Opinión

El Gobierno de Carlos Alvarado: Desde la oscuridad de la casa pretende ser candil de la calle

Lamentamos profundamente que el Ministerio de Relaciones y el Presidente Alvarado se hayan convertido en voceros del monopolio mediático que sirve a los propósitos injerencistas de imperialismo, exacerbados ahora por su propia crisis económica, política y moral

Humberto Vargas Carbonell
Humberto Vargas Carbonell |

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El Partido Vanguardia Popular a lo largo de su historia ha dado pruebas de ser un aguerrido defensor de la soberanía nacional y ha exigido el respeto al derecho a la autodeterminación de la nación costarricense.

No somos ni seremos jamás nacionalistas chovinistas, por eso estamos convencidos de que con el mismo vigor conque defendemos lo nuestro debemos respetar los derechos de todos los pueblos de la tierra, en tanto no se menoscaben los nuestros.

Por esas mismas razones nos parece inaceptable y absurda la intromisión del Presidente Alvarado y de la Ministra Campbell en asuntos que son de competencia exclusiva del Gobierno de Nicaragua.

Estamos seguros de que las inopinadas afirmaciones de esos funcionarios, están muy lejos de la realidad de ese país y que no tienen otro propósito, más que servir de voceros de la conspiración imperialista contra el pueblo hermano.

Cuando escribimos estas líneas el ciudadano costarricense, Allan Cordero Ocón—nacido en Nicaragua—está libre. Seguramente que otros que fueron detenidos en su compañía están ahora en la misma condición.

Lamentamos profundamente que el Ministerio de Relaciones y el Presidente Alvarado se hayan convertido en voceros del monopolio mediático que sirve a los propósitos injerencistas de imperialismo, exacerbados ahora por su propia crisis económica, política y moral.

Obviamente el pueblo de Nicaragua quiere vivir en paz y busca activamente la reconciliación de todas las tendencias políticas democráticas, independientes y decentes.

Nadie puede obligar a un gobierno democrático a entenderse y, mucho menos, a rendirse ante una banda de violentos facinerosos  que cometieron gravísimos crímenes, muchos homicidios, incendios y destrucción de bienes públicos. La mayoría de ellos mercenarios pagados por el imperio y la gran burguesía.

Los costarricenses tenemos nuestros propios problemas y debemos resolverlos nosotros, según nuestras convicciones y en obediencia a la voluntad popular.

Actualmente tenemos un enorme conflicto provocado por el intento de descargar sobre los hombros de los trabajadores los efectos de la mala administración burguesa y del robo permanente de los corruptos.

El Presidente Alvarado se ha negado rotundamente a conversar con los huelguistas.

El Defensor de los Habitantes ha declarado hoy mismo, en el diario La Extra, lo siguiente: “Pensar que Costa Rica hace 20 años era el país más igual en América Latina y hoy, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), somos una de las naciones más desiguales del mundo, eso implica que hay algo que no estamos haciendo correctamente”. ¿Qué significará hacerlo correctamente? Esto lo saben los huelguistas, pero el Presidente Alvarado no lo conoce ni por asomo.

Los tugurios crecen en todo el país, la economía campesina está casi destruida, el dolor humano cunde como una mala hierba, los monopolios agrícolas y comerciales han desgarrado brutalmente el tejido social. El entreguismo nos ha convertido en una semicolonia yanqui. Crece el lumpen y las mafias que han puesto bajo su servicio a algunos de los más pobres. Agreguemos que más de un millón de compatriotas están dedicados a actividades informales y que más de la mitad de los asalariados ganan menos del salario mínimo.

En este mundo signado por la más brutal injusticia social, sufrimos un gobierno que cuando busca una solución camina a tuertas y mira solo hacia la derecha.

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