Ciencia y Tecnología

El pelícano, otra víctima del cambio climático

La alta temperatura de las aguas del Pacífico ha reducido las presas que  habitaban ese océano y que constituían su dieta

Bandada de pelícanos
Bandada de pelícanos |

Redacción Central |

Las altas temperaturas de las aguas oceánicas amenazan a una de las mayores especies de la fauna, el pelícano, un gigantesco ejemplar que puede llegar a medir más de dos metros de altura y que se distingue por la gran bolsa que cuelga de su pico.

Esta ave palmípeda utiliza ese aditamento cuando se sumerge en el agua, como una red segura, y la velocidad que desarrolla durante la captura provoca que la bolsa se llene tanto de peces y  pequeños invertebrados acuáticos, como de agua.

Cuando la elevada sensibilidad que posee en su pico le indica que debe cerrarlo, emerge con su sabrosa carga, la que debe proteger del asedio de las aves piratas, que como las gaviotas,  intentan apoderarse de una parte de la comida.

El pelícano es muy habilidoso, como la bolsa que posee no tiene otro agujero de desagüe que no sea su propio pico, cuando  llega a la superficie, para proteger su botín alimenticio, elimina el exceso de agua por las comisuras, sin abrir el pico.

A pesar de su tamaño, el pelícano es una de las aves que más tiempo tarda en alcanzar la madurez, la que según los especialistas, se demora alrededor de tres o cuatro años, después del nacimiento.

Las siete especies de pelícanos existentes están distribuidas en todos los continentes, excepto en el Antártico y habitan en las zonas húmedas tropicales, subtropicales y templadas del mundo.

Esos expertos pescadores residen también en zonas costeras donde se les considera hábiles voladores para lo que disponen de un aparato respiratorio adaptado que les proporciona gran ventilación, con la ayuda de  los cinco sacos aéreos que poseen sus pulmones.

Además del pico, entre lo más llamativo de su anatomía están los huesos de su cuerpo, entre los que se distinguen los dos finos huesillos situados en la parte inferior de su pico -de donde cuelga su bolsa de pescar- por lo liviano en peso.

 
Ejemplar acuático en problemas

Esta especie, representante de la fauna salvaje de los ecosistemas que habita, está en peligro de extinción, pues ni su escaso valor gastronómico ni lo desmeritado de su caza le ofrece algún seguro de vida.

Según especialistas, el principal problema del pájaro gigante es el vertimiento indiscriminado de productos químicos para eliminar insectos, lo que rompió hace un tiempo, el delicado equilibrio ecológico y afectó a la especie.

Se ha comprobado que esa acción ocasionó una baja significativa de la población de pelícanos y trastornos en su desarrollo, porque se redujo el grosor de la cáscara de los huevos, que no tenían la fortaleza necesaria para aguantar el peso de sus padres cuando los iban a incubar, y al romperse no ocurrían nacimientos.

Aunque alrededor de los años 70 del siglo pasado se declaró la especie protegida para lograr su recuperación, la afectan otras amenazas como los fenómenos climáticos y el calentamiento global.

De acuerdo con investigaciones hechas por el biólogo Dan Anderson de la universidad de Davis, en California, el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ha disminuido los bancos de arenques, caballas y sardinas, bases de la dieta del pelícano.

Asimismo, variadas informaciones refieren que a inicios del siglo XX, muchas de esas aves fueron eliminadas por el simple placer de utilizar sus plumas para adornar sombreros de cazadores o para interrumpir su vuelo pausado.

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