Salud

Cortisol, la hormona del estrés

Nuestro cuerpo la produce ante situaciones de tensión para ayudarnos a enfrentarlas

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Estrés |

B. García |

El cortisol es una hormona que actúa como neurotransmisor en nuestro cerebro. Considerada por la comunidad científica como la hormona del estrés, nuestro cuerpo la produce ante situaciones de tensión para ayudarnos a enfrentarlas. La liberación de esta hormona está controlada por el hipotálamo, en respuesta a situaciones de  estrés y a un nivel bajo de glucocorticoides en la sangre.

El estrés es una emoción/estado emocional que genera tensión física. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que nos haga sentir frustrados, furiosos o nerviosos. En pequeñas dosis el estrés puede ser positivo, como cuando nos ayuda a evitar un peligro o a cumplir con nuestros propósitos. Sin embargo, cuando el estrés pasa de ser una emoción puntual a una emoción recurrente o a un estado emocional, puede dañar nuestra salud.

Mediante nuestra forma de pensar, creer y sentir podemos condicionar nuestros niveles de cortisol. La evidencia científica, demuestra que al modificar nuestros pensamientos en cierta manera estamos modificando la actividad bioquímica de las células nuestro cerebro.

La falta de sentido del humor, estar irritados constantemente, tener sentimientos de ira persistentes, cansancio permanente sin haber realizado un esfuerzo que lo justifique y falta de apetito o gula desmesurada son posibles indicadores de niveles elevados de cortisol en nuestro cuerpo.

Dependiendo de nuestro carácter y de cómo nos tomemos la vida, generaremos cortisol o serotonina.

Las situaciones que interpretamos como estresantes aumentan nuestros niveles de cortisol, pudiendo perjudicar la calidad y la duración de nuestro sueño. El cortisol, pese a lo mal que lo hemos pintado, tiene que tener un nivel basal durante el día para mantenernos despiertos y activos, reduciéndose durante la noche.

Los niveles de cortisol también son variables dentro de la propia jornada: hay personas que son más activas por la mañana y otras a las que hasta después de comer no cogen un ritmo con facilidad. No obstante, lo normal es que vaya reduciéndose gradualmente a medida que transcurre el día, alcanzando niveles mínimos cuando llega la hora de conciliar el sueño.

Sin embargo, si los niveles de cortisol no disminuyen por la noche, debido a que la respuesta de estrés se mantiene activa, lo normal es que encontremos dificultades para conciliar el sueño.

El cortisol juega un papel importante en nuestra salud y bienestar, elevando sus niveles con cada problema que identificamos como una amenaza. Cuando nuestros niveles de cortisol son óptimos, nos sentimos mentalmente fuertes, claros y motivados. Cuando nuestros niveles de cortisol son bajos, tendemos a sentirnos confundidos, apáticos y fatigados.

Regular el estrés es importante y en muchos casos no es sencillo. En un cuerpo sano, la respuesta al estrés aparece para luego permitir que la respuesta de relajación asuma el control. Cuando nuestra respuesta al estrés se activa con demasiada frecuencia, es más difícil de apagar y por lo tanto es más probable el desequilibrio. Por otro lado, cuando el estrés se mantiene y la ansiada relajación no llega, enfermamos.

El estrés es la vía por la que el cuerpo trata de solucionar un problema, pero cuando la situación se hace recurrente, este puede provocar enfermedades como la diabetes, depresión, resistencia a la insulina, hipertensión y otras enfermedades autoinmunes.

La respuesta de nuestro cuerpo al estrés tiene una naturaleza protectora y adaptativa. Por el contrario, la respuesta al estrés crónico produce un desequilibrio bioquímico que, a su vez, debilita nuestro sistema inmunológico frente a determinados virus o alteraciones.

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