Salud

Ese sexto sentido llamado intuición

Es indispensable darle el lugar que le corresponde

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Ese sexto sentido que no debemos perder jamás |

B. García |

Nuestro cerebro funciona manejando una gran cantidad de información inconsciente tras el telón, sin declararnos que lo está haciendo. Sin embargo, la consciencia sobrevalora su capacidad de control y pensamos que podemos gobernar absolutamente todo. Solo a veces conseguimos darnos cuenta de que algo está sucediendo en nuestra mente, que algo no va bien o que una persona no nos gusta.

Podemos formarnos la imagen de una persona en unos instantes, en concreto basta con sólo 6 segundos.  A esto solemos llamarlo sexto sentido pero, el hecho de evaluar cualquier cosa como buena o mala en menos de un cuarto de segundo puede traernos problemas.

Discriminar con rapidez quién puede ser o no peligroso para nuestra integridad física o emocional, quién está enfadado, triste, contento o temeroso es un pilar importante para nuestro bienestar y nuestra supervivencia.

En relación a esto, parece que existe fundamento para afirmar que, en la actualidad, las mujeres tienen una mayor capacidad para discriminar y leer rápidamente las emociones ajenas, saber si se está fingiendo, mintiendo o si una pareja se quiere de verdad.

Manejar estos indicios se convierte en una acción automática y conforme nos vamos haciendo mayores explotamos más nuestra destreza intuitiva. Así, en temas amorosos el poder de la intuición cobra mayor importancia ya que, aunque no sepamos exactamente qué es lo que nos lleva a pensar que alguien nos quiere o no, no nos solemos equivocar (otra cuestión es que nos hagamos caso o no). Por lo tanto, parece que el corazón sí que tiene razones para guiarse por este sexto sentido.

La intuición se convierte, simple y llanamente, en el reconocimiento de las situaciones, de los tipos de personas o de las consecuencias que tendrá lo que hacemos o hacen los demás, pero esta también puede volverse peligrosa y es aquí donde sentir en exceso y no pensar lo suficiente nos puede pasar factura.

Como aprendizaje de vida, adquirimos una destreza intuitiva que nos permite realizar juicios sin esfuerzo y actuar de forma rápida. No obstante, podemos equivocarnos, de hecho lo hacemos con frecuencia.

Estos mismos atajos que nos proporciona nuestra intuición pueden conllevar errores gravísimos. Un claro ejemplo lo tenemos con noticias en las que vemos como policías que actúan de forma negligente por prejuzgar que un individuo es peligroso por ser africano, hispano o árabe o cuando nos dejamos llevar por lo que sentimos sin ver que la persona a la que tenemos al lado nos está haciendo daño.

Por esta razón, debemos contenernos e intentar elaborar mentalmente situaciones hipotéticas en las que nuestros prejuicios puedan actuar equivocadamente. Es decir, no debemos desesperarnos cuando nos damos cuenta de que estamos actuando por suposiciones o sentimientos reflejos y sin un gran fundamento. No hay misterios, lo importante es como actuamos cuando nos percatamos: es importante que los sentimientos no nos dominen y que los vigilemos y compensemos a la hora de actuar.

Es indispensable darle a nuestra intuición el lugar que le corresponde: debemos de tenerla en cuenta en la misma medida en la que debemos de confrontarla con la realidad. Ser un jugador visceral conlleva sus riesgos, pero no podemos olvidar que el pensamiento crítico y la postura más inteligente comienzan a dar sus frutos cuando escuchamos a ese yo interior que nos grita en silencio.

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