Ciencia y Tecnología

Un chip, muchas preguntas

Una empresa sueca tiene pensado implementar un sistema de chips computarizados bajo la piel de sus empleados para identificar su acceso a las oficinas y otros servicios. ¿Qué tan ética, saludable y segura es esta práctica?

Chip
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Alejandro Guevara |

Innumerables son las películas que a lo largo de los años “predicen” cómo será la vida de la raza humana. En muchas de ellas hemos visto, por ejemplo, que los hombres y mujeres del futuro llevan bajo su piel chips computarizados especiales con los cuales acceden a edificios y otros servicios.

Pues en Suecia una oficia llamada Epicenter pretende implementar a corto plazo un sistema de acceso a sus facilidades mediante la inserción de un chip bajo la piel de sus trabajadores. El dispositivo, conocido como RFID (Identificación por Radio Frecuencia, según sus siglas en inglés), permitirá identificar de forma única a cada uno de sus trabajadores.

A primera vista es una ventaja, pues se acaba el proceso de llevar con nosotros las tarjetas identificativas y registrar bolsillos, carteras y hasta etcétera para acceder a un lugar específico.

Igualmente, los administradores de Epicenter afirmaron que todos los servicios asociados a una oficina, desde la contraseña de un ordenador hasta sacar un café de la máquina automática, tendrán la posibilidad de ser accesibles mediante la lectura de este chip, informa BBC.

Pero igualmente hay cuestiones que alarman. Primero, está la introducción de este chip en nuestro cuerpo. ¿De qué forma se hará y por quiénes? ¿Dejará marca? ¿Será sostenible en el tiempo o causará reacciones de nuestro organismo?

Luego, está la cuestión de la privacidad y la vigilancia. Si el chip contiene información encriptada para acceder a lugares seguros o identificar a alguien, ¿acaso no será capaz de saber qué hacemos y dónde estamos fuera del trabajo?

Y aun asalta otra cuestión, ¿será obligatorio para los trabajadores de esa empresa usar el chip?

La iniciativa suena demasiado a 1984, el famoso libro de George Orwell, donde los ciudadanos vivían bajo una sociedad de vigilancia total. ¿El futuro de nuestra identificación tomará este camino?

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