Salud

La conducta de un niño en edad preescolar

La edad preescolar está comprendida entre los 3 y los 6 años de edad, es el paso del jardín hacia la escuela en su fase preescolar

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Niños en edad preescolar |

Redacción Central |

La edad preescolar está comprendida entre los 3 y los 6 años, es el paso del jardín hacia la escuela en su fase preescolar. El pensamiento del niño en esta fase es todavía en alto grado global, está determinado, en gran parte, por sus sentimientos y no siempre se distingue por tener carácter objetivo, sino, más bien , por la relación que guarda con deseos o temores personales (pensamiento orientado por los deseos).

El ejemplo a continuación nos expresa la conducta perceptiva del niño preescolar:

Su maestra se acerca al aula con una ardilla disecada donde se encuentran niños de 4 a 5 años de edad, se oye el entusiasmo y euforia de los niños debido a su afectividad, corren hacia la maestra para observar el animal disecado de cerca y si se les permite le pasan la mano. Los niños se expresan con frecuencia en términos que no guardan con el animal disecado una relación objetiva muy estrecha, pero sí una relación subjetiva, vivencial.

Comienzan a contar de sus encuentros con ardillas, de las láminas de sus cuadernos que representan a este animal, etc. Pero no están en condiciones de poder responder a ciertas preguntas; si se les interroga después de guardado el animal, sobre sus propiedades, color de piel, de los ojos, largo de la cola, etc., se recibirán muchas respuestas desacertadas. A veces ni el número de patas han visto bien, no saben si presenta 4 o 6 patas el animal. De esto puede deducirse que el niño preescolar percibe todavía globalmente. Los detalles del objeto son para él poco observables o se le escapan del todo.

En el pensar del niño preescolar la fantasía creadora tiene gran importancia. Gracias a su fantasía interpreta subjetivamente hechos objetivos. Es frecuente que el niño no distinga entre lo real y lo que él añade mentalmente, entre lo que en realidad ha experimentado y lo que sólo ha imaginado. Así, a menudo se alteran en las vivencias del niño los aspectos de la realidad con interpretaciones fantásticas.

El niño comienza en esta edad a fanfarronear, exagera mucho cuando relata aun propias experiencias o a describir, como vividos por el mismo, sucesos que solo conoce de oídas. Los adultos no tienen por qué tomar tan en serio estas fanfarronadas. De ningún modo se les debe considerar, ni llamar ¨mentiras¨, ni imponer por ellas fuertes castigos. Si esas fanfarronadas se repiten con frecuencia, debe hacerse reconocer al niño que ha sido víctima de una ilusión, hablando con él amistosa y comprensivamente.

El interés  que se le va despertando al niño por llevar a términos las cosas lo capacita cada día más, para vencer aquellos períodos de la actividad diaria que no le proporcionan ningún agrado, cuando es necesario realizar tareas escogidas por él o que le han sido señaladas.

Se considera al niño maduro cuando está en condiciones de incorporarse a una comunidad de niños de su misma edad y de adquirir conocimientos en el seno del grupo. La mayoría de los niños alcanza ese estado de desarrollo en el curso de su sexto año de vida.

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