presidente socialista francés, François Hollande, toma el timón de un país que recién emerge de las vacaciones de julio y agosto y se asoma a la realidad de las cifras negativas: Francia conoció esta semana la tasa de desempleo. Oficialmente, en el país hay tres millones de desempleados. El contexto es tanto más agudo cuanto que la mayoría socialista tiene que gestionar la crisis europea, calmar las demandas de ala izquierda y de los sindicatos que le reprochan al gobierno su lentitud, los recortes y el incumplimiento de varias promesas. En ese juego se mete el sector empresario, que apunta sus armas contra el aumento de los impuestos y, desde luego, los medios.
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