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Viaje al interior de la memoria de corto plazo

Un acercamiento al funcionamiento de esta necesaria actividad mental

Viaje al interior de la memoria
Viaje al interior de la memoria de corto plazo. | Internet

Redacción Central |

Un acercamiento al funcionamiento de esta necesaria actividad mental

La memoria de corto plazo, también conocida como de trabajo, es la que nos da la habilidad de manipular y usar la información almacenada brevemente en la mente, al tiempo que mantenemos fuera de ella cosas que nos puedan distraer.

Es la memoria que usamos para «retener» un número telefónico o una dirección de correo electrónico que acabamos de ver y así recordarlos el tiempo suficiente como para teclearlos sin tener que anotarlos o consultarlos.

Muchos psicólogos explican la memoria de trabajo con modelos de memoria de corto plazo basados en la atención: un sistema flexible que dirige la atención del cerebro a los estímulos y tareas que son importantes, y suprime el resto.

Según esta teoría, la capacidad de la memoria de trabajo está limitada por nuestra capacidad de prestar atención a una sola cosa a la vez.

Ahora bien, un estudio a cargo del neurocientífico cognitivo Robert H. Logie de la Universidad de Edimburgo, desafía los modelos de esta clase.

Logie argumenta que los humanos tenemos una serie de capacidades diferentes, cada una con su propia utilidad que le otorga una función, y que ellas operan al mismo tiempo cuando realizamos una tarea o estamos pensando detenidamente en algo.

Dentro de este marco de trabajo de múltiples componentes, la capacidad de memoria de trabajo sería, por tanto, la suma de esas distintas capacidades.

A medida que las personas envejecen, su cerebro se encoge. Como es conocido, esta «alteración» del cerebro promueve diversos problemas de salud y enfermedades mentales. Inesperadamente, se ha descubierto que en los parientes vivos más cercanos de los humanos (los chimpancés) ese encogimiento es mucho menor, lo que convierte en un fenómeno único al extremo encogimiento del cerebro humano que se produce con el envejecimiento normal.

El asombroso hallazgo lo ha realizado el equipo del antropólogo Chet Sherwood (de la Universidad George Washington, en Washington D.C.), que incluye a científicos de otras siete universidades estadounidenses.

Este grupo de antropólogos, neurocientíficos, psicólogos, biólogos y veterinarios usó resonancia magnética por imágenes (MRI) para medir el espacio ocupado por varias estructuras cerebrales en chimpancés y humanos adultos, incluyendo el lóbulo frontal y el hipocampo, un área del cerebro asociada a la memoria de corto plazo y a la de largo plazo.

Los investigadores descubrieron que los chimpancés no muestran una reducción significativa del tamaño, o atrofia, de su cerebro y del de otras estructuras internas a medida que envejecen.

Ya se sabía que los monos macacos, separados de los humanos por 30 millones de años de evolución independiente, no evidencian, cuando envejecen, una atrofia cerebral generalizada como la humana. Pero muchos científicos creían que los chimpancés, separados de los humanos por sólo entre 6 y 8 millones de años de evolución independiente, mostrarían un patrón de envejecimiento cerebral mucho más parecido al humano.

Sherwood y sus colegas sugieren que una explicación a este fenómeno podría ser que a medida que el ser humano desarrolló la capacidad de vivir más años que el chimpancé, el resultado fue un alto grado de degeneración cerebral a medida que se envejece.

Por tanto, los humanos somos únicos entre los animales al ser susceptibles a ciertas neuropatologías, tales como la enfermedad de Alzheimer, en las últimas etapas de la vida. Incluso sin la aparición de una enfermedad propiamente dicha, el envejecimiento normal y sano en los humanos se caracteriza por diversos grados de deterioro neuronal y cognitivo.

(Redacción Central La Voz del Sandinismo-Agencias)

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