Ciencia y Tecnología

Instinto animal podría salvarnos de desastres

La última tecnología debe ir unida al primitivo sistema de alerta de la fauna

Salvar vidas humanas y proteger recursos materiales
Salvar vidas humanas y proteger recursos materiales | AFP

Félix Rodríguez |

Con la ayuda de los milenarios instintos animales la ciencia podría encontrar fórmulas para salvar vidas humanas y proteger recursos materiales ante desastres que suceden de improviso como terremotos, erupciones volcánicas y avalanchas.

Aún cuando una gran dificultad radica en el escaso tiempo transcurrido entre la alerta animal y esos eventos, resulta esencial prestar atención a las alteraciones del comportamiento faunístico.

Desde que el hombre comenzó a domesticar especies notó en ellas cambios ante el advenimiento de cataclismos, pues lo aguzado de sus sentidos les permite distinguir infrasonidos y vibraciones lejanas a la percepción humana.

Para Sebastián Celis, veterinario especialista en animales exóticos del Hospital Clínico Veterinario SOS del Buin-Zoo en Chile, los que más sufren son los animales domésticos por saber que deben escapar, pero no saben bien hacia dónde.

Países como China y Japón han estudiado durante años las alteraciones psicofisiológicas provocadas por estímulos físicos y químicos emanados de la tierra, que activan en los animales patrones de conducta de supervivencia ante los peligros sísmicos.

Escenas de ladridos frenéticos de perros, vuelo errático de gorriones, migración masiva de otras aves, estampidas de caballos, serpientes cesando el período de hibernación y ganado negado a entrar en sus corrales se han repetido con frecuencia antes de movimientos telúricos.

Hasta ahora la ciencia puede detectar signos de riesgo como las presiones sísmicas, inclinaciones del suelo o modificaciones de los campos magnéticos, pero estas técnicas no permiten prever con exactitud los terremotos.

Durante siglos se han descrito estas alertas. Son numerosas las que pueden citarse solo en la reciente década, que ha visto multiplicada la regularidad de grandes desastres en diversas partes del mundo.

Un terremoto en el océano Índico a finales de 2004 generó tsunamis que devastaron sobre todo las costas de Indonesia, Sri Lanka, India y Tailandia.

Antes del percance, en la costa sur de la India, bandadas de flamencos que emparejaban y anidaban partieron hacia bosques en el interior alejándose de las costas.

El caso más curioso fue el de unos elefantes utilizados en el turismo en la playa de Khao Lak, Tailandia, que subieron desaforados a una colina, sin aparente explicación, poco antes del oleaje.

Los paquidermos entonces escalaron una altura que luego las olas no alcanzaron, y fue motivo para que entre los numerosos cadáveres en la costa no se encontrara ninguno de esos pesados animales.

Pescadores del área malaya de Kuala Muda reportaron numerosos delfines saltando y moviéndose bruscamente muy cerca de la costa dos días antes de aquel desastre.

En esas fechas se multiplicaron las capturas porque supuestamente los peces huyeron del epicentro del terremoto submarino, aunque no calcularon que sus depredadores humanos los esperaban desprevenidos con redes y otras artes de pesca.

Cuatro años después, antes del sismo de mayo de 2008 en Sichuan, China, miles de sapos llenaron las calles de una provincia cercana al epicentro.

En marzo de 2010, minutos antes del terremoto de Taiwán, casi un millar de cocodrilos de una granja en la ciudad de Tainan se apiñaron gritando de un modo tan inusual que asustó a muchos visitantes, que tal vez echaron mano al socorrido refrán de pensar con las piernas cuando se está en una situación peligrosa.

Ante tantas evidencias no sería descabellado crear sistemas de alerta temprana con el empleo de la última tecnología disponible unida al primitivo sistema de alerta de los animales.

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