Salud

Ese ruidito, ese goteo, ¡me van a enloquecer!

De ese modo se manifiestan las personas que padecen misofonía, un padecimiento que se caracteriza por la hipersensibilidad a sonidos cotidianos específicos

Misofonía
Misofonía |

Redacción Central |

El desarrollo de la tecnología ha dotado a la sociedad moderna de muchos equipos y accesorios que hacen la vida  más cómoda, pero la vuelven un poco más ruidosa cuando no se regula o dosifica su uso.

En la actualidad, hay individuos  que molestan a otros con su algarabía, pues la tendencia en numerosos lugares es hablar a viva voz, escuchar los equipos de música con un volumen por encima de lo permitido y eso afecta la salud de muchas personas.

Estas son hipersensibles a “los ruiditos”, sufren al oír sonidos insignificantes para unos, pero insoportables para ellas, como el goteo de agua de una llave, el carraspeo de garganta, masticar sonoramente un chicle y hasta las vocecitas agudas de los niños.

Esas personas con seguridad padecen misofonía (miso = odio al, y fonía = sonido), que según la literatura médica se define como: Síndrome de sensibilidad selectiva al sonido.

De acuerdo a varios otorrinolaringólogos, esta es una respuesta desproporcionadamente intensa del sistema nervioso autónomo y el sistema límbico, a ciertos sonidos considerados normales, con una hiperactivación anormal del sistema auditivo.

Indican que a veces este malestar se produce cuando los retumbos tienen una intensidad de alrededor de 40 a 50 decibeles, por debajo de una conversación estimada como normal.

La misofonía se reconoció como enfermedad en la última década del siglo pasado y sus síntomas suelen aparecer al final de la infancia, aunque no se descarta su debut a cualquier edad.

Es habitual que la primera vez, la reacción la desencadene una resonancia específica y posteriormente, se le vayan incorporando más ruiditos detonantes, tanto en el ámbito de la escuela, casa o trabajo, como en los exteriores.

Las manifestaciones que experimentan quienes la padecen puede ser de estrés, ansiedad, en ocasiones ira extrema, e incluso pánico. Algunos enfermos tratan de enfrentar los ecos detonantes del mal, enmascarándolos con música.

Según los especialistas, dependiendo de  la  gravedad, sus consecuencias pueden afectar las relaciones personales, actividades sociales, algunos hasta abandonan (casa, trabajo, etc), de donde proviene el sonido que los perturba.

Indican que por desconocimiento, a estos enfermos se les tilda de histéricos e hipersensibles, por ello se recomienda que ante los síntomas, acudan al médico para que pueda diagnosticar la condición, y probar que no es un invento de la persona.

Existen distintos tipos de tratamiento, como las terapias de reentrenamiento del tinnitus y la cognitivo-conductual, que aunque no curan la enfermedad, si ayudan a estos pacientes a tolerarla mejor, también mejoran si hablan de esto con otras personas.

Un estudio sobre el padecimiento publicado en la revista Current Biology corrobora que las personas con misofonía, cuando son escuchadas y entendidas, pueden sentirse aliviadas, pues esa relación les resulta de gran ayuda.

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