Salud

Confiar en todos es insensato

Pero no confiar en nadie es neurótica torpeza

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Desconfianza |

B. García |

La confianza es posiblemente la entrega más frágil que hacemos las personas. Es algo que ganamos a cucharitas de café y que cuando la perdemos lo hacemos al por mayor. Además es curioso, porque a medida que las personas ganamos en años esto se polariza todavía más.

La experiencia suele dictar prudencia a la hora de entregar nuestra confianza: la hemos visto traicionada en tantas ocasiones que tendemos a guardarnos para nosotros una parte cada vez más grande. Así, la vida nos suele volver más cordiales, pero también más desconfiados.

Que confiemos en alguien no significa que pensemos que es menos que nosotros y tampoco es una falta de respeto. Piensa que la confianza tiene que ver con la entrega, con el apoyo de una parte de nosotros que podemos perder en caso de que este falle. El respeto tiene que ver con el reconocimiento y la habilitación de la otra persona para relacionarse con nosotros.

Los estudios han identificado variables que influyen en el depósito de la confianza. Cuanto más semejante a nosotros es la persona más rápido le entregamos. A las personas que van con niños, personas mayores o con animales también tendemos a entregársela rápido.

Entendemos que si alguien se ha fiado de ellas para que se encarguen de algo tan valioso es que deben ser confiables. También le entregamos la confianza más rápido a quienes comparten nuestras aficiones ya que podemos mantener largas conversaciones con ellos sin entrar en temas personales.

Por otro lado, la reflexión más bonita que podemos hacer respecto a la confianza es la preciosa sensación de ser dignos de ella para las personas que nos quieren y que sepan que no les vamos a traicionar, sino que intuyan que vamos a ser los primeros en estar ahí cuando nos necesiten.

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