Salud

Epicondilitis, molestia muy conocida

Un padecimiento que afecta a millones de personas en el mundo está relacionado con los codos

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epicondilitis, conocida también como codo del tenista |

Oliverio Celaya |

Ahora que muchos humanos permanecemos frente a una computadora buena parte del día, las molestias de los codos pueden aparecer e incluso repetirse, de ahí que se trate de un conocimiento necesario a tener en cuenta.

Esta enfermedad se nombra epicondilitis y tiene diferentes manifestaciones, relacionadas además con el deporte.

La epicondilitis, conocida también como codo del tenista, es una lesión caracterizada por dolor en la cara externa del codo, en la región del epicóndilo, eminencia ósea que se encuentra en la parte lateral y externa de la epífisis inferior del húmero.

Es provocada por movimientos repetitivos de extensión de la muñeca y supinación del antebrazo, lo que ocasiona microrroturas fibrilares y reparación inadecuada de los tendones de los músculos que se originan en la región del epicóndilo, principalmente del tendón del músculo extensor radial corto del carpo.

Aunque es denominada codo de tenis o codo del tenista, no se restringe a los jugadores de tenis: cualquier persona que realice trabajos que impliquen movimientos repetidos de supinación del antebrazo y extensión de muñeca es susceptible de sufrir la afección.

La epicondilitis recibe a veces el nombre de epicondilitis lateral, para diferenciarla de la epitrocleitis, también llamada epicondilitis medial o codo de golfista, en la que el dolor se localiza en la porción interna del codo.

Por lo general se reconoce a Runge como el primero que describió esta dolencia en 1873. El término codo de tenista fue utilizado por primera vez en 1883 por Major en su trabajo “Lawn-tennis elbow”.

El mal es provocado por movimientos repetitivos en los que se realiza la extensión de la muñeca, el estrés y la supinación del antebrazo, lo cual ocasiona una tendinitis que afecta los tendones de los músculos que se insertan en el epicóndilo: músculo extensor radial corto del carpo, músculo extensor común de los dedos, músculo extensor propio del meñique, músculo extensor cubital del carpo y músculo supinador corto.

La incidencia máxima de epicondilitis tiene lugar entre los 34 y 54 años. No se demostró aún diferencia en frecuencia entre hombres y mujeres, pero la lesión es más frecuente en el codo que corresponde a la mano dominante.

Además existe una relación clara con ciertas actividades profesionales o la práctica de deportes de raqueta.

En muchas ocasiones la epicondilitis se considera enfermedad profesional y está relacionada con la repetición continua de ciertos movimientos en algunas profesiones: pintores, trabajadores de la construcción, leñadores, mecánicos, carniceros, fontaneros, chapistas, tatuadores y carpinteros o ebanistas.

Y en la actualidad ciertas posturas inapropiadas al enfrentar un ordenador pueden también ocasionar la enfermedad.

Entre los síntomas se encuentran dolor en la parte externa del codo, sobre el epicóndilo. Dolor e impotencia funcional con los movimientos de extensión de la muñeca y supinación del antebrazo.

El objetivo del tratamiento es aliviar o eliminar el dolor y la inflamación. Las diferentes posibilidades son las siguientes:

Antiinflamatorios no esteroideos (AINES) administrados por vía oral en forma de comprimidos, o por vía tópica en forma de cremas o geles.

Reposo de la articulación. Implica reducción de las actividades que provoquen el dolor, disminuyendo el tiempo de actividad y la intensidad del esfuerzo.

Fisioterapia, mediante la aplicación de calor local, ultrasonidos, electroterapia, láser, técnicas de masaje, ondas de choque, realización de ciertos ejercicios y otras técnicas.

Existen en general pocos estudios que demuestren la superioridad terapéutica de alguno de estos procedimientos sobre el resto.

Las infiltraciones con corticoides inyectados alrededor del epicóndilo pueden resolver los episodios de dolor durante semanas o meses, aunque las molestias tienden a recurrir en un plazo mayor.

Es recomendable limitar los movimientos que producen la patología. Un estudio ergonómico del puesto de trabajo para evitar los movimientos repetitivos que provocan la enfermedad puede ser la clave de su curación.

Y por último está la cirugía. Está recomendada en ciertos casos que no responden a ninguna de las medidas anteriores.

También ciertas férulas que se conectan en el antebrazo pueden aliviar el malestar, incluso en etapas preliminares facilitar labores sin que los dolores impidan en movimiento necesario.
mem/rfc

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