Salud

Nuestra mirada

Cuando vemos para afuera, es para centrarnos en lo que los demás hacen, tienen o están viviendo

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Globos |

B. García |

Como dice el dicho: “el ojo nunca ve pa’ dentro, sino pa’ fuera”. Y, por lo general, cuando vemos para afuera, es para centrarnos en lo que los demás hacen, tienen o están viviendo. Es cuando aparecen los comentarios, los juzgamientos, la envida, comparaciones y los pensamientos debilitadores para con nosotros mismos.

Una práctica, poco alentadora para quien realmente desea tener el control o, al menos intentar, llevar las riendas de su vida. En vez de enfocarse en sí mismos, algunos aseguran que están viendo en qué andan los demás, pues del mal ajeno aprenden, ya que, como también dicen: “de sabios es observar los errores ajenos, para aprender a no cometerlos”.

Otros abrazan la tendencia que asegura que: “el tonto no aprende nunca de sus errores, el genio aprende de sus errores y el sabio aprende de sus errores y de los ajenos”.

Sin embargo, yo me pregunto: ¿Por qué para la mayoría es más fácil ver los “problemas” ajenos que los propios?; ¿No empieza la limpieza por casa?; ¿En realidad será sabio aprender de un error ajeno si ni siquiera hemos probado ni tenemos certeza de si en nuestro caso obtendríamos los mismos resultados?; ¿Limitamos nuestra vida al estar viendo los errores ajenos?; ¿No vamos a intentar algo porque a alguien que ya lo intentó no le fue tan bien?; ¿ Son los errores ajenos una advertencia o una barrera para andar con cautela o ser más ágiles que quienes los comenten?; ¿No se supone que la vida es prueba y error y eso es parte de nuestra naturaleza humana?; ¿Por qué tratar de evitar el proceso de aprendizaje al meter la pata cuando lo importante es obtener la lección?…

En este tema hay mucha tela que cortar, pues aunque lo que los demás hagan puede darnos una señal de alerta o precaución, tampoco quiere decir que porque alguien obtuvo un mal resultado o experiencia respecto a una situación a todos nos debe a ir igual.

Cada quien habla por su propia experiencia y de una misma situación hay muchos puntos de vista. Quizás el ver lo que otros hacen nos aliente a que seamos más prevenidos o precavidos, pero esto es como las medicinas o los remedios, a unos les quita el dolor y a otros ni cosquillas les hace, no les surte efecto.

Además, el hecho de vivir nuestras propias experiencias y errar, es parte de la vida misma y lo importante es saber que no existen errores o problemas, sino lecciones de aprendizaje y, asumir, incorporar el aprendizaje que dejan en nuestras vidas para evitar que vuelvan a suceder o ser reincidentes.

Se trata de aprender la lección. Cuando esto sucede, el tiempo todo lo cura porque la persona madura, ya que hemos aprendido de lo sucedido y lo vemos como algo que nos ayuda a crecer, a mejorar.

Quizás en el momento que nos sucede algo —sea en plano personal, profesional, espiritual, emocional, íntimo, de pareja, en la salud, en las relaciones con los demás— no sea tan agradable, pero si que nos preguntamos: ¿Qué bueno puedo sacar de esto que me está sucediendo?; ¿Qué desea la vida que aprenda de esta situación? ;¿Qué hay de positivo detrás de esto?, siempre saldremos adelante, ya que en la vida lo que importa es la actitud.

Se supone que las equivocaciones nos llevan a la sabiduría, no a un futuro error. Es bueno, permitirnos obtener enseñanzas al raspar nuestras rodillas y lastimarnos los codos al caer, por decirlo de alguna manera.

Y es que si nos basamos en lo que los demás han tenido que afrontar o en nuestras mismas experiencias para limitarnos a dar pasos hacia nuestras metas, nuestra evolución personal, profesional y espiritual, estaríamos dejando de creer en nuestro poder creador ya que somos nosotros mismos los que creamos diferentes situaciones y, lo que experimentamos no es más que resultado de en lo que nos hemos concentrado.

De hecho, una situación se puede vivir muy diferente hasta por la misma persona debido a la actitud. Una de las reglas para el éxito es investigar qué han hecho personas que ya tienen lo que uno desea para llegar hasta ahí. Conocer sus tácticas, sus pasos, cómo piensan, su historia. Eso nos permite tener un patrón de admiración y establecer como punto de referencia ciertos parámetros que, como mínimo, debemos cumplir para llegar a donde deseamos. O al menos, explorar ese mismo camino y estar abiertos a ir ajustando los pasos.

Tome en cuenta lo que los demás dicen, evite la comparación o la envidia y tenga la humildad para pedir ayuda, para solicitar a esas personas que ya han transitado por donde usted desea pasar que le guíen, le aconsejen, o bien investigue sobre ellos y qué los llevó al éxito.

Vea solamente el lado bueno de los demás. Sí, cometieron “errores”, tuvieron

lecciones de aprendizaje, pero usted aproveche cómo lo superaron ellos y no se concentre en que no puede errar. Eso es de humanos.

Bien dijo Bertrand Russell, “quien quiera aumentar la felicidad debe potenciar la admiración y disminuir la envidia”, si todos aplicáramos eso, el mundo sería otro. Le invito a concentrarse en lo bueno de cada persona, a resaltar sus habilidades, sus dones, la forma en que han superado ciertas situaciones y desde ahí aprenderlo, hacerlo suyo para crecer como persona y lograr lo que desea.

Mel/Bga

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