Opinión

Daniel Ortega 12 años después

Daniel decidió gobernar para todos y así ganarse a la gran mayoría de los nicaragüenses

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Daniel Ortega 12 años después |

Moisés Absalón Pastora |

El pasado 5 de noviembre el partido de gobierno, el FSLN, hizo una retrospectiva de su retorno al poder cuando 12 años atrás su líder, Daniel Ortega, vencía a un liberalismo dividido por su arrogancia y vencido por un egoísmo fatal a prueba de todo lo que intentara unirlos para enfrentar al candidato rojo y negro que basó su campaña en la paz y la reconciliación mientras sus adversarios se sangraban entre sí para ver quién era más ofensivo contra el sandinismo.

Todo eso no me lo contaron, lo viví porque estuve ahí y fui parte de eso y no como periodista, sino como parte activa de un PLC que aspiraba a un tercer mandato consecutivo con José Rizo, pero que llegó a las elecciones partido por una disidencia que hizo su propio muñeco con un Eduardo Montealegre que era la cara bonita de los norteamericanos al que apoyaron y defendieron tanto que embajadores de ese país como la Bárbara Calandra Moor y el tristemente célebre Paul Trivelli, hicieron hasta de jefes de campaña de un liberalismo al que hundieron.

Aquellas elecciones donde las encuestas predecían la victoria de Daniel Ortega sobre un liberalismo que terminó suicidándose, nos arrebató a muchos la tranquilidad y trajo a nuestra memoria escenas idas que en la década de los ochenta alimentaron la guerra fratricida y por supuesto uno de esos fui yo. Daniel Ortega ganó aquella elección y retomó el poder porque pidió perdón por los errores cometidos en el pasado, porque fue capaz de hacer propuestas posibles mientras nosotros, sus enemigos acérrimos, nos despedazábamos, permitiendo por nuestras propias actitudes, que una gran parte de gente que creíamos del lado de los bandos liberales optaran por un cambio y votaron a favor de Daniel Ortega porque se hartaron de continuar con una historia repetida donde lo que siempre resaltó fue el conflicto entre sus políticos.

Yo asumo con responsabilidad mis actos y sé que por haber sido hasta hace unos años un enemigo de Daniel Ortega y seguramente su más grande crítico radiofónico, hay quienes me dicen camaleón, sapo, vendido, mercenario o cualquier concepto que indique que vendí mi conciencia porque no digieren que hoy sea aliado del FSLN.

Ninguno de esos epítetos me quita el sueño porque lo que sí me afectaría es que me dijesen ladrón, corrupto, vulgar, patán, mentiroso, sinvergüenza o mal agradecido algo que de pronto se convirtió en una pandemia en quienes de liberales solo tienen el mote.

Cuando decidí abandonar el PLC por razones que no vienen al caso mencionar me mantuve desactivado de toda estructura política a lo largo de cuatro años, dedicándome al periodismo, opinando en televisión y escribiendo en los diarios impulsado ya no por mi condición de opositor al Frente Sandinista sino estimulado por el cambio, por la transformación de todo un país, que comenzaba a validar que el concepto de Cristianismo, Solidaridad y Socialismo no eran un cliché, sino una filosofía aplicada a una democracia integral humanizada que generaba mágicamente puntos de encuentros entre actores que eran como el agua y el aceite como por ejemplo su apertura paulatina, hasta hacerla amplia y efectiva con los “contras”, el haber acabado con la lucha de clases y juntar en una visión tripartita a los trabajadores y a los empresarios.

Con esas características me llegó el 2016 y para entonces aquel corazón duro de quien les habla, que ya había sido tocado por Jesucristo, algo que, por supuesto cambió la visión que de la vida tenía, miraba un enorme progreso por todo el país, aplaudía el rumbo económico que se le daba a la nación y me enorgullecía escuchar a los organismos internacionales alabar nuestro crecimiento y desarrollo y empecé a ver el surgimiento de nuestros potenciales turísticos, las carreteras de primer mundo, los pasos a desnivel, los hospitales, los centros educativos, las estructuras deportivas, las ferias, cómo a la gente que se le caía la casita o se le incendiaba e inmediatamente era acuerpada, cómo los bonos sociales le ayudaban a las personas y se atendía a mucha gente que sin poder ser tratada por un seguro médico o el sistema de salud era enviada afuera para salvarle la vida, es decir Daniel Ortega hizo lo que los liberales no pudimos desde el poder, mientras él decidió gobernar para todos y así ganarse a la gran mayoría de los nicaragüenses, el liberalismo o cualquier expresión política que pretenda representar al oposicionismo sigue en lo mismo perdiéndose en contradicciones de las que no pueden salir.

Una máxima política sostiene que el ejercicio del poder con el tiempo se desgasta y efectivamente pasa, pero no es el caso de Daniel Ortega que ha ganado, incluida la del 2006 tres elecciones, aunque tras cada una sus adversarios nunca fueron capaces de reconocer sus derrotas sino que prefirieron el camino corto de la descalificación per se ante la imposibilidad de batirse con un partido que como el FSLN sí había hecho desde el poder, sí estaba organizado y sí es una maquinaria para ganar elecciones.

Como liberal doctrinario soy revolucionario. Me gusta la dinámica del avance y la transformación. Creo que un país empobrecido como el nuestro por la politiquería mereció siempre seguir el curso que traíamos hasta antes del 18 de abril que los enemigos viscerales de Daniel Ortega se confabularon con el imperio para tumbárselo a través de un golpe contra el estado, porque por la vía electoral, que es el único camino, no pueden tal como están y como parece seguirán y no pueden porque el guion que se aplicó en otros países aquí no funcionó y por eso aquello que decían que era una mesa de rendición y que Daniel Ortega se iba, resultó otra cosa.

Se enredaron porque Daniel Ortega se quedó y los que se fueron son otros y no tengo duda de que, si esto le hubiese pasado a Violeta Chamorro, a Arnoldo Alemán o Enrique Bolaños, hubieran durado en el poder lo que una cucaracha en un gallinero. Daniel Ortega logró sostenerse en el poder por lo que hizo a lo largo de los últimos 12 años, porque hasta el 18 de abril, gobernando en paz, había logrado concebir la revolución gestada en 1979 y eso se lo reconoció el ciudadano que después de sentirse utilizado y engañado por los golpistas se dio cuenta del inmenso daño que la politiquería le hizo al país.

Es tan grande la transformación que de la estructura nacional hizo Daniel Ortega y de la profundización social y humana que aplicó en sus decisiones que ni el poder de las mentiras, producidas por sus enemigos internos y externos, lograron hacer pestañar ni al ejército, ni a la policía, ni a ninguno de los poderes del estado y menos a un pueblo sandinista que le fue leal y agradecido y que ahora está alerta para que no le vuelvan a poner tranques, ni lo vuelvan a asesinar, ni torturar, ni ver sus bienes quemados, ni sus hogares e hijos amenazados.

Hoy por hoy la realidad nos dice que 12 años después de haber retornado Daniel Ortega al poder, este enfrenta nuevos retos y circunstancias sobre las cuales hilar muy fino y con mucha delicadeza y como mandatario y líder que es debe llenarse de sabiduría, paciencia y tolerancia para recomponer el estado actual de la nación.

Si el golpismo tuvo éxito en ésta asonada terrorista pagada por Estados Unidos y ejecutada por sus lacayos nacionales, es que logró unir a un sandinismo que por acostumbrarse a gobernar en paz se durmió en sus laureles y nunca imaginó hasta donde podía llegar el odio de las gárgolas. Ese pueblo sandinista que como marejada multitudinaria se mueve al momento de cualquier llamado de su organización no está marchando porque sea llevado como borrego, seria masoquista aquel que después de haber pateado tantos kilómetros tras una y otra marcha, no solo pida otra, sino que va brincando, cantando, riéndose, bailando y en una camaradería que habla de la unidad de sus propósitos y que está ahí en defensa de la causa del progreso y del desarrollo que el político tradicional únicamente sería capaz de recetarlo para él mismo.

Agarrado de la mano de ese pueblo el Presidente Constitucional Daniel Ortega debe conducir al país bajo lo que expresamente dice la constitucional y llevarnos a un nuevo proceso electoral que sea el que decida quien gobierne esta nación. En el antes sin embargo hay que seguir creando todos los espacios posibles que puedan surgir del espíritu de la paz y la reconciliación porque en esa misma medida el Presidente Ortega y su esposa Rosario Murillo, tendrán en sus manos el cómo demostrar que con voluntad y determinación se puede vencer al mal y así continuar más allá de estos doce años levantando al país, en esta coyuntura como el ave fénix, levantando el vuelo desde la ceniza que dejó el golpe terrorista contra el estado.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA
mem

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