Salud

Intranquilidad infantil, ¿trastorno o malacrianza?

Los niños inquietos, además de afectar a otros, también se perjudican a sí mismos

Hiperactividad infantil
Hiperactividad infantil |

Redacción Central |

En casi todos los grupos escolares de cualquier parte del mundo se suele encontrar a los llamados niños inquietos, quienes desarrollan una intensa actividad que frena su aprendizaje y entorpece el de sus compañeros de clases y juegos.

Pero  juzgar a la ligera a esos menores es incorrecto, porque son los más perjudicados con las molestias que provocan. Esa conducta infantil que se manifiesta de formas diferentes puede ser, según la ciencia, Hiperquinesia o Hiperactividad.

Son términos sinónimos, aunque algunos especialistas catalogan la hiperquinesia como un movimiento exagerado, mientras definen a la hiperactividad, como una gran intranquilidad.

Ambas pueden estar originadas por diversos trastornos, el más frecuente es el llamado Déficit de Atención (conocido por las siglas TDA). Este tiene dos síntomas: dificultad de concentración, el niño se distrae con frecuencia y no logra terminar sus tareas.

El otro es la intensa movilidad, con una actividad apreciable desde los primeros años de vida, en todos los lugares: casa, escuela, en las visitas y paseos, el menor está activo todo el tiempo. Casi siempre estos síntomas se presentan juntos.

Los especialistas mencionan también la impulsividad como un tercer síntoma; el niño hace cosas sin reflexionar y se expone a accidentes y equivocaciones.

Especialistas infantiles plantean que el TDA es provocado por una deficiencia de ciertos neurotransmisores que se encargan de funciones como atender, procesar información, controlar los impulsos, memorizar y, también de las funciones motrices y psíquicas.
Otra de las causas que provocan la hiperquinesia son los ambientes escolares, familiares y sociales poco estimulantes y desorganizados. El TDA también puede ser causado por alteraciones orgánicas cerebrales o alguna enfermedad mental.

Los niños son inquietos por naturaleza, por eso no debe confundirse esa “inquietud” como causa de un trastorno. La diferencia está en que los menores hiperquinéticos poseen energías desbordantes.

El comportamiento de los infantes se caracteriza porque están en constante movimiento, hacen ruidos, corren sin parar, no se sientan o detienen a ver la televisión, no temen al peligro, y presentan, por tanto, dificultades en su conducta.

Este síntoma que se diagnostica generalmente entre los cuatro y nueve años de edad, a veces desaparece. En la medida en que los niños crecen y se desarrollan, van adquiriendo madurez y una mayor organización en su manera de comportarse.

En general, los menores hiperquinéticos presentan dificultades en su rendimiento escolar y su vida social. Como no atiende, es imposible que pueda aprender. Los maestros, familiares y amigos se quejan de su conducta.

Para diagnosticar el TDA se requieren varias pruebas, entre ellas, examen neurológico, electroencefalograma y una historia clínica detallada que valorarán diversos especialistas.

Una vez establecido el diagnóstico, tanto los pediatras, como psicólogos o psiquiatras infantiles, encargados de ofrecerles atención, indican la terapéutica requerida, de acuerdo con el trastorno que dio origen a la hiperquinesia.

Los tratamientos son multifactoriales y las prescripciones abarcan a la familia, a su medio escolar y entorno social.

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