Salud

¿Ser malhablado es sólo de marginales o es una enfermedad?

La coprolalia es una enfermedad neurológica que afecta a los impulsos del habla que resulta en el uso incontrolable e involuntario de palabras y frases consideradas ofensivas y socialmente inaceptable

Coprolalia
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Redacción Central |

La mayor parte de los sujetos mencionan eventualmente groserías entre amigos o en familia, sobre todo en momentos en los cuales está presente alguna emoción como el miedo, la rabia o la alegría. Sin embargo, lo normal es que no se digan en la escuela, en el trabajo, en las Iglesias, frente a personas que se respeten, ni en público.

Esta conducta en psicología es vista como un trastorno del lenguaje llamado Coprolalia, es típico de sujetos maniacos, catatónicos o de quienes padecen de esquizofrenia hebefrénica. 

Estos individuos presentan una tendencia patológica a pronunciar obscenidades. Los delincuentes y pandilleros generalmente hablan con desvergüenza, insolencia y con una descarada ostentación de sus vicios y lenguaje indecente. Proceden de esta forma para hacer notar que son malos, perversos e infundir miedo en sus víctimas a efecto de perpetrar sus crímenes.

Otros maldicientes son los maltratadores y abusadores de sus hijos o parejas, quienes intentan someter a sus cónyuges o niños atemorizándolos con palabras ofensivas. En algunas perversiones sexuales o parafilias algunas personas sienten placer sexual al hablar durante el coito haciendo uso de palabras groseras.

El lenguaje soez no se acepta socialmente y muchas naciones han legislado para evitar esta jerga. Todos los países del mundo han instituido normas para que no se permitan vulgaridades en los institutos educativos o en los medios de comunicación.

Usualmente, el insulto por parte de un maldiciente, a terceras personas, es penado por las leyes cuando se hace en público con la intención de difamar, calumniar, injuriar, ofender o deshonrar.

Hablar con groserías puede ser aceptado en la vida cotidiana de acuerdo al entorno cultural de una comunidad, entre seres queridos, miembros de una familia o de un grupo de amigos. Incluso en la sociedad, en momentos de sorpresa o de estrés, pero nunca puede ser la norma, sino la excepción a la regla.

El ser malhablado puede ser visto tanto por individuos con algún padecimiento mental como por desviados socialmente (marginales), la diferencia es que sólo aquellos que se expresan de modo inadecuado sin presentar problemas patológicos pueden modificar esta anomalía comunicativa.

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