Salud

Si no quieres envejecer, no envejezcas

La teoría del antiaging

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Antiaging |

Hugo Luis |

Más viejo que Matusalén, esa frase suele escucharse o, la otra, uno no nace para semilla, esa también se oye pero de una forma o de otra, lo cierto es que nadie quiere envejecer y siempre buscamos la fuente de la juventud eterna.

Más allá del tema de los genes con los que nacemos, combinación de nuestros progenitores, y que ahora se sabe hay alimentos que los pueden dañar de tal forma que trasmitiremos esas deformaciones a nuestra descendencia; de alimentarnos correctamente, respirar buen aire… hay otros factores, incluso más simples, quizá, por ejemplo, mantener el corazón limpio de maldad, proponerse y aplicarlo, hacer el bien cada día por lo menos una buena acción.

Haga la prueba, hoy mismo haga la prueba, tiéndale la mano al que esta en el suelo y ayúdelo a levantarse y verá que es usted quien debe agradecer haber tenido la oportunidad de ayudar a alguien y cuando alguien nos diga, por ello, “Gracias”, responderle “Gracias a usted por permitirme ayudarlo”.

Subrayamos lo siguiente: No consiste en hacer una vida de asceta, aburrida, sin sobresaltos, como es el caso de estar enamorados, de lo que se trata es de volver a recordar lo bella que es la naturaleza, no la que vemos en el televisor, no por ello descartable, sino salir a ver a la calle, a hablar con la gente a ver el día. ¿Usted recuerda la última vez que se detuvo a observar las estrellas?

Ahora vamos a analizar otros factores, sin dejar de tener en cuenta los anteriores, y ya veremos.

El estilo de vida es causante de gran parte del deterioro físico que mostramos y por eso se habla hoy cada vez más de proaging, es decir, una madurez llena de vitalidad, sin achaques.

A Picasso, que falleció a los 92 años y en plenas facultades creativas, se le atribuye la siguiente frase: “Cada vez que me dicen que soy demasiado mayor para hacer algo, lo hago inmediatamente”.

De manera empírica, el maestro había puesto en práctica una de las maneras más eficaces de luchar contra el deterioro de la edad, mantenerse activo y como hoy ser nonagenario ya no es muy excepcional; y dentro de 30 años será más habitual es cada día más imperiosa la necesidad psicológica y física de llegar a viejos sin ser decrépitos y ello está avalado por una nueva disciplina científicas, la medicina antiaging.

¿Cómo funciona? ¿Conseguiremos ser jóvenes con 80 años y lograremos frenar el envejecimiento?
Investigadores de todos los ámbitos se afanan por hallar el gen o genes de la longevidad, desvelar el porqué del deterioro físico y mental, descifrar la bioquímica hormonal o explicar las razones que irremediablemente nos conducen a la muerte.

Envejecer, de momento, no tiene cura; sin embargo, como dijo el actor Martin Held, “todo el mundo quiere llegar a viejo, pero nadie quiere serlo”. Y ante la halagüeña perspectiva de ser octagenario que nos depara la esperanza de vida, todas las disciplinas implicadas han abierto una nueva vía de investigación en la que el estudio del envejecimiento es el rey.

Aquí le proponemos algunos tips y sus razones

1. Controlar el consumo de alcohol. Deshidrata y aumenta la producción de radicales libres.

2. No fumar. Los fumadores envejecen 2,5 años más por cada década que los no fumadores.

3. Tener pareja estable. El sexo libera hormona del crecimiento que ayuda a mantener la elasticidad de la piel.

4. Ejercitarse con moderación. Tonifica todo el cuerpo, da buen estado de ánimo y el cerebro lo agradece. Incluya, si es su deseo, también yoga o taichi.

5. Reírse con los amigos. Reduce el estrés, que acelera el acortamiento de los telómeros. Una carcajada es magnífica para nosotros o quienes nos rodean, incluso si hay alguien del otro lado del teléfono.

6. Protegerse del sol. Es el principal agente externo de envejecimiento.

7. Resumen del día. Al final de día, haga un resumen de lo que hizo, le faltó por hacer y lo que piensa realizar el próximo día. Lo ideal es compartirlo con la pareja.

8. Al acostarse. Pase revista por las camas de sus ancianos, si aún tiene la dicha de tenerlos; mire a sus hijos dormir y váyase en paz a dormir.

Los autores de la teoría que mencionamos, antiaging, son los doctores Julián Bayón, responsable de la unidad de control del envejecimiento de la Clínica Iván Mañero y Manuel Sánchez de la Clínica Planas, en España, y su tesis aparece en el libro Antiaging, vive más años sintiéndote más joven (Bresca).

Ellos afirman que “No es una medicina contra el envejecimiento, sino del envejecimiento, pensada para personas que desean cuidarse y envejecer con salud” o, lo que es lo mismo, no sirve para quitarse arrugas o ir contra el paso del tiempo.

La idea de las terapias antiaging consiste en estudiar todos los factores que intervienen en el proceso de envejecimiento y que afectan a la salud y la calidad de vida para controlar posibles males, amortiguarlos o evitar que aparezcan.

“Es una disciplina preventiva, predictiva y regenerativa”, añaden, “no estudia el envejecimiento en abstracto, sino en cada persona”.

La edad

Son dos distintas: la cronológica y la biológica.

Las huellas del tiempo cambian según el individuo, su herencia genética, hábitos y condiciones ambientales y de ahí que todos tengamos dos edades: la de nuestra inscripción de nacimiento o edad cronológica, y la que nos dicta el estado de nuestro organismo o edad biológica.

Hay quien supera los 50 años sin necesidad de usar gafas y quien no le queda más remedio que colocárselas a los 20: que una persona tenga una presbicia temprana, que no quiere decir más en envejecimiento, no significa que los demás órganos vitales hayan envejecido del mismo modo.

No hay una fórmula infalible para calcular la edad biológica, pero la medicina antiaging, a través de diferentes mediciones y análisis, es capaz de averiguar el estado real de la mente y el cuerpo.

“Cuantos más parámetros podamos medir, mejor idea nos podremos hacer de si una persona está mejor o peor en comparación con la población de la misma edad cronológica y aplicar el adecuado tratamiento antiaging”, aseguran afirman Mañero y Sánchez.

Según la OMS, los azares biológicos o la genética que influyen en el envejecimiento y condicionan nuestra salud se elevan a un 27 por ciento, el estilo de vida un 43 por ciento, el sistema sanitario un 10 y los factores culturales y psicosociales un 20 por ciento.

Así, nuestra forma de envejecer está sometida casi en un 70 por ciento a la tiranía de acontecimientos aleatorios, al azar. Aleatorio o programado, el proceso de envejecer es imparable, pero sus consecuencias se pueden prevenir y paliar que es lo que preconiza la medicina antiaging o medicina del envejecimiento, cuyos argumentos de actuación se basan en ambos criterios y las teorías que la sustentan.

Nunca es tarde para cuidarse, menos ahora

¿A qué edad conviene realizar este tipo de tratamientos para que ser viejo no sea un lastre personal y ajeno? Es la pregunta del millón. “De 40 y 50 años es perfecto, pero también se obtienen muy buenos resultados en edades posteriores”, afirma Jesús Benito, de Antiaging Group Barcelona. Someterse a una terapia antiaging no es comprar una píldora de la eterna juventud.

Aunque cada clínica tiene un proceder diferente, en todos los centros notables lo dejan claro desde el principio: hacerse un tratamiento de este tipo no significa quitarse 15 años ni que a uno le den las coordenadas para viajar a la juventud.

Esta terapia no es más que un estudio profundo del estado físico y mental y del funcionamiento del organismo, que servirá para prevenir males en el futuro, enfermedades oportunistas, corregir los presentes y ponerse en plan para toda la vida.

Para conocer el estado de los órganos vitales se estudian la sangre, la saliva y la orina. Son los denominados biomarcadores objetivos. Por otro lado, se miden los subjetivos como los síntomas externos, es decir, digestivos, cardíacos, psicológicos, motores o sociales.

Toda esta información, junto con un exhaustivo historial familiar y personal realizado por médicos de distintas disciplinas, forman el conjunto de datos para establecer un plan de actuación absolutamente personalizado que incluye: dieta, programa de ejercicios mentales y físicos, y receta de las vitaminas y minerales que sean adecuados. Además, todas las clínicas proponen un plan de seguimiento que irá cambiando según las necesidades que se planteen.

¿Hasta cuándo se puede vivir?

La gran pregunta no es hasta cuándo vivir, sino hasta cuándo vivir con calidad de vida, deseando vivir.
Hay quien ha llegado a los 122 años. Un caso raro, claro, pero que gracias al aumento de la calidad de vida, los avances científicos y los recursos higiénicos sanitario podrían alcanzar muchas personas en los próximos decenios.

¿Cómo? Además de por herencia genética de la longevidad porque que llegar a nonagenario también se hereda, ya conocemos, la ciencia nos los dice cada día, que el futuro nos depara sorpresas prodigiosas en génica, nutrición farmacopea… que nos ayudarán a ser jóvenes con 80 sin pócimas milagrosas, sino por logros científicos.

Los chips genéticos, por ejemplo, que ya permiten conocer la susceptibilidad individual ante problemas tan comunes como las enfermedades cardiovasculares, neurovegetativas, diabetes o cáncer, y detectar los riesgos y evitarlos antes de que la enfermedad aparezca, es decir, mediante el diagnóstico precoz; y por otra parte, gracias a la acción farmacológica.

Para explicarnos mejor: entramos en la era de las ciencias genómicas, la que se basa en el estudio y comprensión de la genética, que darán lugar, por ejemplo, a la nutrigenómica, capaz de valorar con una gota de sangre que alimentos son más beneficiosos o perjudiciales en función de nuestros genes; las dietas serán personales e intransferibles y además del sobrepeso, evitarán muchas enfermedades asociadas al comer por exceso o por defecto.

La farmacogenómica, por su parte, será capaz de intervenir en la activación de los genes que nos protegen frente a determinadas enfermedades y silenciar las que las potencian.

Eternamente no, pero vivir muchos más años y en buenas condiciones es una promesa que se cumplirá. Las bellezas septuagenarias, recordemos a Jane Fonda o Lauren Bacall, no serán ya solo cosa de Hollywood, el bisturí o los retoque; sino que llegar a los 55 como Sharon Stone será tan frecuente como tener el primer hijo, a partir de los 35, algo impensable hace 20 años.

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