Opinión

Sobre el pronunciamiento del COSEP

La crisis política la viven y la tienen aquellos que no son capaces de abrazar la tolerancia

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Moisés Absalón Pastora |

Moisés Absalón Pastora |

Leída la más reciente epístola del COSEP me queda la imagen de quien se lava las manos para retornar al punto aquel que nunca debieron abandonar, el diálogo, y justificar la actuación asumida cuando apostaron a ser parte del golpe fallido para destruir, contra toda lógica y razón, la economía del país.

El COSEP y quienes lo representan nunca van a aceptar que hay un justificado malestar interno por el daño que económicamente se hizo a la gremialidad y que desde sus diferentes cámaras hay expresiones claras de insatisfacción contra quienes nunca fueron autorizados a decir en la fracasada mesa del diálogo nacional que la economía no era importante, que por lo que estaban ahí era para acordar la salida de Daniel Ortega y el que más se empinaba para decirlo era el bravuconcito de Michael Healy, que con los ojos desorbitados por el odio, trataba de venderse como el líder de aquella gran conflagración, pues recuerdo aun su pose y andar candidatural aunque por supuesto ahora no asome la cabeza por ningún lado.

El COSEP desde su arranque asume una posición excluyente de los resultados y avances económicos del país hasta antes del 18 de abril cuando roba para sí el pastel del crecimiento y desarrollo cuando deja por fuera a los trabajadores, a las pequeñas y medianas empresas y se le olvida de quien fue el gran facilitador en esa exitosa alianza.

A reglón seguido invoca como imprescindible acompañar la estabilidad económica con la estabilidad política como que si lo que nos impusieron hoy es mejor que lo que teníamos antes, como si la obra macabra de nuestros días, nos estuviera dando los resultados satisfactorios que los organismos internacionales nos proyectaban para este año.

Se lamentan, dicen, porque el país atraviesa la mayor crisis de los últimos años, con profundas repercusiones económicas y sociales que amenazan el futuro y presente de la nación. ¿Se lamentan? Será que nos lamentamos los que realmente sufrimos lo que ellos hicieron, porque ellos son un ingrediente fundamental del pastel podrido que al final quemaron en el horno.

Cómo nos van a venir a decir que les duele la pérdida de vidas humanas si en el diálogo nacional nos quedamos sin saliva diciéndoles que quitaran los tranques, que quitaran las barricadas porque eran el origen de la violencia, del odio, de la tortura, del secuestro y los asesinatos y lo único que recibimos por respuesta es que ahí es donde ellos eran fuertes y en consecuencia no se quitaban hasta que se fuera Daniel Ortega.

Dicen que una vida es demasiado costo a pagar, pero a toda cifra abultada por parte de sus socios en el golpe fallido le sacan millaje, porque cada muerto que surge les resulta un motivo más para expresarse políticamente y tienen seguramente derecho a hacerlo, pero a lo que no tienen derecho es a hacerlo desde el ropaje de supuestos empresarios porque es cuando comienza a arrogarse representaciones que no tienen ni comparten otros empresarios, que por patriotas mantienen amenazados, con expulsarlos del COSEP, lo que al final les resultará como tiro por la culata, porque ahora el Consejo Superior de la Empresa Privada se convirtió en un cuartel, en una punta de lanza para herir al país y abandonar el desarrollo e imponer el atraso.

Fundamentan los altos dirigentes del COSEP en esta cruzada de odio y violencia en la que están metidos de cabeza que lo que hacen es porque antes estuvieron equivocados y así se la pasaron casi diez años y seguramente tienen razón porque antes hacían negocios en un ambiente de paz, porque antes tenían estabilidad y seguridad y lo que hoy tenemos no lo generó nadie desde la esfera gubernamental sino aquellos que desde el COSEP y como empleados del gran capital enredaron a sus empleadores, porque al final la gran mayoría de los directivos del COSEP no tienen nada que perder porque son empresarios de maletín.

Hablan que la Nicaragua de hoy está vinculada a las graves violaciones a los derechos humanos en el marco de las protestas “sociales” y tienen razón porque eso es lo que generó la mal llamada Alianza Cívica de la que son parte, porque antes del 18 de abril aquí no conocíamos del horror y el espanto que secuestró y torturó gentes en los tranques, que detuvo, desnudó y mató a ciudadanos por ser sandinistas y jamás escuchamos del COSEP una sola línea que llamara a sus camaradas del MRS que detuvieran el crimen.

Nos llaman a no olvidar que han sido las crisis políticas las que han afectado al país y que por ello vivimos en una Nicaragua empobrecida, desigual e inestable. La crisis política la viven y la tienen aquellos que no son capaces de abrazar la tolerancia, los que viven desde sus fachadas partidarias como perros y gatos, y como cada quien se cree más que el otro, son incapaces de unirse para competir con el actual partido de gobierno y entonces corren donde el Tío Sam para que los ponga en el poder y esa realidad es la que nos tiene como estamos, lamentando que la desigualdad gane otra vez terreno gracias a la inestabilidad que hipócritamente soslaya el COSEP en su último comunicado.

Los empleados del gran capital en el COSEP nos quieren dar cátedra para que seamos capaces de conferir valor al diálogo, pero ellos se levantaron del diálogo que trataba las reformas al INSS, reformas de las que ahora nadie habla y fueron ellos los que se levantaron del llamado diálogo nacional que con la bendición de algunos obispos se convirtió en una mesa de insultos y de vulgaridades porque se estrellaron con la responsabilidad y el sentido común.

El COSEP urge ahora al diálogo no porque a los representantes de cámaras les salga del corazón porque no les es negocio, sino porque sus jefes, los dueños del gran capital ahora sí se dan cuenta que los cantos de sirena a los que prestaron oídos los aturdieron y hoy quieren volver al lugar de donde nunca debieron haberse levantado para evitar esa estúpida y criminal actitud de lanzarse contra la economía, el desarrollo y la prosperidad de Nicaragua que continúan torpedeando cuando irresponsablemente llaman a paros que solo a ellos y a sus trabajadores afecta.

Neciamente el COSEP insiste en que se respeten las movilizaciones políticas como si nos las hicieran. Lo que más bien deberían decir es que el odio y el resentimiento cuando salga a las calles, no queme propiedades del pueblo, no agreda a los ciudadanos por ser sandinistas, no provoquen a gentes que ya aguantaron hasta lo indecible, por que, el Creador no lo permita, las cosas se salgan de sus cauces.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
mem

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