Salud

La violencia indirecta

Más allá de las situaciones conflictivas entre cónyuges, se encuentra un abismo de posibilidades, temores y dudas, que afecta al núcleo familiar, repercutiendo tanto de forma directa como indirecta en los hijos

NIÑO
El maltrato psicológico y la violencia familiar afectan a los niños de rebote |

B. García |

El maltrato psicológico en la familia o violencia familiar, a veces se encuentra camuflado tras la educación, teniendo como objetivo quebrantar la voluntad del niño/a para convertirlo en un ser obediente y dócil. Los niños ante estas situaciones son incapaces de reaccionar, encontrándose bajo la dictadura del silencio debido a la autoridad de los adultos.

El maltrato psicológico dirigido a los niños se asoma a través de la violencia verbal, los comportamientos de desprecio, la repulsa afectiva, la educación contradictoria y las exigencias desproporcionadas en relación con la edad del niño. Este tipo de violencia familiar, que nunca resulta insignificante, puede ser ejercido de manera indirecta o directa.

Este tipo específico de maltrato psicológico, la violencia familiar, les afecta a los niños de rebote, ya que la violencia se ejerce sobre el otro miembro de la pareja, al que se intenta destruir, salpicando de este modo a los niños. La destrucción que tiene como objetivo el progenitor agresor, utiliza los medios de la comunicación verbal (desprecios, descalificación total, insultos, mentiras, etc.), como no verbal (muecas, señalamientos, etc.,)  así como la destrucción de objetos físicos, conductas violentas como golpes, engrandecimiento de los hechos pasados, entre otros.

Los niños por lo tanto se convierten también en víctimas, porque están ahí y porque de alguna manera se niegan a distanciarse del progenitor agredido. Son testigos del conflicto, recibiendo toda la maldad que la situación conlleva. De este modo los niños comienzan a aislarse, perdiendo la capacidad de individuación, debido a la situación en la que se encuentran inmersos.

Esta situación de aislamiento, puede tener graves consecuencias sobre los niños, ya que si no encuentran por sí mismos un modo de abordarlo, llevaran a su espalda una carga de sufrimiento que reproducirán en otros lugares, con otras personas y en otras situaciones.

Para los niños, la violencia familiar es una situación muy dificultosa, pues se encuentran bajo las órdenes de un solo progenitor, mientras que el otro, aquel que está agredido de forma perpetua, rara vez puede ayudarles si no es con una escucha cargada de sufrimiento. Incluso, puede agravarse la situación cuando el progenitor que no agrede, se aleja y deja al niño solo para que haga frente al desprecio del otro.

Quizás vemos esta situación como lejana a la realidad, lo cierto es que resulta ser más frecuente de lo que creemos. Por ello, no viene mal, repasar nuestros hábitos y conductas de vez en cuando, con el objetivo de modificarlas si fuese necesario, porque violencia no es solo que levantemos la mano a un hijo o que lo golpeemos, sino también mediante el acto de humillar, criticar y despreciar.

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