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Cambio climático: un siglo para aceptarlo ¿otro más para revertirlo? (Parte II)

Casi cien años transcurrieron entre el descubrimiento de los trastornos causados por la actividad humana a los procesos climatológicos globales, hasta su aceptación. ¿Hay que esperar otro siglo para revertir sus graves consecuencias?

Cambio climático
Cambio climático: un siglo para aceptarlo ¿otro más para revertirlo? |

Alejandro Guevara |

En el año 1896 el sueco Svante Arrhenius proclamó que la quema de combustibles fósiles era un catalizador para el calentamiento de la Tierra al establecer una relación entre las concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera y la temperatura.

Este científico, junto a su colega Thomas Chamberlain, determinaron que la temperatura media sobre la superficie terrestre era de 15 grados Celsius, debido a la capacidad de absorción entre la radiación infrarroja del vapor de agua y el dióxido de Carbono (CO2).

La investigación apuntaba además que la actividad humana, sumida en esos momentos en plena Revolución Industrial, podría acelerar el calentamiento terrestre de una forma drástica, hasta en cinco grados Celsius.

Se trató de la primera formulación de los conceptos de efecto invernadero y calentamiento global. Sin embargo, la investigación fue engavetada y olvidada durante años. El conocimiento científico y popular de la época atribuía más poder a las actividades naturales que a las humanas. La contaminación producida por el hombre no significaría mucho en términos globales.

Cuán equivocados estuvimos.

No fue hasta 1940 que otro avance científico “recordó” lo que se había planteado décadas antes. La posibilidad surgida entonces de medir radiaciones de onda larga en el espectro infrarrojo reveló que el aumento de concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera provocaban, efectivamente, un aumento de la temperatura terrestre.

Empero, otro argumento se imponía sobre el calentamiento global: los océanos absorberían la mayor cantidad de dióxido de carbono. Podíamos seguir quemando carbón y petróleo a nuestras anchas, pues nada pasaría.

Una década más tarde, se descubrió que los océanos sí absorben CO2 antropogénico (generado por el hombre), pero solo un tercio de lo que se concentra en la atmósfera.

Otra señal premonitoria y conclusiva apareció en 1960, cuando el investigador Charles Keeling demostró con gráficos las curvas de concentración de CO2 atmosférico en la Antártica y Mauna Loa. Estas curvas han sido uno de las señales y pruebas más grandes sobre el calentamiento de la tierra. Los gobiernos del mundo, sin embargo, las ignoraron. Y es que se descubrió por otro lado que la Tierra sufre de ciclos naturales de extrema congelación (edad de Hielo) o de aumento de temperaturas. Así había sido al menos durante 2,5 millones de años.

No fue hasta la década de 1980 que la famosa curva de Keeling para medir temperatura comenzó a aumentar drásticamente. Iniciaba así un proceso de concientización en el que se llamaba a preservar el medioambiente, so pena de padecer cambios climáticos impredecibles.

Organizaciones No Gubernamentales iniciaron la campaña de alarma, y luego la prensa llevó el tema al debate público. En 1988, finalmente, casi un siglo después de las alarmas encendidas por el sueco Svante Arrhenius, se reconoce finalmente que el clima es más caliente con relación a 1880. El mundo enfrentaba por vez primera el concepto de cambio climático, aunque no todos lo harían de igual manera.

¿Qué es el cambio climático?

Aunque hoy se habla de cambio climático y todos asumimos que el concepto tiene que ver con las consecuencias de la actividad humana, este tiene un significado más amplio.

El cambio climático es un período estable y durable en el que se distribuyen de forma diferente los patrones del clima que conocemos. Puede tener una duración de décadas y hasta millones de años, y forma parte de la actividad natural de la Tierra.

La actividad humana sobre el planeta, con el desarrollo de la sociedad, ha llevado a “otro” cambio climático. Es decir, los procesos naturales tienen un catalizador que acelera el cambio: nosotros los humanos.

Cómo se manifiesta hoy el cambio climático. Según la web cambioclimaticoglobal.com, a nivel mundial 11 de los últimos 12 años han sido de los más calurosos desde que en 1850 comenzara a registrarse el promedio de temperaturas.

Un dato es aun más escalofriante: el aumento de temperatura promedio en los últimos 50 años es casi el doble del de los últimos 100 años. La temperatura global promedio aumentó 0.74ºC durante el siglo XX.

La industrialización de las sociedades ha dejado un legado de más concentración de CO2 en la atmósfera. En la era preindustrial su concentración atmosférica era de 278 partes por millón. Hoy es de 397 partes por millón.

Para evitar el daño causado a los ecosistemas por el aumento de temperatura, los científicos recomiendan que el aumento de la temperatura global debería limitarse a dos grados Celsius. En ese sentido, reducir la emisión de gases de efecto invernadero es una primicia global.

Obviamente existen poderes interesados en mantener el status quo, en tratar de esconder la realidad, en menospreciar, hasta ridiculizar, el peligro y el problema al que nos enfrentamos todos como sociedad y civilización.

Pero no se puede olvidar un hecho científico que nos marca como humanidad. Durante los últimos 650 mil años se produjeron siete ciclos de avance y retroceso glacial, que culminó con una era de Hielo hace siete mil años. Esto marcó el inicio del clima como lo conoce la civilización, el cual hoy cambia de forma acelerada, por nosotros mismos.

Satélites en órbita y avances tecnológicos de simulación, de modelos y otros avances han permitido a los científicos ver mejor el problema y obtener una idea más amplia de la situación y el proceso, utilizando ya datos

de tipo global, para obtener una visión global del cambio climático.

Graves consecuencias

El cambio climático tiene graves consecuencias, muchas de ellas medibles. La primera es el aumento del nivel del mar, el cual creció 17 centímetros en el siglo XX, casi el doble de lo que lo hizo en el XIX, apunta la NASA de Estados Unidos.

La temperatura global crece de forma exponencial, especialmente desde 1950. Esto provoca un calentamiento oceánico que ha absorbido la mayor parte del calor. Por eso las placas de hielo disminuyen, especialmente en Groenlandia y la Antártida. También retroceden los glaciales como el Himalaya, los Alpes, los Andes. Ya el Kilimanjaro, la montaña más grande de África, no está cubierta de nieve.

Han aumentado además los eventos meteorológicos extremos. Olas de calor, tornados de categorías monstruosas o huracanes y tifones devastadores azotan a la humanidad constantemente.

Desde el inicio de la Revolución Industrial, la acidez de las aguas superficiales de los océanos ha aumentado en un 30 por ciento como resultado de la absorción del CO2 atmosférico.

Y sigue la atmósfera llenándose de gases de efecto invernadero. Aunque un poco extremo, deberíamos analizar lo que hoy sucede en el planeta Venus. Allí la actividad volcánica extrema emitió en su momento grandes cantidades de CO2 y elevó las temperaturas al punto que no pudieron formarse los océanos. El vapor resultante produjo un Efecto Invernadero, exacerbado más aún por la liberación de dióxido de carbono en rocas carbonatadas. Aunque más lentamente, la humanidad hoy recrea lo que sucedió en Venus, y podríamos terminar como ese planeta.

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