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Mar de Aral: Cronología del desastre

La mayoría de los científicos opinan que no volverá a ser lo que fue. Las diferencias están en las acciones a realizar para intentar salvarlo

Barco abandonado cerca de la ciudad de Aral (Kazajistán)
Barco abandonado cerca de la ciudad de Aral (Kazajistán) | Wikipedia

LA VOZ DEL SANDINISMO |

Cientos de barcos en tierra donde antes hubo agua y desechos de todo tipo que contaminan los restos del mar de Aral son los más recientes hechos de una historia que condujo al desastre a un lago clasificado entre los primeros cuatro interiores del mundo.

Su historia comenzó hace 10 o 20 mil años cuando los ríos Amu Daria y Sir Daria lo llenaron simultáneamente, convirtiéndolo en un lago que comparte fronteras con las actuales Kazajstán y Uzbekistán.

Debe su denominación a la anterior existencia de unos mil 500 pequeños islotes mayores de una hectárea de superficie emergidos dentro, que en su mayoría desaparecieron por los problemas ambientales presentes en lo que antes fue un mar de islas, un nombre ahora inmerecido.

Para algunos científicos, el trasvase de agua a través de los ríos que le dieron origen, y que se incrementó en los años 60 del siglo pasado, disparó la desertificación y con ella una de las peores catástrofes ecológicas.

Como en otras zonas del mundo, el mar de Aral comenzó a desangrarse para regar enormes plantaciones agrícolas en el Asia Central, especialmente algodón, que convirtieron a Uzbekistán en uno de los mayores productores del rubro.

En una situación que no varió mucho en 80 años, la construcción de los canales de irrigación se inició en 1930, pero con una calidad mínima.

Sin que se vieran los daños al entorno, estimaciones indican que antes de 1960 se desviaban a la tierra hasta 70 kilómetros cúbicos de agua anualmente.

Incluso, algunos científicos alegaron entonces que el mar de Aral era un error de la naturaleza y que estaba condenado a la desaparición.

El nivel del Aral descendió a un ritmo medio anual de 20 centímetros durante los años 70, pero una década después esa cifra se triplicó.

Como el volumen de agua utilizada para la irrigación continuó en aumento, la cantidad de líquido extraída se duplicó de 1960 a 1980, cuando llegaron a reducirse sus existencias de 80 a 90 centímetros cada año.

La superficie se contrajo en un 60 por ciento y su volumen en casi un 80 por ciento, al pasar de 68 mil kilómetros cuadrados a menos de seis mil actualmente.

Pero más allá de la disminución de los niveles, la salinidad del agua ha aumentado desde unos 10 gramos por litro hasta los 100, una situación que la convierte en más salada que la oceánica.

El mar en 1987 definitivamente se dividió en dos, el del Norte (Kazajstán) y el del Sur (Uzbekistán) con los peores saldos para el uzbeco, que está desapareciendo a ritmos más rápidos que los pronosticados en los años 90.

Los vaticinios científicos de la desaparición del mar de Aral olvidaron la interrelación existente entre los ecosistemas, que en el caso de la zona ha provocado veranos más intensos e inviernos más crudos sin desdeñar que las tormentas de arena (incluidas sales concentradas) llegan a lejanos puntos como Pakistán y el Ártico.

La tierra en torno al mar está muy contaminada también como resultado de pruebas armamentísticas, proyectos industriales y vertidos de residuos de fertilizantes, a lo que se suma una escasez de agua potable para los que aún habitan el lugar que en su apogeo albergó a más de 25 millones de personas.

La población cercana al mar presenta una incidencia elevada de cáncer como el de garganta, además de hepatitis, enfermedades pulmonares y respiratorias, sin olvidar la destrucción de cultivos tradicionales a causa de la elevada salinidad.

Aunque existe divergencia en la manera de solucionar el problema parece que sí hay unanimidad en que el Aral jamás volverá a ser el mismo. Dependiendo de los financiamientos, entre las soluciones se cuentan algunas irrealizables como el trasvase desde los glaciares de Siberia, a más de dos mil kilómetros de distancia.

La lista de alternativas va desde un costoso mejoramiento de la calidad de los canales de irrigación hasta la introducción de especies de algodón cuyo cultivo requiera menor cantidad de agua.

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