Salud

¿Por qué enseñar a comer bien a los niños?

No cabe duda de que esto puede ser un reto

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¿Por qué enseñar a comer bien a los niños? |

B. García |

Enseñar a los niños a comer bien debe ser algo que se realice durante los primeros años de vida. No cabe duda de que esto puede ser un reto pero, si se puede enseñar a un niño a atarse los cordones o a lavarse los dientes, también se le puede enseñar a alimentarse saludablemente.

Tradicionalmente en nuestra sociedad, la alimentación en los niños ha sido fruto de un conflicto constante en parte por la preocupación de los adultos de que coman lo que corresponde en todo momento. Sin embargo, la verdadera dificultad no está en comer sino en hacerlo correctamente para cuidar nuestra salud.

La variedad de los sabores para los niños

Los bebés comienzan a experimentar los diferentes sabores pasados los primeros 6 meses, ya que es este momento en el que se introduce la fruta y el puré de verduras.

En esta fase no existe mayor problema en enseñar a los niños a comer bien debido a que los colores llamativos y los sabores dulces ayudan mucho a que los pequeños acepten las novedades alimenticias.

El reto se presenta cuando empiezan a llegar sabores menos apetecibles y variados. Es ahí cuando los padres deben actuar. La mejor manera de proceder en estos casos suele ser siempre la misma: presentar la comida de forma positiva, insistiendo pero sin llegar a obligar. No es necesario que el pequeño permanezca durante horas con el plato de acelgas hasta que decida comérselo.

La verdadera clave consiste en que el niño vaya experimentando los diferentes sabores en pequeñas cucharadas y que, poco a poco, vayan siendo familiares para él. Incluso mezclar en puré aquellos alimentos que no aceptan con otros que sí aceptan, puede ayudar a conocer los sabores. Este es el comienzo de enseñar a comer bien a los niños.

La imitación para enseñar a los niños a comer bien

Normalmente los niños suelen emplear a sus padres y hermanos mayores como guía de conducta. Por eso, es altamente recomendable que un niño contemple a su padre o madre comiendo fruta, verdura o probando alimentos que no conoce. Es un gran método para despertar su curiosidad.

También es importante que vean a sus padres decidiendo no comer aquellos alimentos que son malos para la salud como productos con elevado azúcar refinado. Para enseñar a los niños a comer bien hay que comenzar enseñando qué es lo que no se debe comer.

El problema del azúcar 

El sabor dulce y la composición de los productos azucarados tienen poderosos efectos sobre los pequeños, pero también en los adultos. Al ser sabores tan dulces y poco naturales, es bastante normal que posteriormente muestren rechazo a aquellos alimentos con azúcares naturales.

El azúcar activa el circuito de recompensa cerebral de la misma manera en la que lo hacen algunas drogas, por lo que crea adicción. Además, hay estudios que demuestran que aquellos niños con adicción al azúcar muestran más facilidad para ser adictos a otras sustancias en la edad adulta.

La sensación de falsa energía que generan los azúcares refinados aumentan la hiperactividad en los niños y potencian los cambios de humor. Hay numerosas enfermedades y desórdenes vinculados con el azúcar como la diabetes, la obesidad, enfermedades cardiovasculares, etc.

Sin embargo, el consumo de azúcar global de la población es generalmente más alto de lo recomendable. No es solamente un riesgo para la salud infantil, lo es también para la salud adulta.

El sobrepeso, el principal riesgo de una mala alimentación

La naturaleza ha dispuesto un mecanismo increíble de utilización de aquellos nutrientes que le aportamos al organismo, pero ¿qué ocurre si el aporte es superior al gasto?

Es muy sencillo: nuestro cuerpo lo almacena. El inconveniente es que no lo almacena como si fuera dinero el banco o en un cajón de comida fuera del cuerpo. No. Lo almacena en forma de grasa. Cuando se produce una acumulación excesiva de grasa ocurre lo que conocemos como sobrepeso y, en mayor grado, obesidad.

El sobrepeso conlleva la acumulación visible de grasa en principales zonas como el vientre y, por lo tanto, el aumento del volumen y peso corporal. Aunque hay diferentes niveles de obesidad dependiendo de la relación que existe entre nuestra altura y peso, ninguno de los niveles se considera adecuado.

Los niños y el sobrepeso

Actualmente en el mundo está muy normalizado el elevado número de niños con sobrepeso en las aulas. Parece algo tan banal como el color de pelo o el color de ojos. Lejos de ser así, el sobrepeso es un gran lastre para el desarrollo de los pequeños por lo siguiente:

– riesgo para la salud física. Por ejemplo, las articulaciones de las personas con sobrepeso experimentan más sufrimiento que las personas que no lo padecen. El sobrepeso puede ser el precursor de enfermedades cardiovasculares, renales y pulmonares.

-El riesgo para la salud psicológica. Los niños con sobrepeso suelen recibir más burlas y desprecios por parte de sus compañeros e incluso de los propios profesores durante su vida escolar. Esto puede minar considerablemente su autoestima y afectar en gran medida a su vida adulta.

-El riesgo para la economía. El sobrepeso y obesidad requieren un mayor número de cuidados de estas personas, así como un mayor consumo de medicamentos por las enfermedades que puede generar.

Prevenir siempre será mejor que curar

Invertir recursos y estrategias para fomentar una alimentación sana y actividades deportivas supone un seguro contra la vida sedentaria y riesgos posteriores.

Sin embargo, a la hora de fomentar una alimentación correcta no hay que dejar de lado a los pequeños, pues estos deben ser partícipes de su propio aprendizaje. Los padres y tutores deben explicarles las ventajas y utilidades que tiene una buena alimentación.

La prevención de enseñar a los niños a comer bien es preferible tanto para el ahorro económico como para el desgaste que conlleva llegar a una situación de sobrepeso para el organismo. Prevenir en la salud infantil es apostar por la salud futura.

Mel/Bga

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