Salud

Hábitos tóxicos

No son las dificultades las que nos llevan por el camino de la amargura, sino nuestros hábitos

infelicidad
Hábitos tóxicos |

B. García |

No siempre las personas tóxicas, los malos momentos o las adversidades nos provocan infelicidad. En muchas ocasiones, más de las que creemos, esta nace de nuestro proceder. Mediante hábitos tóxicos que repetimos sin pensar por qué se han convertido en parte de nuestra rutina. Además, en vez de analizarlos y transformarlos, optamos por culpar a la suerte mientras nos sumergimos en la amargura.

Está claro que ser feliz todo el tiempo es un imposible. Sin embargo, sí es factible mantener un cierto equilibrio y bienestar emocional. Esto es sencillo cuando todo va bien. El problema reside cuando aparecen los obstáculos o tenemos que computar un retroceso, algo que sucede muy a menudo.

Por inercia, continuamos llevando a la práctica esos hábitos tóxicos, que por definición: cuanto más los ejecutamos más difícil nos resultará “escapar” de ellos. Se han convertido en un círculo vicioso en el que nos sentimos atrapados.

Muchos de nosotros nos sentiremos identificados con los hábitos tóxicos que a continuación mencionaremos. Es curioso porque forman parte de nuestra vida, eso sí, sin darnos cuenta de lo mucho que influyen negativamente en ella. Una de estas costumbres, tan humanas, es la de desear aquello que no tenemos. Infravaloramos lo que poseemos, anhelamos más y más…

El estancamiento emocional, es aquella circunstancia en la que no vamos hacia adelante, pero tampoco hacia atrás. Nos encontramos en la famosa zona de confort que nos atrapa, impidiéndonos crecer y progresar, avanzar y sentirnos realizados.

Otro hábito tóxico que ponemos en práctica es el del piloto automático. Ese momento de nuestras vidas en el que no prestamos atención al presente, no lo saboreamos. Avanzamos sin detenernos a pensar en lo que estamos haciendo. Es como si caminásemos por un bosque sin pararnos a contemplar el maravilloso paisaje que se extiende a nuestro alrededor. Nos alejaríamos de la realidad, no disfrutaríamos del aquí y el ahora y nos perderíamos un gran placer.

Buscar la aprobación de los demás también es un hábito muy tóxico. Jamás haremos nada porque nos apetezca, sino porque así está mejor visto por los otros.

Hacerse la víctima, se puede decir que es el más tóxico de los hábitos, es para muchas personas un recurso para conseguir atención, entre otros privilegios, pero esta costumbre lleva implícita muchas otras prácticas que provocan que nos sumerjamos en una realidad bastante desdichada.

Hacernos la víctima provoca que nos aferremos a todas esas emociones negativas que tendríamos que intentar soltar, las cuales necesitamos para dar lástima y no hacernos responsables de lo que nos está sucediendo. Cerrar los ojos, abrazar la negatividad, provocará que alberguemos ira y resentimiento en nuestro corazón.

Relacionado con esto se encuentra el terrible hábito de negar la realidad. Cuando esta no es la que nos gustaría observar, simplemente le damos la espalda y la negamos. Sin embargo, hacer esto no evitará que esta, esté ahí. Seguirá existiendo por mucho que no la queramos ver y, sin duda, nos azotará de forma fuerte y violenta llegado el momento.

En conclusión, existen muchos hábitos tóxicos que llevamos a cabo en nuestro día a día y de los que necesitamos desprendernos para sentirnos bien. Sin duda, el último -hacerse la víctima- es el más complicado de abordar. Pues no tener la capacidad de ser autocríticos y de aceptar nuestros errores, impedirá que seamos conscientes de todas estas costumbres que hemos incluido en nuestra rutina y que nos hacen sentir miserables.

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