequía o inundaciones, así como en los recursos naturales y áreas protegidas debido a plagas o incendios.

Este fenómeno produce además perjuicios a la salud humana por los cambios bruscos de temperatura, y también la reproducción de vectores que transmiten enfermedades como dengue, chikunkuya, leptospirosis, entre otras.

Existe también un riesgo de inundación en nuestras comunidades ubicadas en terrenos bajos o próximas a los ríos y lagos. Con estos fenómenos naturales magnificados, se producen también pérdidas en infraestructuras, como carreteras o puentes.

En Nicaragua durante los últimos 40 años la temperatura se ha incrementado en un grado centígrado, y las lluvias disminuyeron en la región del Pacífico hasta en un 15 por ciento, indica un reporte al que tuvo acceso La Voz del Sandinismo.

El mencionado texto agrega que “los periodos de fuertes sequías e intensas precipitaciones se han manifestado a través de nuestra historia, por ejemplo las sequías ocasionadas por El Niño en los años 1972-73, 1976-77, 1997, 2006, entre otros, o los eventos de Niña que han ocasionado elevaciones del Nivel del Lago Xolotlán en 1933, 1955, 1982, 1998 y 2010”.

Grandes recursos necesitan de grandes planes

Un país de tantos recursos naturales como el nuestro, con una gran calidad en sus suelos, abundante agua, poseedor de al menos el 10 por ciento de la biodiversidad de todo el planeta, con minerales y fuentes de energía renovables disponibles, además de una posición geográfica envidiable, son enormes potencialidades para no desaprovechar.

Es por eso que el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, a través del Plan Nacional de Desarrollo Humano, está desarrollando un conjunto de acciones claves para adaptarnos al cambio climático.

Entre ellas destacan los proyectos de manejo sostenible de tierras, educación ambiental, y protección de los recursos naturales que se desarrolla en el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales. También se llevan a cabo -desde el Ministerio de Agricultura- estudios y proyectos para disponer de agua con fines de consumo humano y regadío a través de embalses.

Otro aspecto importante es el modelo de alianzas desde el Gabinete de Producción, Consumo y Comercio, el cual genera consensos de compromisos compartidos entre el Gobierno y los productores.

Se ejecutan además proyectos de viviendas solidarias destinados a las poblaciones más vulnerables, y se crean acciones de cooperación externa para el manejo de las cuencas hidrográficas en el Corredor Seco.

En el Ministerio de Hacienda y Crédito Público se trabaja para incorporar la Adaptación al cambio climático en la Inversión Pública y la introducción en el sistema contable el registro de daños y pérdidas climáticas.

Tampoco se puede dejar de mencionar el fortalecimiento y las capacidades que se crean desde el SINAPRED, lo cual eleva el nivel de prevención del pueblo ante los eventos climáticos externos.

El Ministerio de la Economía Familiar, Comunitaria, Cooperativa y Asociativa, trabaja por su parte en proveer sistemas de agua a pequeños productores en zonas rurales.

Desde el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales, se trabaja para suministrar información científico técnica eficaz para una mejor utilización de nuestras tierras y actualizar los sistemas de alerta temprana, mediante recursos que se gestionan con la cooperación internacional.

En Managua, por ejemplo, se realiza un esfuerzo con el Plan de Desarrollo Municipal, que incorpora como eje la adaptación al cambio climático, principalmente en las áreas de vivienda, vialidad y drenaje.

Por supuesto que no todo el camino está recorrido. Es necesario lograr un uso más eficaz de las tres zonas climatológicas de nuestro país, con capacidades adaptadas a cada una de sus especificidades.

También se requiere aumentar la diversificación productiva por municipios, de forma tal que existan alternativas para disminuir las pérdidas económicas por la presencia de eventos climáticos extremos.

Ha sido expresada además la intención de introducir el estudio de este fenómeno en las universidades del país, en aras de preservar mejor los recursos naturales e incursionar en disciplinas como la agroecología y los sistemas silvopastoriles, tan necesarios en la ganadería.

Así, vivimos hoy en una situación ante la que sin duda alguna no podemos quedarnos de brazos cruzados. Y no lo hemos hecho.

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