Ciencia y Tecnología

Las Tormentas solares y el peligro de la modernidad

Una tormenta geomagnética proveniente del Sol es capaz de causar serios estragos en nuestro entorno y en nosotros mismos. La principal “arma” contra ellas es la prevención

Tormenta Solar
Tormenta Solar |

Alejandro Guevara |

El tradicional calor que abrasa durante el mes de agosto a las islas de Cuba y Honolulu, en Hawai, se vio acompañado una de esas noches veraniegas por un extraño fenómeno en el cielo: auroras boreales, típicas del polo norte planetario.

Era el año de 1859 y la Tierra estaba siendo afectada por una tormenta geomagnética considerada la más gigantesca en toda la historia conocida de estos fenómenos.

Mientras en Cuba y Hawai sus pobladores se asustaron muy probablemente por este fenómeno, en Chile ocurrió lo mismo, en su versión austral, típica del polo sur terrestre.

De este fenómeno se ha escrito mucho, y se ejemplifica con el mismo en conferencias especializadas. Daniel Baker, del Laboratorio de Física Atmosférica y Espacial de la Universidad de Colorado, Estados Unidos, durante una conferencia en 2010 recordó que en 1859 los destellos boreales fueron tan fuertes en el norte de Estados Unidos que sus habitantes podían leer el periódico durante la noche solamente con esa luz.

La época, muy diferente a la que hoy vivimos, contaba con poca tecnología. La Internet de ese tiempo era sin dudas el telégrafo. Y fue en estaciones de este tipo en Estados Unidos donde los aparatos sufrieron serios desperfectos como cortocircuitos, e incluso algunos de ellos se incendiaron.

Este mes de marzo se ha caracterizado por fuertes tormentas solares, como se ha informado a la ciudadanía a través de los medios del poder ciudadano. Ante la ocurrencia de estos típicos fenómenos que varían en su intensidad según el ciclo solar, hay una interrogante muy clara: ¿qué pasaría en la actualidad si sucede una tormenta geomagnética similar a la de 1859?

Una peligrosa burbuja ciberespacial

La modernidad está marcada hoy por el fenómeno de la comunicación a través del uso de las nuevas tecnologías de la información. En este mundo cada vez más conectado, no son pocos los sistemas tecnológicos que podrían verse seriamente afectados por una tormenta geomagnética.
Tecnologías como las redes eléctricas, y especialmente los sistemas de Navegación por Satélite (GPS, por sus siglas en inglés), son muy vulnerables a estos fenómenos.

El GPS ya no es exclusivo de los autos y aviones. Desde hace una década está presente, sobre todo, en dispositivos móviles, una industria de 13 mil millones de dólares en 2003 que espera llegar al millar de millones en solo dos años más.

Un fenómeno, como el descrito al inicio, podría impactar la tierra de forma catastrófica. Imagine que cada día centenares de aviones sobrevuelan el espacio terrestre y hoy navegan gracias a los GPS. Si estos se estropeasen, y además se afectaran los circuitos eléctricos, podrían precipitarse sin consuelo.

Además, las comunicaciones vía satélite, imprescindibles para la actividad diaria, también correrían peligro con la llegada de una tormenta solar. Esta tecnología se usa en llamadas telefónicas, compras en línea y hasta cuando se pone gasolina al auto con una tarjeta de crédito, pues los bancos utilizan sus propios satélites como vía más segura para las transacciones.

En las redes eléctricas, los transformadores de corriente podrían explotar, lo cual provocaría un tiempo dilatado para poder reemplazarlos todos. Esto, sin contar las posibles consecuencias que podría tener para los grandes centros de datos digitales quedarse sin corriente. En otras palabras, una buena parte de Internet, si no toda, iría al piso durante un tiempo que nadie se atreve a vaticinar.

En qué consiste una tormenta solar

Las tormentas solares que se dirigen a la Tierra tienen tres fases, aunque no todas tienen por qué llegar a consumarse.

En primer lugar, aparecen las erupciones solares: los rayos X y la luz ultravioleta ionizan la capa superior de la atmósfera, interfiriendo con las comunicaciones por radio. Después llega la tormenta de radiación, que puede ser muy peligrosa para los astronautas.

Por último, tenemos la eyección de masa coronal, una nube de partículas cargadas que puede tardar días en alcanzar la atmósfera terrestre. Cuando lo hace, las partículas solares pueden interactuar con el campo magnético de la Tierra, provocando fuertes fluctuaciones electromagnéticas y con esto los fallos antes descritos.

El este de Estados Unidos, por ejemplo, es especialmente vulnerable a este tipo de fenómeno, ya que las infraestructuras eléctricas están interconectadas y los cortes se producirían como un efecto dominó.

Aunque el máximo solar registrado este mes de marzo no provocara una tormenta como la de Carrington, las pequeñas tormentas también podrían tener consecuencias sobre las comunicaciones y la red eléctrica, tal y como sucedió en 2003, cuando se afectaron las comunicaciones por satélite y las auroras boreales fueron especialmente fuertes en Suecia, llegándose a ver en el sur de la Florida y el estado de Texas.

De ahí que sea tan importante monitorear este fenómeno, tal y como hace el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales. Las tormentas solares ocurren tan lejos de nuestro planeta que existe una ventaja de al menos 20 horas para tomar decisiones. En ese caso, las compañías eléctricas pueden proteger los transformadores simplemente apagándolos, y así se podría hacer con muchos sistemas tecnológicos, llegando incluso a la suspensión de vuelos de ser necesario.

La buena noticia, en todo caso, es que las tormentas solares no duran mucho más que dos horas, regularmente.

¿Y para nosotros, los humanos, qué efectos tiene una tormenta solar?

Un estudio reciente publicado en la revista New Scientist, indica una conexión directa entre las tormentas solares y el efecto biológico sobre los seres humanos.

Las llamaradas solares pueden causar que tengamos nerviosismo, ansiedad, preocupación, mareos, irascibilidad, letargia, agotamiento, problemas de memoria, palpitaciones del corazón y cefaleas.

A pesar de los riesgos, podés seguir estas recomendaciones de especialistas del Centro Nacional de Dermatología para protegerte del astro rey y seguir disfrutando de los días soleados.

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