Salud

El poder de la esperanza

La esperanza tiene dimensiones tanto espirituales como psicológicas. Espiritualmente, la esperanza tiene que ver con la fe, con creer y tener confianza en algo, aunque no lo veamos

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La esperanza |

Redacción Central |

De acuerdo con el diccionario, la esperanza es un estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible aquello que anhelamos, nos brinda la fortaleza para poder seguir adelante cuando todo parece que está perdido, nos brinda consuelo en nuestros peores momentos, nos inspira, nos ayuda a ser perseverantes, a lidiar con lo difícil hasta con lo que parece imposible de sobrellevar.

La esperanza es como una palmada en la espalda, un abrazo en tiempo de angustia. Es confortante. Es como una manta alrededor de los hombros. Nos hace sentir mejor casi instantáneamente, nos reconforta, pero no nos mueve a actuar.

El hecho de que tengamos esperanza en nuestras vidas depende de encontrar causas permanentes y universales para los sucesos positivos y considerar que los hechos adversos son transitorios y específicos (aplicados a una situación en particular que no contaminará el resto de nuestras experiencias). Escoger esta manera de pensar nos permitirá recuperarnos de los contratiempos rápidamente y caminar seguro hacia el éxito en cualquiera de sus áreas.

La esperanza tiene dimensiones tanto espirituales como psicológicas. Espiritualmente, la esperanza tiene que ver con la fe, con creer y tener confianza en algo, aunque no lo veamos. Desde el punto de vista de la Psicología, la esperanza se relaciona con las metas y el sentido de agencia personal. Es un conjunto de ideas y creencias que nos ayudan a encontrar caminos para alcanzar nuestras metas.

Las investigaciones revelan que las personas con más esperanza tienen menores índices de depresión y se sienten más satisfechos con su vida, tanto si se trata de jóvenes como de ancianos. También se ha visto que la esperanza nos ayuda a manejar el estrés. Un aspecto especialmente interesante de la esperanza es que se asocia fuertemente con el sentido de la vida, con creer que nuestra vida tiene significado y propósito.

Las personas que tienen altos niveles de esperanza tienden a conectarse mejor con los demás, pues les interesan no sólo sus propias metas, sino las de las otras personas y son más capaces de considerar diferentes perspectivas o puntos de vista.

De no ser por la esperanza, muchos de nosotros ni siquiera estuviéramos vivos. La esperanza nos mantiene despiertos, nos da esa capacidad de seguir soñando, de alcanzar las metas y de trabajar cada día más por todas las cosas que queremos alcanzar en nuestras vidas.

Jamás perdamos la esperanza, porque esta es la luz que alumbrará nuestro camino.

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