Salud

En silencio ha de ser…

Cuando tenga un deseo o un propósito en mente, sea cauto, prudente

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Cuando desees algo evita comentarlo con ciertas personas |

B. García |

Cuando tenga un deseo o un propósito en mente, sea cauto, prudente. Cuídese de con quien comparte sus anhelos, porque aunque no lo crea, abundan en exceso los apagadores de ilusiones, los que envidian sus sueños, los que se adelantan en esos mismos objetivos y, por supuesto, las personas que más tarde le juzgan en base a lo que haya logrado.

Algo que todos sabemos es que no siempre es fácil identificar a las personas que son dignas de confianza. Es más, lo que hacemos muchas veces es colocar en las manos, las mentes y corazones ajenos la visualización de un todo, un proyecto vital. Ejemplo de ello serían esas veces en las que buscamos la cercanía de nuestros padres y hermanos para comentar con ellos nuestro deseo de alcanzar tal cosa, de emprender ese viaje, de arriesgar con esa relación…

Al poco, y casi sin que lo esperemos aparece la mueca de escepticismo, la mirada que ironiza y la palabra que cercena la efervescencia de nuestras ilusiones. “Quítate eso de la cabeza, es una tontería”, “te digo esto porque te quiero, pero lo que estás pensando está por encima de tus posibilidades, sé objetivo y abandona esa idea”….

Esas y otras más suelen ser alguna de las frases más comunes a las que nos solemos enfrentar. Aunque también abundan, cómo no, los que no dicen nada y nos hacen creer que están con nosotros, que contamos con su ayuda, con su complicidad y su cercanía. Sin embargo, en el momento más inesperado aparece la pequeña traición o la inesperada decepción.

Ante la duda, cautela. No obstante, lo que nos sucede muchas veces es que la propia ilusión de ese proyecto y la chispeante emoción del novedoso proyecto hacen que abramos demasiado nuestros filtros, hasta el punto de compartir con las personas menos acertadas la información menos adecuada.

Es sabiduría llegar a comprender con quién debemos compartir ciertas cosas y con quién no llega con el tiempo y la implacable experiencia. Poco a poco, entenderemos que hay perfiles doctorados en cortar alas ajenas, habilidosos maestros en cercenar ilusiones con el fin de que nadie sea más que ellos. Porque si osamos a ser más libres, más capaces y más felices, es para estas personas todo un sacrilegio.

El tiempo nos enseñará también que es mejor ser discretos, cuidar las palabras y luchar por nuestros sueños con determinación y en silencio. Hacerlo dejando a un lado tanto las aprobaciones ajenas, como las posibles críticas o comentarios que en un momento dado serían como una alambrada en el camino.

Aprendamos por tanto a elegir bien en quien confiar, sin olvidar nunca que es la propia confianza en nosotros mismos la que nos acerca a los objetivos más altos, a los más valientes.

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