Opinión

La confesión obispal

La iglesia católica nunca se ofreció para ser la solución al conflicto

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La confesión obispal |

Moisés Absalón Pastora |

Seis meses después que los odios fueran no solo liberados y bendecidos por algunos obispos de la iglesia católica nicaragüense, junto a sacerdotes, tal vez no tan prominentes, pero que usaron los templos como cuarteles y ellos mismos actuaran como sargentones de aquella explosión terrorista que nos estalló el 18 de abril, las puertas de la Catedral de Managua se abrieron para “celebrar o conmemorar” lo que para el país y la inmensa mayoría de sus ciudadanos representó el impacto de tres huracanes Mitch juntos, no solo para la economía, sino para la paz, la reconciliación, la moral colectiva de la nación y el dolor para muchas familias que perdieron a sus seres queridos, la gran mayoría de ellas familias sandinistas.

Es un crimen contra la cristiandad, es una ofensa para la fe de aquellos que aún son católicos conmemorizar actos criminales que bañaron de sangre al país y hoy nos condenan a un atraso que nos impone volver a luchar, volver a empezar, pero que no revive a los que ya no están.

Siempre he sido categórico en mis juicios, a lo mejor pueda estar equivocado porque mi verdad como la de todos no es absoluta, pero siempre he querido ser preciso y claro en lo que expongo porque me mueve el más alto interés nacional y dado que muchas veces las circunstancias me han ubicado como parte de coyunturas históricas de las que he aprendido mucho, sobre todo a percibir, me atrevo a afirmar que algunos obispos de la iglesia católica de Nicaragua son la causa del mal causado y estamos hoy como estamos por ellos y en consecuencia me parece absurdo, irracional y contraproducente para el mismo interés de la iglesia, que su altar mayor y su púlpito se usen hasta para celebrar que hubo tortura, que hubo sangre, que hubo muertos, que hubo saqueos, robos, secuestros, violaciones y toda la gama de delitos por los cuales empiezan a pagar criminales donde aún no hay hombres disfrazados con sotanas que alguna vez creyeron ser sacerdotes.

¿Cómo entender que obispos y sacerdotes hagan de tanta tragedia santificada por ellos una celebración o la pinten de conmemoración si al final ellos fueron los victimarios del terror desatado?

Todo, cuando está más claro que el agua, tiene una respuesta y no hay que perderse y lo que se hizo al país no fue obra de la casualidad ni de los imponderables, fue algo perversa y maquiavélicamente diseñado por una mente posesa de odio que con un alto interés político contaminó la institución que dice representar y que para no quedarse solo, en tan macabra misión, involucró a Abelardo Mata, que viene soñando con alzados en armas y con guerras desde hace mucho tiempo y que haciendo honor a su nombre amenazó de muerte al presidente de la república y también esa mente diabólica penetró Rolando Álvarez, el más joven de la conferencia episcopal pero el más ambicioso de todos y que desde su juvenil y casi imberbe experiencia clerical poco le faltó para ponerse una sotana camuflada y sustituir el báculo por el fusil y cambiar la mitra por la boina verde de las fuerzas élites de los marines imperiales.

Un alto empresario del país comentaba a otro recientemente que la solución a los problemas de Nicaragua era tan simple como que el estorbo era la iglesia católica pero que lamentablemente esta insistía en que toda solución pasaba por ella.

La iglesia católica nunca se ofreció para ser la solución al conflicto que ella, a través de sus obispos, a la cabeza Silvio Báez, el ideólogo de la barbarie, creó. Algunos de sus obispos, dispuestos a probar que eran los más testitulados de Nicaragua, se ofrecieron falsamente como mediadores y testigos para cerciorarse de que el rottweiler que habían criado y entrenado tuviera la suficiente rabia para que una vez que se pegara a la yugular de su víctima no lo soltara hasta dejarlo totalmente muerto.

El papel que el imperio le encomendó a Silvio Báez, que desde su retorno del Vaticano de donde nunca debió salir, fue la de construir, diseñar y dirigir un proyecto político pintado de azul y blanco para teñir de rojo a una Nicaragua que fue severamente golpeada y que hoy reclama justicia no solo para los que estuvieron en los tranques como tontos útiles de algunos obispos sino que justicia aplicada para individuos como Silvio Báez que es la estrella de la semana al ser expuesto en un audio filtrado donde habla del rol descarado que tenían en el fallido diálogo, el interés estratégico de mantener los tranques y de que efectivamente ellos eran los padres del golpe.

Leopoldo Brenes, además de ser Cardenal de la Iglesia Católica de Nicaragua, Arzobispo de Managua y Presidente de la Conferencia Episcopal, tras este descomunal escándalo que envuelve a parte de su clero, no puede de ninguna manera salirnos con el cuentecito de que en la iglesia son un solo cuerpo y si le tocan a uno los tocan a todos. Aquí hay más de aquello que dicen que me dijeron y que termina en cuecho, en decires, aquí hay más que especulaciones, aquí hay una prueba irrefutable, concisa y precisa que demanda la atención de la jerarquía católica porque los salpica y porque están en la obligación moral de aclarar cómo es eso de que supuestos hombres de Dios hayan empuñado intelectualmente la espada del odio para lanzarse a destruir al país.

A Leopoldo Brenes le corresponde dar la cara en este asunto. Este no es un tema que está en tela de dudas, sobre si es o no es, no es un elemento de debate, no es cuchara que quieran chupar otros obispos que igual que Báez han incurrido en delitos para decir que esto es una campaña montada en la que alguien imita la voz del que por su propia voz muere o que quien lo hizo es intachable y que por lo tanto no hay que decir nada.

Lo que nos ocupa es un asunto sumamente delicado, esta es una cuestión política envuelta en sangre, demoníacamente planificada, que estremeció al país y que demanda la exigencia de que quienes no tienen autoridad moral para proclamarse la conciencia espiritual de los nicaragüenses se aparten, porque como lo dije antes aquí hay obispos hasta con dos hijos, aquí hay monseñores que tienen hasta dos amantes, aquí hay triángulos pasionales que terminaron en muertes que aún están en el limbo, aquí hay reclamos a la más alta autoridad eclesial en Nicaragua por denuncias que se hicieron contra determinados sacerdotes que abusaron de menores y fueron protegidos y en consecuencia el clero católico en nuestro país no solo no escapa al escándalo internacional que sacude a la iglesia y por el cual ya dos sacerdotes se han suicidado, sino que además el nuestro está involucrado ahora en una conflagración terrorista para derrocar a un gobierno legítimamente electo.

En esto la Nunciatura Apostólica no puede quedarse al margen, Stanislaw Waldemar Sommertag, representante del Papa Francisco debe tomar cartas en el asunto porque esto no es solo un problema que tiene que ver con un estado con el cual el Vaticano tiene relaciones diplomáticas, sino un escándalo más que ya resuena internacionalmente donde altos jerarcas de sotana se ven involucrados.

La iglesia católica de Nicaragua continua en caída libre buscando el suelo para terminar de estrellarse, aunque no tengo certeza si desprendido de este audio ya no haya más que decir para comprobar cómo estos obispos, a la cabeza Silvio Báez, pudieron ser capaces de tanta saña, pues seguramente nos enteraremos de muchas cosas más que obligará a la justicia a actuar sin consideraciones pues hasta hoy además de Silvio Baez, Juan Abelardo Mata, Rolando Álvarez y otros sacerdotes de menor rango están metidos de pie a cabeza en tenebrosos asuntos que podrán ser de Satanás pero no de Dios.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
mem

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